Un año después: honran la memoria del jornalero que murió correteado por ICE
La comunidad de Monrovia recuerda a Carlos Roberto Montoya Valdez, el padre de familia atropellado en el freeway 210, y exige justicia
El reverendo Francisco García sostiene una cruz con el nombre y la foto de Carlos Roberto Montoya Valdez durante una procesión en homenaje a la vida del jornalero, el sábado 15 de agosto de 2026 en Monrovia. Crédito: Janette Villafana | Impremedia
Decenas de personas se reunieron el sábado para realizar una vigilia en memoria de Carlos Roberto Montoya Valdez, el jornalero que murió el año pasado mientras huía de agentes de inmigración durante una redada en Monrovia.
Según la Red Nacional de Organización de Jornaleros (NDLON), que organizó la vigilia frente a la misma tienda Home Depot a la que solía acudir Montoya, el evento fue un recuerdo de lo sucedido y una exigencia pública de justicia.
“Quieren que nos volvamos insensibles ante el sufrimiento de nuestra gente”, dijo Pablo Alvarado, codirector ejecutivo de NDLON. “No podemos quedarnos callados; no podemos dejar que el miedo nos domine hasta el punto de que nos callemos. Eso es lo que quieren; demandamos justicia para Carlos”.
Montoya, de 52 años y padre de cuatro hijos, salió corriendo cuando agentes de ICE se presentaron en el estacionamiento del Home Depot en Monrovia el 14 de agosto de 2025. De acuerdo con testimonios, al ver a los hombres enmascarados y armados, el señor corrió hacia la avenida Evergreen y huyó hacia los carriles en dirección a la autopista 210 a la altura de la avenida Mountain, donde fue atropellado de forma trágica.
Un año después, la familia aún espera los resultados de la investigación de la Patrulla de Caminos de California sobre la muerte del jornalero. Este sábado, su sobrina Mariela Méndez estuvo presente, mientras que la hija de Montoya, Ana, se comunicaba con el público por teléfono y les transmitía un emotivo mensaje desde Guatemala. Gracias al apoyo de la comunidad, sus restos pudieron regresar a su pueblo, donde la familia pudo darles la despedida.
“En nombre de mi familia quiero agradecerles por estar presentes y ser la voz en esta lucha, ya que nosotros, estando en este país, no podemos”, dijo Ana. “Les agradecemos infinitamente el apoyo, ya que ustedes son quienes han ayudado a que nuestra tristeza sea más liviana. Porque han ayudado a que la memoria de mi padre no quede en vano ni se olvide.”
“¡Carlos Montoya!”, gritaba una de las organizadoras. “¡Presente!”, respondía el público en apoyo de la familia del jornalero. El llanto de su hija se podía oír a través de las bocinas.


“¡Digan su nombre!”
Durante la vigilia, se colocaron en el estacionamiento de la tienda cruces con los nombres y las fotos de las 78 personas que han muerto bajo custodia de ICE o durante operaciones de control migratorio. También había ataúdes de cartón que los organizadores cargaban durante una de las procesiones. Una de ellas tenía la foto de Montoya y un casco amarillo de construcción fue puesto encima del ataúd.
A un lado del escenario móvil de Los Jornaleros del Norte, un grupo musical que toca canciones de resistencia, estaba una obra de un artista salvadoreño llamado Renato, la cual muestra, como ilustración, a Montoya corriendo de dos agentes de ICE.
Laura Alfaro, quien forma parte del equipo de NDLON, era la encargada de pintar la ilustración; al hablar con La Opinión, se aseguró de mencionar la importancia de no olvidar a personas como Montoya.
“Estamos aquí no solo para honrar su nombre, sino también el de todas las personas que han perdido la vida a causa de la violencia que ICE está perpetrando en nuestras comunidades”, dijo Alfaro. “Hay familias y hay historias detrás de cada una de esas personas. No son solo nombres ni solo cifras”.
Por el momento, un pequeño altar con una cruz blanca en honor al jornalero de Monrovia ocupa un rincón del estacionamiento del Home Depot, pero los defensores buscan un monumento permanente a su memoria.
Uno de ellos dijo que la tienda ha intentado retirar los altares erigidos en memoria del jornalero, pero los organizadores siguen regresando para renovarlos.
“A ver quién se cansa primero, pero nosotros seguiremos cargando con la memoria del compañero Carlos y no dejaremos que esta corporación siga siendo cómplice de estas redadas”, advirtió Alvarado, el codirector ejecutivo de NDLON.



