Fabricantes europeos, en alerta por aranceles de Trump
El arancel del 25% sobre los autos importados amenaza con alterar el equilibrio económico del sector a nivel mundial
Planta de Volkswagen en Argentina. Crédito: Volkswagen. Crédito: Cortesía
El regreso de una agenda económica centrada en el proteccionismo ha sacudido nuevamente al comercio internacional.
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Con Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos, una de sus decisiones más polémicas ha sido revivir un arancel del 25% a los automóviles importados.
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Esta medida, presentada bajo el argumento de proteger la industria automotriz nacional, ha despertado fuertes reacciones tanto dentro como fuera del país.
Más allá del debate político que ha desatado, las implicaciones económicas ya se perfilan como profundas.
Un informe reciente de Scope Rating analiza el posible impacto de este arancel sobre los principales grupos automovilísticos europeos, cuyos modelos tienen una fuerte dependencia del mercado estadounidense.
El análisis resalta que, pese a los rumores sobre posibles exenciones, el escenario actual obliga a las automotrices a replantear su estrategia comercial e industrial.
Las consecuencias no solo se reflejarán en los precios de venta, sino también en la forma en que estas compañías organizan su producción y distribución.
En ese contexto, Scope Rating identifica a cinco fabricantes como los más vulnerables ante la política arancelaria estadounidense: Stellantis, Volkswagen Group, BMW, Mercedes-Benz y Ferrari.
Stellantis: el más expuesto a la tormenta comercial
Stellantis, surgido de la fusión entre FCA y PSA, figura como el grupo más comprometido frente a la medida. Paradójicamente, aunque es dueño de marcas profundamente ligadas a la identidad automotriz estadounidense —como Jeep, RAM y Chrysler—, su estructura de producción no está completamente localizada dentro de EE.UU.

De acuerdo con Scope Rating, más del 40% de las ventas de Stellantis en 2024 provinieron del mercado estadounidense, lo cual demuestra su enorme dependencia del país.
La compañía recurre de forma intensiva a plantas en Canadá y México para abastecer a sus concesionarios norteamericanos, lo que la deja vulnerable frente a las nuevas restricciones arancelarias.
En términos prácticos, si no se aplican exenciones, buena parte de los modelos importados de estas plantas podrían enfrentar un encarecimiento inmediato de hasta el 25%, impactando en los precios al consumidor y en la competitividad frente a los fabricantes locales.
Volkswagen Group: alta presencia, impacto controlado
El segundo grupo más expuesto es Volkswagen, aunque en menor medida que Stellantis. Cerca del 21% de los ingresos de este gigante automotriz provienen de Estados Unidos.
La compañía también opera fábricas en México y Canadá, lo que la sitúa en una posición de riesgo medio ante la nueva política.
Volkswagen ha invertido en aumentar su capacidad de producción en Norteamérica, buscando mitigar los efectos de eventuales restricciones. Sin embargo, muchas unidades —especialmente de marcas como Audi y Porsche— siguen siendo exportadas directamente desde Europa, lo que las hace susceptibles a los aranceles.
A largo plazo, el grupo podría verse obligado a acelerar sus planes de localización industrial o trasladar parte del incremento de costes a los consumidores estadounidenses.
BMW y Mercedes-Benz: lujo con margen para resistir
Para las marcas premium alemanas como BMW y Mercedes-Benz, el impacto tiene matices distintos. Si bien la amenaza arancelaria también las alcanza, estas firmas cuentan con mayor margen de maniobra gracias al posicionamiento exclusivo de sus productos.
Scope Rating destaca que “estos fabricantes tienen mayor capacidad para trasladar los costes arancelarios a los clientes a través de precios más altos, dado que sus modelos ofrecen menos alternativas en el mercado”.
Aun así, no deja de ser un riesgo relevante. BMW obtiene aproximadamente una quinta parte de sus ingresos de Estados Unidos, mientras que Mercedes-Benz depende de ese mercado para una cuarta parte de su facturación global.
Por lo tanto, aunque el perfil de cliente de estas marcas pueda absorber parte del sobreprecio, no se descartan ajustes en la estrategia de distribución o incluso replanteamientos en la configuración de sus gamas.

Ferrari: una excepción que confirma la regla
El caso de Ferrari representa una situación atípica dentro del análisis. A pesar de que sus vehículos también son importados a Estados Unidos, la naturaleza exclusiva de su oferta permite a la marca italiana mantener su posicionamiento sin mayores sobresaltos.
Ferrari ha confirmado que ajustará los precios de sus vehículos para compensar el impacto del arancel. Según Scope Rating, “es probable que la firma italiana apenas note cambios, ya que sus coches seguirán teniendo una gran demanda”.
De hecho, la clientela de Ferrari —altamente concentrada en segmentos de lujo extremo— está acostumbrada a pagar primas adicionales por personalización, exclusividad y acceso a ediciones limitadas, lo que reduce la sensibilidad al precio.
Estrategias en marcha: mudanza o ajuste de precios
Ante este escenario, los fabricantes están obligados a tomar decisiones estratégicas de corto y mediano plazo.
Algunas marcas podrían acelerar el traslado de sus líneas de producción a territorio estadounidense para evitar los aranceles, una movida que implicaría inversiones millonarias pero también la posibilidad de mantenerse competitivos en uno de los mercados más importantes del mundo.
Otras firmas, en cambio, podrían optar por trasladar el coste al consumidor final. Esto implicaría un alza generalizada en los precios de modelos importados, con incrementos que podrían alcanzar los $5.000 dólares o incluso más, dependiendo del segmento.

Un ejecutivo de una de las marcas involucradas, bajo condición de anonimato, comentó: “La prioridad es proteger la rentabilidad sin perder volumen. Si hay que subir precios, lo haremos con inteligencia, priorizando modelos de alta rotación”.
Trump mantiene firme su discurso proteccionista
El presidente Donald Trump ha defendido reiteradamente la necesidad de proteger la industria automotriz estadounidense. Durante un mitin reciente en Michigan, afirmó: “No vamos a permitir que las empresas extranjeras destruyan nuestros empleos y cierren nuestras fábricas. Vamos a cobrarles un arancel justo por cada auto que no se construya aquí”.
Estas declaraciones refuerzan la idea de que los aranceles no son una herramienta coyuntural, sino parte de una estrategia de política industrial de largo aliento.
Aunque algunos sectores empresariales han presionado para obtener exenciones, hasta el momento la Casa Blanca no ha dado señales claras sobre flexibilizaciones, al menos en el corto plazo.
¿Qué pasará con el futuro del comercio automotor?
La medida arancelaria impuesta por el presidente Trump pone sobre la mesa una realidad ineludible: el comercio internacional de automóviles está entrando en una nueva fase de reconfiguración.
Los fabricantes europeos, que históricamente han disfrutado de acceso abierto al mercado estadounidense, deberán adaptarse rápidamente a un entorno más rígido y costoso.
Mientras tanto, la industria automotriz estadounidense podría beneficiarse de esta protección, pero también enfrentará el reto de mantener la competitividad sin depender de barreras arancelarias.
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