Menos aranceles y más autos: pacto EE.UU.-Japón
Estados Unidos ha reducido los aranceles para automóviles y autopartes japonesas, en un acuerdo que Trump calificó como "el más grande nunca conseguido"

Vienen sorpresas con el Toyota Corolla 2026. Crédito: Toyota. Crédito: Cortesía
En medio de tensiones globales por tarifas y comercio internacional, Estados Unidos y Japón han sellado un acuerdo que marca un giro importante en la relación bilateral, especialmente en el sector automotor.
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Tras semanas de intensas negociaciones y con una fecha límite impuesta por la administración de Donald Trump, ambas naciones acordaron reducir los aranceles sobre vehículos y repuestos japoneses del 25 % al 15 %, un recorte que busca dinamizar el intercambio sin comprometer los intereses estratégicos de la industria estadounidense.
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La noticia fue confirmada por el primer ministro japonés Shigeru Ishiba, quien aseguró que Japón es “el primer país del mundo en reducir los aranceles sobre los autos y los repuestos sin límite de volumen”.
Para la industria automotriz nipona, esto representa una ventana de acceso más amplia al mercado norteamericano, el segundo más importante del planeta en ventas de vehículos nuevos.
Trump celebra el pacto como “el más grande nunca conseguido”
Desde su red social Truth Social, el presidente Donald Trump no tardó en reaccionar al anuncio. Con su habitual estilo enfático, calificó el convenio como un “gigante, quizás el más grande nunca conseguido”.
Trump aseguró además que el acuerdo traerá consigo una inyección de $550,000 millones de dólares en inversiones japonesas hacia Estados Unidos, de las cuales, según sus palabras, “EE.UU. se quedará con el 90 % de las ganancias”.
El mandatario también afirmó que se crearán “miles de trabajos” gracias al tratado, y adelantó que el mercado japonés se abrirá aún más a los productos estadounidenses, incluyendo camiones, arroz y bienes agrícolas, aunque estos rubros no forman parte aún del acuerdo formalizado esta semana.
La presión por cerrar el trato fue intensa: la Casa Blanca había advertido que, de no llegar a un acuerdo antes del 1 de agosto, se aplicarían nuevos aranceles punitivos del 25 % sobre los automóviles japoneses, lo cual habría supuesto un duro golpe para marcas como Toyota, Honda, Mazda y Subaru, que dependen en gran parte del mercado estadounidense.
Solo autos y repuestos: otros sectores, aún en negociación
El alcance del acuerdo está limitado por ahora exclusivamente al segmento de automóviles y autopartes. Quedaron fuera sectores clave como el del acero y el aluminio, que continúan bajo una tarifa del 50 % impuesta por la administración Trump desde 2023.

El negociador japonés Ryosei Akazawa, enviado especial a Washington, confirmó esta exclusión al indicar que “las tarifas al acero y aluminio no estaban incluidas en el acuerdo”, lo que demuestra que, aunque las conversaciones fueron más amplias, se priorizó el sector automotor por su peso en la balanza comercial bilateral.
Japón ha sido históricamente uno de los principales proveedores de autos al mercado estadounidense, y solo en 2024 exportó vehículos por un valor de $40,760 millones de dólares a Estados Unidos.
A modo de comparación, las exportaciones estadounidenses de autos hacia Japón apenas alcanzaron los $2,000 millones de dólares, lo que refleja una relación comercial profundamente asimétrica que ha sido motivo de fricción durante años.
Reacciones mixtas: Wall Street aplaude, la industria duda
El anuncio provocó una inmediata reacción positiva en los mercados financieros. La bolsa de Tokio alcanzó sus niveles más altos del último año, y las acciones de fabricantes como Toyota, Mazda y Honda subieron entre un 11 % y un 17 % tras conocerse los detalles del acuerdo.
También en Estados Unidos se registró un leve repunte en los futuros bursátiles, ante la expectativa de que el pacto con Japón pueda ser el modelo para eventuales negociaciones similares con la Unión Europea o incluso con países como Corea del Sur y Canadá.
Sin embargo, no todos celebran el convenio. Voceros de la industria automotriz estadounidense han expresado su malestar por lo que consideran un trato preferencial a los fabricantes japoneses, que ingresarán al mercado con menores restricciones mientras las empresas locales enfrentan una competencia cada vez más agresiva y una demanda que no crece al mismo ritmo que en años anteriores.
“Estamos dando acceso más libre a productos que ya dominan nuestro mercado, sin que haya garantías reales de reciprocidad”, señaló un representante de la industria automotriz en Detroit que pidió mantener el anonimato.

¿Un primer paso hacia nuevos tratados?
El éxito de este acuerdo bilateral, tanto en términos políticos como económicos, abre la puerta para que la administración Trump inicie negociaciones similares con otras naciones clave en el comercio automotor.
La Unión Europea, por ejemplo, ha estado en la mira de Washington desde hace tiempo, especialmente por sus altos aranceles sobre ciertos productos estadounidenses.
También se espera que países con tratados de libre comercio en pausa o revisión, como Canadá o Corea del Sur, puedan volver a la mesa de negociación en busca de condiciones más favorables.
La estrategia de Trump parece apuntar a la reducción selectiva de barreras, condicionada a inversiones concretas y beneficios claros para la economía estadounidense.
Aunque los efectos del acuerdo en los precios de los autos importados desde Japón podrían tardar unos meses en sentirse, es probable que se traduzcan en una ligera baja de precios o en mayores promociones, especialmente en segmentos como los SUV compactos y los sedanes medianos, donde las marcas japonesas tienen una fuerte presencia.
Modelos populares como el Toyota Camry, Honda CR-V o Nissan Altima podrían beneficiarse de menores costos aduaneros, lo que permitiría a los concesionarios ofrecer condiciones más competitivas al consumidor final.
Sin embargo, también dependerá de cómo evolucionen otros factores, como las tasas de interés, el precio de los combustibles y las tensiones geopolíticas, que podrían contrarrestar o incluso anular cualquier ganancia de competitividad derivada del nuevo esquema arancelario.
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