Al terminar las pláticas, la comunidad empezó su marcha hacia la tienda; al llegar, se dieron cuenta de que ya habían cerrado las puertas. Había trabajadores que observaban desde el interior, sosteniendo las puertas mientras los manifestantes apoyaban las cruces contra las puertas de vidrio. El reverendo Francisco García colocó la cruz en honor de Montoya.
“¡Digan su nombre!”, exclamaba el público antes de retirarse. “¡Díganos qué pasó ese día!”.
De acuerdo con Alvarado, la tienda de Home Depot no solo cerró sus puertas aquel día de la redada, lo que forzó a muchas personas a correr a otras partes, sino que tampoco quiso mostrar sus cámaras de seguridad que apuntaban hacia donde estaba Montoya, algo que los organizadores dicen que ayudaría mucho a saber realmente qué pasó ese día, ya que hay rumores de que Montoya ya estaba esposado cuando corrió.
El único momento en que la tienda abrió sus puertas este sábado fue para dejar entrar a un policía, quien le dijo al público que se manifestaba pacíficamente que se retirara porque estaban interrumpiendo el negocio del establecimiento.
“Nosotros estamos aquí sin máscaras cubriendo nuestras caras, sin armas, solo fotos y nuestras voces, y aun así cierran las puertas, llaman a la policía; no estamos haciendo nada malo”, aseguró Alvarado, quien dio unas palabras antes de retirarse.


El duelo de una familia
Al terminar la procesión, la última persona en hablar fue Méndez, la sobrina de Montoya, quien fue la única que estuvo presente con la comunidad días después de la muerte de su tío.
“El dolor de la pérdida de mi tío para mi familia ha sido muy grande. Ha pasado un año, pero para mi familia es como si fuera ayer. Todavía me acuerdo de cuando recibí la llamada sobre lo que pasó y, en cada momento, todo eso me recorre por la mente”, compartió Méndez. “Yo sé que para mi familia esto será una herida que no va a sanar fácilmente. Y más que sabemos que su vida terminó de manera injusta”.
“Ninguna familia debería pasar por lo que estamos pasando, porque nosotros, los inmigrantes, somos seres humanos; venimos a luchar por nuestras familias; somos padres, hijos, hermanos y tíos, y tenemos personas que dependen de nosotros”, agregó.
Ella dijo que aún no entiende cómo inmigración está tratando a su comunidad. Dijo que ella llegó a los Estados Unidos hace más de 20 años y que lo único que ha hecho es trabajar para su familia, algo que su tío también hacía.
“Yo soy inmigrante y trabajo como enfermera para personas mayores. Durante la pandemia, yo era considerada esencial. Trabajaba entre 20 y 48 horas y sacrificaba tiempo con mi propia familia para asegurarme de que sus seres queridos estuvieran bien”, recordó Méndez. “No soy una criminal y mi tío no lo era tampoco. Somos trabajadores y no merecemos este tratamiento tan injusto”.


El amor lo vence todo
Durante la vigilia, muchos de los presentes cruzaban la calle que Montoya había cruzado antes de su muerte el año pasado hasta llegar al lugar donde podían colocar sus flores y fotos de él. Unos decían algunas palabras entre sí, mientras otros se quedaban en silencio viendo el resto de las cruces que acompañaban a Montoya. Carros que pasaban por la calle pitaban en apoyo de los manifestantes.
Y aunque en la vigilia se sentía el dolor colectivo de la comunidad tras la muerte de su vecino y de muchos otros, el día no terminó en lágrimas; al contrario, terminó con sonrisas, cumbia y baile. El amor que cada uno aportaba a su comunidad se sentía.
“El amor es más grande que toda la retórica de este gobierno; hoy, el amor nos mueve, el amor es lo que nos va a mantener en marcha, y no nos detendremos hasta que cada persona que haya sufrido una injusticia obtenga justicia”, dijo Alvarado.