La autenticidad como estrategia: lo que Bad Bunny nos enseña sobre salud y poder
Bad Bunny no cambió sus letras ni suavizó las referencias a su cultura. Las destacó. Nos mostró exactamente quién es
Bad Bunny en el Super Bowl LX. Crédito: Frank Franklin II | AP
Tras el espectáculo histórico de medio tiempo de Bad Bunny en el Super Bowl, un amigo me preguntó qué lecciones deberíamos sacar como latinos, especialmente quienes trabajamos en organizaciones comunitarias latinas.
El show desbordó alegría. Fue cautivador, contagioso, y transmitió un mensaje de amor y unidad.
Pero, sobre todo, fue una declaración de autenticidad. Bad Bunny no cambió sus letras ni suavizó las referencias a su cultura. Las destacó. Nos mostró exactamente quién es.
Esa es la lección que quienes trabajamos en investigación y abogacía debemos asumir con convicción.
Cuando realizamos estudios que honran el idioma, el contexto cultural y los valores comunitarios, obtenemos mejores datos, construimos confianza real y descubrimos hallazgos que mejoran los resultados de salud para todos.
Numerosos estudios lo han demostrado. Un metaanálisis publicado en 2012 en el Journal of Cardiovascular Nursing analizó ensayos clínicos aleatorizados y encontró que la educación en diabetes culturalmente adaptada produjo mejoras significativas en el control glucémico entre participantes de minorías étnicas en comparación con la atención habitual. Estos programas funcionaron especialmente bien cuando incorporaron educadores bilingües, promotores de salud comunitarios y materiales que realmente tenían sentido para las personas que los utilizaban. La conclusión es clara: cuando la atención refleja la realidad vivida de las personas, los resultados mejoran.
El Proyecto Dulce en San Diego también lo demostró. El estudio de 2005 emparejó enfermeras con promotoras que ofrecían educación y apoyo en el idioma y contexto cultural de los participantes. ¿Los resultados? Disminuciones significativas en HbA1c, presión arterial y colesterol. Lo que hizo que funcionara no fue solo buena medicina. Fue la confianza, la comprensión cultural y una verdadera participación comunitaria.
La buena atención requiere flexibilidad cultural. Significa que los proveedores pregunten y respondan a las creencias, necesidades lingüísticas y realidades de vida de los pacientes, en lugar de hacer suposiciones. Las comunidades no son simplemente sujetos de investigación. Son socias cuyo conocimiento cultural fortalece la ciencia.
Así como la autenticidad de Bad Bunny lo convirtió en un fenómeno global, la investigación en salud arraigada en la cultura amplía nuestro impacto y mejora la salud para todas las comunidades.
El mundo está listo para escucharnos. Nuestra presencia no es excluyente. Enriquece y transforma los resultados de salud para todos, creando un sistema que salva vidas y recursos a través de una inclusión genuina.
También es nuestra responsabilidad con nuestras comunidades. Si no incorporamos nuestras voces en la investigación y en la ciencia, les estamos fallando. Este no es momento para reducirnos o quedarnos en silencio. Tenemos que trabajar más duro para asegurar que nuestras voces estén incluidas.
Los financiadores también deben dar un paso al frente. La antigua manera de hacer las cosas —con subvenciones federales confiables y apoyo gubernamental estable— ya no existe. El primer ministro canadiense Mark Carney lo expresó claramente: “El viejo orden no va a regresar” y “la nostalgia no es una estrategia”.
Tenemos que tocar más puertas. Los financiadores deben reconocer el momento que vivimos y entender que solo a través de la investigación impulsada por la comunidad —especialmente en aquellas comunidades más afectadas por los recortes y la despriorización— podremos mantener viva la llama.
Quienes creen en una sociedad inclusiva deben actuar ahora para ayudarnos a recuperar el terreno perdido.
(*) Fernanda Durand es la Consultora Principal de Marketing del Instituto Nacional de Investigación en Salud Hispana (NHHRI), donde lidera la estrategia nacional de comunicaciones, marca, alianzas y visibilidad para apoyar la investigación impulsada por la comunidad.
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