Venezuela: Una historia real sobre el socialismo
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Venezuela ha vuelto a ser noticia, y no se trata simplemente de una crisis política, una tragedia humanitaria o una polémica historia de la semana. Es un caso de estudio real de lo que el socialismo le hace a una sociedad cuando el poder se concentra y la libertad se erosiona. Vale la pena analizar la lección más profunda y duradera que el país le ofrece al mundo.
Venezuela nos enseña una dura verdad: el socialismo promete igualdad, pero entrega dependencia. Promete justicia, pero produce pobreza y control. Promete mayor democracia, pero conduce a la opresión.
El colapso de la que alguna vez fué una de las naciones más prósperas de América Latina, no fue inevitable. Fue el resultado de un sistema político que centralizó el poder, controló los mercados, silenció la disidencia y reemplazó la oportunidad individual con la dependencia del gobierno.
Bajo el socialismo, el gobierno venezolano tomó el control de las industrias, impuso controles sobre los precios y trató a la empresa privada como una amenaza en lugar de un motor de crecimiento. La productividad colapsó. La inflación borró los ahorros. Los salarios perdieron sentido. El luchar en el trabajo dejó de ser recompensado, y la lealtad política se convirtió en el camino para sobrevivir. Cuando los gobiernos controlan las oportunidades, controlan tu vida, y la libertad desaparece.
Este sistema no solo dañó la economía; destruyó la movilidad social. La educación, el talento y el esfuerzo ya no se traducen en oportunidades. Las familias perdieron la capacidad de planificar, generar riqueza o transmitir estabilidad a la siguiente generación. Entre las lecciones perdurables: no se puede regular ni subsidiar el camino hacia la prosperidad.
El costo humano ha sido devastador. La escasez de alimentos, medicinas y servicios básicos se volvió algo rutinario. Millones huyeron de su patria, no por desastres naturales, sino porque una ideología fallida les arrebató la dignidad y la esperanza. El socialismo convirtió a los constructores en sobrevivientes y a los ciudadanos en dependientes.
Venezuela no fracasó por su gente. Fracasó por el socialismo.
La historia demuestra que el progreso humano requiere libertad. El sistema estadounidense, diseñado por los padres fundadores, se basa en una idea simple pero poderosa: el poder concentrado amenaza la libertad. Al limitar al gobierno, proteger los derechos de propiedad y fomentar la libre empresa, Estados Unidos creó un marco en el que el esfuerzo es recompensado y las ideas pueden convertirse en oportunidades.
Las personas —jóvenes y mayores, de todos los ámbitos de la vida— prosperan mejor en un sistema donde la libertad permite asumir riesgos, innovar y ser propietarios. La prosperidad crece cuando las personas son libres de crear, competir y construir. No se puede tener prosperidad sin libertad.
Venezuela sirve de advertencia y de recordatorio: la libertad impulsa el progreso.
Jeffrey Baldwin es el director de El Instituto LIBRE, una organización sin fines de lucro que involucra e informa a la comunidad hispana de los Estados Unidos sobre los beneficios de una sociedad libre y abierta, porque la libertad impulsa el progreso.
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