“Armas fantasma impresas en 3D, los fusiles que nunca desaparecen”: ONU
"Las guerras terminan, pero, por desgracia, las armas que se utilizaron en ese conflicto no quedan bajo control total", declaró una alta funcionaria de la ONU
La creciente disponibilidad y asequibilidad de esta tecnología ha intensificado la preocupación de los gobiernos de que las armas de fuego ilícitas puedan ser más fáciles de fabricar y más difíciles de regular. Crédito: Una foto lateral del FGC-9 MKII Stingray. | Wikimedia Commons
Altos funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lanzaron una seria advertencia, alertando sobre cómo los avances tecnológicos están permitiendo la proliferación de las llamadas “armas fantasma”. Estos artefactos, fabricados mediante impresión en tres dimensiones (3D), carecen de números de serie y son imposibles de rastrear por las fuerzas del orden, convirtiéndose en el nuevo motor de la violencia, el crimen organizado y la inestabilidad global.
El alarmante panorama se analiza en Nueva York, donde delegados de todo el mundo se reúnen para frenar el tráfico ilícito de armas de fuego. Según los expertos, el peligro ya no radica únicamente en los arsenales abandonados tras el fin de una guerra, sino en la facilidad con la que redes criminales y terroristas adoptan la tecnología digital para fabricar armamento desde cualquier rincón del planeta.
La preocupación por este fenómeno recuerda la advertencia realizada años atrás por Kofi Annan, quien describió a las armas pequeñas como las verdaderas “armas de destrucción masiva” debido al enorme número de víctimas que provocan en todo el mundo.
Ante este escenario, Naciones Unidas ha pedido fortalecer la cooperación internacional, actualizar los marcos regulatorios y desarrollar mecanismos que permitan enfrentar los desafíos planteados por la impresión 3D y otras tecnologías emergentes.
Del campo de batalla a las calles: el peligro intrazable
“Las guerras terminan, pero, por desgracia, las armas que se utilizaron en ese conflicto concreto no quedan bajo control total”, declaró Izumi Nakamitsu, alta funcionaria de la ONU para Asuntos de Desarme. El ejemplo más claro de esta herencia letal es Libia, donde el armamento saqueado tras la caída de Muammar Gadafi en 2011 terminó cruzando fronteras para alimentar a grupos extremistas en Níger, Burkina Faso y Nigeria.
Sin embargo, la impresión 3D ha cambiado las reglas del juego de forma drástica. Al abaratarse los costos de las impresoras, con modelos comerciales desde los $600 dólares, y masificarse los planos en la dark web a través de plataformas como DEFCAD (bautizada como el “Netflix de las armas”), cualquiera puede presionar un botón y manufacturar un fusil.
A diferencia de las armas convencionales, las impresas en 3D no dejan marcas identificables en los casquillos ni en las balas, borrando cualquier posibilidad de que las autoridades utilicen bases de datos balísticas para esclarecer un crimen. Además, al ser construidas principalmente con polímeros plásticos, logran burlar con facilidad los controles de seguridad y los rayos X.
La conexión con los cárteles y el desafío en EE.UU.
El impacto de esta tecnología ya se siente con fuerza en territorio estadounidense y en la frontera sur. De acuerdo con datos de la ATF, las incautaciones de armas fantasma en Estados Unidos se dispararon un 157% en solo dos años, pasando de 7,517 en 2019 a 19,344 en 2021. Reportes de la DEA confirman que los miembros de pandillas y cuadrillas callejeras recurren cada vez más a estas piezas de fabricación privada compradas en línea.
La amenaza cruza directamente hacia México. Informes de inteligencia revelan que “fabricantes” basados en estados con leyes más permisivas, como Nevada y Texas, asesoran activamente a organizaciones criminales como el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Los cárteles utilizan la tecnología 3D para reducir su dependencia del contrabando fronterizo tradicional, fabricando desde componentes para armamento pesado hasta dispositivos como los Glock Switches, que convierten pistolas semiautomáticas en ráfagas letales por un costo de producción menor a dos dólares.
El problema se agrava debido a los vacíos legales. Mientras que en Europa y el Reino Unido la posesión de estos planos y piezas está estrictamente prohibida, en Estados Unidos la Ley de Armas de Fuego Indetectables de 1988 permite ciertos vacíos si los artefactos incluyen componentes metálicos, facilitando que el negocio de las armas caseras siga prosperando en la clandestinidad.
Para los expertos, el objetivo no es únicamente controlar las armas, sino evitar que los conflictos se reactiven, proteger a las comunidades y reducir la violencia que sigue cobrando vidas mucho después de que terminan las guerras.
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