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No permitamos que nuestro silencio sea cómplice de una tragedia anunciada en Cuba

Ya lo vimos en Gaza: nuestra reacción fue tardía, y permitimos que el Congreso respaldara una tragedia humanitaria

La presión de Estados Unidos se siente de forma cada vez más descarnada en Cuba.

La presión de Estados Unidos se siente de forma cada vez más descarnada en Cuba. Crédito: Ernesto Mastrascusa | EFE

Cuba atraviesa una de las crisis más graves de las últimas décadas. La escasez de combustible, los apagones prolongados y la falta de alimentos y medicamentos colocan a millones de personas en una situación de extrema vulnerabilidad.

Frente a esta realidad, el pueblo estadounidense no puede permanecer indiferente. Las sanciones económicas, independientemente de su intención política, tienen consecuencias humanas concretas que recaen sobre familias, niños, ancianos, personas enfermas y discapacitadas.

Si creemos en los derechos humanos y en la dignidad de las personas, debemos cuestionar políticas que puedan agravar el sufrimiento de nuestros hermanos cubanos.

Sin miedo a exagerar, muy bien podemos calificar a estas políticas de Trump, como decisiones criminales que lo único que buscan es que sucumba un pueblo, sin importar las consecuencias.

Ya es tiempo de salir a las calles a protestar y pedirle al gobierno estadounidense que le permita al gobierno cubano recibir los energéticos para abastecer las necesidades de su pueblo. 

Los estadounidenses no pueden permitir que caiga sobre sus hombros más injusticias como las sucedidas en Gaza, que desafortunadamente patrocinamos a través de Israel.

Actualmente, la comunidad latina en Estados Unidos enfrenta innumerables tragedias, así como la separación y destrucción de familias, como consecuencia de políticas injustas que, bajo el argumento de deportar a inmigrantes con antecedentes criminales, han derivado en la humillación, detención y deportación de miles de personas sin antecedentes penales y motivadas por discriminación racial.



Desafortunadamente, la mentira siempre termina prevaleciendo, y muchas veces cuando sale la verdad a la luz, la tragedia ya se ha consumado. En el caso de Cuba, siempre ha sido atacada de falta de democracia y violación a los derechos humanos, como si en Estados Unidos fuéramos una sociedad inmaculada de cualquier tipo de corrupción.

Recordemos que en Estados Unidos las personas que deciden por el presidente de la nación no es el voto popular, sino el colegio electoral. Un ejemplo perfecto es el mismo Donald Trump, quien perdió el voto popular en el 2016, pero terminó siendo presidente. 

No permitamos que el capricho de Trump, nombre con miles de pronunciaciones en los archivos de Epstein y encontrado culpable de 34 cargos, nos arrastre a generar más dolor y muerte a miles de cubanos.

Tenemos que hacer algo. Marco Rubio, el secretario de Estado está haciendo todo lo posible para forzar un cambio de gobierno en Cuba y por lo que vemos, a costa de lo que sea.

Recordemos que la familia de Marco Rubio salió huyendo de la dictadura de Batista en 1956, régimen apoyado por Estados Unidos, pero luego mintió y dijo que su familia había salido por culpa de la revolución cubana. 

Creo que, a estas alturas, cualquier argumento basado en el narcotráfico o en el comunismo —presentado como si fuera una estrategia de seguridad nacional para justificar ataques como el que llevamos a cabo contra Venezuela, y ahora contra Cuba— se desmorona por sí mismo.

Sabemos que todo es una excusa para doblegar gobiernos y obligarlos a someterse al corporativo estadounidense, sin importar que en el proceso pierdan la vida miles de personas. 

Ya lo vimos en Gaza: nuestra reacción fue tardía, y permitimos que el Congreso respaldara una tragedia humanitaria al autorizar el envío de armas y recursos a Israel. No repitamos ese error. No permitamos que un bloqueo injusto vuelva a traducirse en dolor y muerte para un pueblo entero que no es responsable de las ambiciones de un reducido grupo de intereses corporativos y excluyentes, cuyo único objetivo es apropiarse de la isla sin considerar el bienestar del pueblo cubano.



Es por eso que insisto, ayudémonos nosotros mismos protestando contra nuestro gobierno y exigirle que permita la entrada de energéticos a la isla.

Si no hacemos algo, nosotros, el pueblo estadounidense, seremos cómplices de cualquier catástrofe que le pudiera suceder a los 11.2 millones de cubanos que viven en la isla.

No olvidemos que preparar la antesala de una catástrofe y generar una tragedia no es estadounidense. Eso no es ser patriota ni mucho menos nos puede llenar de orgullo. 

Recordemos que en la medida que luchemos por el bienestar del pueblo cubano, nos estaremos ayudando a nosotros mismos y le enseñaremos al mundo que el pueblo estadounidense, sin importar el gobierno que esté en la Casa Blanca, todavía mantiene un poco de humanidad.

Juan José Gutiérrez es el director ejecutivo de la Coalición de los Derechos Plenos para Los Inmigrantes 

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