Trump avala acuerdo para que Arabia Saudí enriquezca uranio, lo que le negó a Irán

El pacto, que deberá pasar por el Congreso, reabre el debate sobre el doble discurso de Washington frente a Irán y sus aliados en Oriente Medio

El convenio tendría una vigencia de 30 años e incluiría la participación de empresas estadounidenses.

El convenio tendría una vigencia de 30 años e incluiría la participación de empresas estadounidenses. Crédito: Alex Brandon | AP

Medios internacionales revelaron que Donald Trump aprobó un acuerdo de cooperación nuclear con Arabia Saudí que permitiría al reino desarrollar capacidad para enriquecer uranio como parte de su programa de energía nuclear civil, una decisión que ha generado fuertes cuestionamientos entre expertos en seguridad internacional por sus posibles implicaciones para el equilibrio estratégico en Oriente Medio.

De acuerdo con información publicada por The Guardian y agencias internacionales, Trump solicitará al Congreso la aprobación del denominado “Acuerdo 123”, mecanismo previsto por la legislación estadounidense para autorizar la cooperación nuclear con otros países. El convenio tendría una vigencia de 30 años e incluiría la participación de empresas estadounidenses, entre ellas Westinghouse, en el desarrollo del programa nuclear saudí.

El anuncio llega en un momento particularmente delicado. Washington ha sostenido que uno de los objetivos centrales de su confrontación con Irán ha sido impedir que Teherán conserve la capacidad de enriquecer uranio, al considerar que esa tecnología puede facilitar la fabricación de armas nucleares.

Aunque el enriquecimiento de uranio también tiene aplicaciones civiles para la generación de electricidad, la misma infraestructura puede utilizarse para producir material fisible con fines militares si alcanza niveles cercanos al 90% de pureza, según explica el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

El acuerdo contempla la posibilidad de construir una planta de enriquecimiento de uranio en territorio saudí, previa realización de estudios conjuntos entre ambos países. Sin embargo, a diferencia del acuerdo nuclear firmado con Irán en 2015, no se prevé que incluya la adhesión obligatoria al Protocolo Adicional del OIEA, un mecanismo que permite inspecciones internacionales mucho más intrusivas para verificar que los programas nucleares tengan exclusivamente fines pacíficos.

La iniciativa podría enfrentar resistencia en el Capitolio. Bajo la Ley de Energía Atómica de Estados Unidos, el Congreso tiene facultades para revisar e incluso bloquear los llamados Acuerdos 123, especialmente cuando existen dudas sobre las garantías de no proliferación. Legisladores de ambos partidos han expresado anteriormente preocupación por otorgar a Riad tecnologías sensibles que podrían emplearse para desarrollar un programa nuclear militar en el futuro.

El príncipe heredero Mohammed bin Salman ha defendido desde hace años el desarrollo de energía nuclear para diversificar la economía saudí y reducir la dependencia del petróleo, como parte del plan Visión 2030. No obstante, también ha dejado abierta la posibilidad de responder militarmente si Irán llegara a desarrollar un arma nuclear.

Si bien algunos analistas, sostienen que permitir un programa nuclear civil bajo supervisión estadounidense impediría que Riad recurriera a proveedores como China o Rusia, también reforzaría la influencia de Washington en el mercado global de energía nuclear.

Sin embargo, en el contexto de Irán, el eventual visto bueno a Arabia Saudí supondría un fuerte argumento político. Durante las negociaciones previas a la guerra, Washington había exigido a Teherán suspender por hasta dos décadas el enriquecimiento de uranio en su territorio, mientras que ahora estaría dispuesto a permitir que su principal rival regional adquiera precisamente esa capacidad, una diferencia que previsiblemente intensificará las tensiones diplomáticas en una de las regiones más sensibles del mundo.

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