Migrantes resisten la inflación en EE.UU.

Ante el aumento de la inflación en Estados Unidos que está provocando el encarecimiento de productos y servicios, migrantes cambian su hábitos cotidianos de consumo para solventar la creciente alza en los precios

Jose Luis Sosa (de gris) con algunas amistades de Alabama.
Jose Luis Sosa (de gris) con algunas amistades de Alabama.
Foto: Luis Sosa / Cortesía

MEXICO.- Luis Sosa es uno de los testigos y víctimas de la inflación en Estados Unidos que continúa al alza. Se dio cuenta poco a poco, imperceptible hasta hace un par de meses que todo se le vino encima: el costo de alimentos, rentas, medicinas, transporte…

Sobre todo el transporte porque es un trabajador de la construcción que va de un lado a otro para remodelar casas  en Dunn, un poblado de Carolina del Norte, donde radica actualmente como emigrante del estado mexicano de Veracruz. 

El precio de la gasolina requiere más dinero para que él pueda mobilizarse tanto para trabajar como por razones de salud. 

“Las visitas al doctor… ya no son lo mismo”, comenta sobre el costo de ir hacia el consultorio y pagar su tratamiento para la diabetes.

Como consecuencia del aumento en los precios del petróleo en el mercado internacional, que superó los 120 dólares el barril este año, el precio de la gasolina en Estados Unidos subió, en promedio, 82.82% en lo que va del 2022.

En la Unión Americana, el precio del galón de gasolina pasó de los 2.28 dólares al empezar este año a 4.86 dólares más otros impuestos. Esto llevan al energético a niveles de 6.6 dólares en algunos estados.

Esta situación también repercutió en la capacidad de Luis Sosa para  apoyar a su familia que se quedó en Veracruz. Debido a que debe dedicar más dinero a gastos personales, ya no puede enviar las cantidades de antes. 

Desde el mes pasado he mandado menos”, advierte.

Los precios más altos por la inflación lo han llevado a cambiar sus hábitos cotidianos. “Antes salía a comer a restaurantes de dos a tres veces por semana, pero en días recientes ha tenido que acotar eso a una vez por semana, en el mejor de los casos”.

 Esto lo ha llevado también a cambiar sus hábitos de consumo, ha disminuido su compra de productos como golosinas o bebidas. 

Como una estrategia desesperada, Luis, de 45 años, buscó más trabajos para poder mantener su economía personal y continuar enviando algo dinero a sus familiares en Veracruz. 

“Gracias a Dios que sí hay mucho trabajo y con eso estoy compensando, pero no es lo mismo y eso que no tengo hijos que mantener”, advierte. “Ahora sólo tengo un día de descanso”.

El Banco de México registró en los primeros cinco meses del año un incremento récord en el envío de remesas. En el mes que se a las madres mexicanas tuvieron una suma de 5,172 millones de dólares, pero gente como Luis Sosa pone en la mira el futuro. ¿Disminuirán los envíos?

Un origen complicado: de la pandemia a la guerra

Como resultado de la invasión de Rusia a Ucrania tras la pandemia  y las sanciones que el primero de estos países recibió, el acceso a combustibles como el gas y el petróleo se ha dificultado en todo el mundo.

 Esto último ha llevado que las cadenas de transporte acrecienten su costo, lo cual, subsecuentemente, provoca se tenga que pagar más por ciertos productos. 

Esta relación de factores conduce a que la economía se asemeje a un círculo vicioso, porque los mayores precios provocan que sea más difícil tener acceso a bienes y servicios básicos, y a consumir menos productos por gusto o lujo. 

Esto provoca que muchas personas estén desincentivadas a gastar en otras cosas, lo cual lleva a que la economía nuevamente se encuentre estancada. 

Por ahora estoy gastando en lo más necesario, como dije, hasta estoy cocinando”, insiste Luis Sosa.

Ángel Olvera, analista del El Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, observa también  que el estado actual de la economía padece los efectos de la reducción de la oferta. 

Se puede explicar de la siguiente manera: el incremento de precios hace que otros productos y bienes se encarezcan. Este proceso inicia con que la producción de la materia prima aumenta; por consiguiente, esto afecta en los costos de la industria, de los servicios y, finalmente, en el bolsillo de los consumidores, sin importar el estrato socioeconómico al que pertenezcan. 

Los más perjudicados

No obstante, quienes se ven más afectados por este panorama son aquellas personas que tienen una menor capacidad adquisitiva. “Vas al súper y todo ha subido, uno o dos dólares más. Y si haces el conteo de todo, es bastante fuerte”, comenta Areli Viera vía Messenger desde San José.

Areli explica que, en el caso de California, la situación es bastante particular porque al mismo tiempo se tienen apoyos del gobierno en determinadas áreas se encuentran sin protección en otros. 

Por ejemplo, el salario mínimo ha crecido y se han dado ayudas de hasta 200 USD, pero eso no compensa el aumento de gasolina para los coches privados, que son lo que más usan los californianos porque el transporte público es ineficiente. 

Los aumentos en la gasolina local han sido de hasta el 48.7%; en la electricidad, del 12%. Incluso en los servicios que teóricamente los precios están protegidos, como la renta, aumentó el 6%. 

Estas variaciones en los pagos han provocado un daño en el tejido social. Areli explica que en muchos casos la renta, al subir de precio se volvió impagable en los últimos meses. “Hay mucha gente latina viviendo en los autos”. 

Esta mujer de 43 años, madre de dos niños, cuenta que recientemente su esposo se quedó desempleado en una bodega de papel y tuvo que volver al campo, donde gana menos. “Estamos comprando lo necesario. 

La decisión de la gente de no consumir ciertos servicios ha llevado a que ciertas industrias pierdan la capacidad de mantener contratada a toda su planta laboral. 

El analista Olvera cree que el único camino sería incentivar el consumo, la producción y el trabajo, antes que aplicar las recetas como poner reguladores, pero en los últimos días l a Reserva Federal de EEUU anunció el mayor aumento de las tasas de interés en casi 30 años.

“Ni soñar en una propiedad en estos tiempos”, reconoce Luis Sosa.

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