window._taboola = window._taboola || []; var taboola_id = 'mycodeimpremedia-laopinion'; _taboola.push({article:'auto'}); !function (e, f, u, i) { if (!document.getElementById(i)){ e.async = 1; e.src = u; e.id = i; f.parentNode.insertBefore(e, f); } }(document.createElement('script'), document.getElementsByTagName('script')[0], '//cdn.taboola.com/libtrc/'+ taboola_id +'/loader.js', 'tb_loader_script'); if(window.performance && typeof window.performance.mark == 'function') {window.performance.mark('tbl_ic');}

¿Qué tan peligrosas son las armas “no letales” de las autoridades?

Una experta advierte que llamar “menos letales” a balas de goma, gas lacrimógeno y otros dispositivos de control de multitudes es engañoso

En Los Ángeles, el Ayuntamiento aprobó por unanimidad hace dos semanas una propuesta para limitar el uso de armas menos letales.

En Los Ángeles, el Ayuntamiento aprobó por unanimidad hace dos semanas una propuesta para limitar el uso de armas menos letales. Crédito: AP

Fragmentos de metal y un trozo de plástico del tamaño de una moneda de cinco centavos permanecen incrustados en el cráneo de Kaden Rummler, tras recibir un disparo en el rostro por parte de un agente de seguridad nacional que utilizó munición clasificada por el propio departamento como “menos letal”, a pocos metros de distancia.

“Cuando me golpeó, no me di cuenta de lo que había pasado. Recuerdo que caí de rodillas y me cubrí la cabeza. Solo sentía una presión y un zumbido en los oídos”, recordó Rummler al hablar con KTLA. “Dijeron que era un milagro que hubiera sobrevivido”.

El incidente ocurrió el viernes 9 de enero, cuando se llevó a cabo una vigilia y protesta afuera del edificio federal de Santa Ana, en la que se denunciaba él abusó de poder y el asesinato de Renee Nicole Good por parte de un agente de inmigración en Minneapolis.

La protesta fue una de varias que se intensificaron y, en consecuencia, aumentaron la preocupación por los efectos del uso excesivo de tácticas para reprimir y dispersar manifestantes. Esas mismas tácticas —que incluyen gas lacrimógeno, balas de goma y otros dispositivos— no se emplearon sólo en Minnesota, sino también en Los Ángeles y Santa Ana, donde han causado lesiones a participantes como Rummler.

La doctora Rohini Haar, quien es médica de urgencias y ejerce en Oakland, California, pero también asesora médica de Médicos por los Derechos Humanos y profesora de la Universidad de California, Berkeley, dice que llamar a las tácticas usadas por policías y agentes federales como “menos letales” es peligroso, ya que un golpe con cualquiera de sus municiones podría acabar con la vida de alguien.

“El peligro y los riesgos para la salud están realmente relacionados en cómo se utilizan y sobre quién”, dijo Haar. “Durante más de 30 años de investigación, hemos analizado revisiones bibliográficas y evaluaciones. Estos irritantes químicos pueden dañar cualquier parte del cuerpo, desde los ojos, hasta numerosas lesiones cutáneas, pulmonares y mucosas en la boca y otras partes”.

Manifestantes huyen de las tácticas de dispersión durante una protesta contra ICE en Santa Ana
Crédito: Janette Villafana | Impremedia

Haar lleva investigando las armas de control de multitudes desde 2014 y fue la autora principal del reportaje titulado “Lethal in Disguise” (Letal disfrazado). El informe describe los efectos sobre la salud de las armas de control de multitudes. Entre ellas se incluyen el gas lacrimógeno, las balas o proyectiles de goma, los cañones sónicos, los cañones de agua y otras similares.

Cuando le preguntamos sobre el tipo de químicos que se encuentran en algunas municiones utilidades por oficiales, ella mencionó el uso del gas CS que en realidad es un tipo de polvo. Describió que cuando ese polvo entra en contacto con la piel se disuelve en la humedad de esa parte del cuerpo y causa irritación y dolor, al respirar provoca una tos que manifestantes han reportado tener durante una semana después de inhalarla. También el uso de proyectiles de gas lacrimógeno que se ha usado en varias protestas, como donde perdió la vida el periodista Rubén Salazar durante cubertura de las manifestaciones en 1970.

Algo que se sigue viendo en algunos videos de las protestas que iniciaron en junio en Los Ángeles y Santa Ana, es a los manifestantes tosiendo, mientras otros corren para protegerse de los químicos, balas de goma y proyectiles de gas lacrimógeno.

“Lo que hemos aprendido es que las versiones siliconadas pueden durar más tiempo porque no se disipan fácilmente en el aire. Además, se sabe que existen versiones más potentes, como el gas CR y el CX”, explicó Haar. “El problema es que casi no hay regulación sobre estos agentes antidisturbios en la policía civil. Como resultado, ni los departamentos de policía ni los fabricantes están obligados a informar qué están utilizando, en qué cantidad o cuántos botes se disparan en un incidente”.

En el caso de las granadas aturdidoras, Haar explicó que fueron creadas por el ejército estadounidense para su uso en conflictos armados, no para el control de multitudes en protestas. Sin embargo, en los últimos 20 años su utilización se ha expandido más allá del ámbito militar —donde hoy se emplean con menor frecuencia— y se ha trasladado a la policía civil.

“Hace diez años se publicaron informes muy interesantes que mostraban cuántas personas habían resultado gravemente heridas o habían fallecido a causa de las granadas aturdidoras”, dijo Haar. “Estas granadas provocan incendios y pueden causar quemaduras graves a las personas cuando les impactan directamente. Otro motivo de preocupación es el uso de granadas aturdidoras junto con gas lacrimógeno”.

Haar agregó que él y sus colegas han identificado más de 80 tipos distintos de proyectiles, así como las diversas armas desde las que se disparan, utilizados en contextos como las manifestaciones registradas durante el último año. Señaló que, en casos como el de Rummler en Santa Ana, cuando estos proyectiles se disparan a corta distancia pueden impactar con una fuerza comparable a la de la munición real y provocar lesiones graves. Además, explicó que, al no tener la forma de una bala —sino de bolas, cilindros u otras geometrías—, cuando se disparan a larga distancia pueden herir a más de una persona.

“Todos nuestros datos muestran que ahí es donde se producen la mayoría de las lesiones”, dijo Haar. “Una vez más, son densas y no se pueden dirigir, por lo que pueden golpear a niños, transeúntes, personas mayores”.

En junio, durante las protestas contra la política migratoria de la administración Trump y la decisión de desplegar a la Guardia Nacional en la segunda ciudad más grande del país, se reportó que agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles dispararon más de 1,000 proyectiles y 20 rondas de gas CS contra los manifestantes en un solo día.

Haar también subrayó que, además de las lesiones físicas y los problemas de salud asociados al uso indebido de estas armas, muchas personas reportan un deterioro de su salud mental tras vivir experiencias similares a la de Rummler.

En Los Ángeles, el Ayuntamiento aprobó por unanimidad hace dos semanas una propuesta para limitar el uso de armas menos letales y tácticas de mano dura en las protestas por parte de la policía local.

“Después de todos estos años de investigación con todo nuestro grupo global de académicos, defensores y abogados llegamos a la conclusión de que, al fin y al cabo, los proyectiles no tienen cabida en el control de multitudes, ya que simplemente no son seguros”, concluyó Haar.

En esta nota

Armas inmigracioin
Contenido Patrocinado