La primera imagen del telescopio Roman anticipa una nueva era para la astronomía
Con una cámara infrarroja de 300 megapíxeles, Roman captará grandes zonas del cosmos sin renunciar al detalle que hizo famoso al Hubble.
El telescopio Roman es de los más avanzados del mundo por lo que la NASA tiene muchas expectativas de que ayude a descubrir nuevos planetas y galexias Crédito: NASA
La fotografía divulgada por la NASA del telescopio espacial Nancy Grace Roman no es solo otra postal espectacular del cosmos. Es una muestra de lo que puede ocurrir cuando una cámara espacial combina la nitidez asociada al Hubble con una perspectiva muchísimo más amplia. Roman puede capturar un campo de visión de al menos 100 veces mayor que el del Hubble, una diferencia que promete acelerar la exploración de galaxias, estrellas y mundos fuera del Sistema Solar a una escala difícil de imaginar hasta hace poco.
La agencia espacial estadounidense espera compartir las primeras imágenes científicas del observatorio a comienzos de 2027, aunque la reciente activación de su Instrumento de Campo Amplio ya deja claro que la misión entró en una etapa decisiva. No se trata de mirar más lejos por el simple placer de obtener una imagen llamativa. Roman fue diseñado para construir una especie de gran mapa del universo, uno capaz de revelar patrones invisibles en la distribución de la materia y de aportar datos sobre el futuro de la expansión cósmica.
Una cámara espacial hecha para ver el panorama completo
El gran atractivo técnico del Roman está en su Wide Field Instrument, una cámara infrarroja de 300 megapíxeles formada por 18 detectores. Este instrumento conservará una resolución angular comparable a la del Hubble, pero registrará en una sola toma una zona del cielo aproximadamente 1,5 veces mayor que el tamaño aparente de la Luna llena.
La comparación resulta muy útil para aterrizar su relevancia. Hubble ha entregado algunas de las fotografías más importantes de la historia de la astronomía porque observa regiones concretas con enorme detalle. Roman mantendrá esa capacidad de distinguir estructuras lejanas, aunque lo hará sobre una porción del cielo radicalmente mayor. Es como reemplazar una cámara enfocada en un detalle preciso por una gran angular que no pierde definición.
Esa amplitud tendrá una consecuencia directa en el ritmo de descubrimientos. Roman podrá realizar grandes barridos del firmamento con mayor eficiencia, reuniendo cantidades enormes de información sobre estrellas de la Vía Láctea, galaxias lejanas, supernovas y otros objetos celestes. La misión permitirá observar miles de millones de galaxias y levantar mapas cósmicos de una escala que Hubble simplemente no fue construido para cubrir.
La fotografía publicada por la NASA sirve precisamente como recordatorio de esa ambición. Roman no llegará para competir con el legado visual de Hubble ni para repetir el tipo de observaciones ultra profundas que asociamos con el James Webb. Su punto fuerte será el contexto. Cuando los astrónomos puedan mirar una región enorme del cielo con tanta precisión, tendrán la posibilidad de detectar conexiones entre objetos y fenómenos que hoy aparecen aislados en estudios más pequeños.
Roman quiere explicar el lado invisible del universo

El propósito central del telescopio Roman es investigar algunos de los misterios más grandes de la cosmología moderna. El primero es la energía oscura, el nombre que recibe el fenómeno asociado con la expansión acelerada del universo. Sabemos que las galaxias se alejan unas de otras a un ritmo que aumenta con el tiempo, aunque todavía no entendemos por completo qué provoca ese comportamiento.
Roman estudiará la luz de galaxias y supernovas distantes para reconstruir cómo ha cambiado la expansión del universo a lo largo de miles de millones de años. También podrá medir el efecto de lente gravitacional, una distorsión sutil de la luz provocada por la gravedad de grandes concentraciones de materia. Gracias a ese efecto, los científicos pueden inferir dónde se encuentra la materia oscura, incluso si esta no emite ni refleja luz de forma detectable.
La meta no es menor. Las observaciones de Roman ayudarán a cartografiar la distribución de la materia en el universo y a poner a prueba la gravedad en escalas cósmicas. Eso podría permitir a los investigadores evaluar con más precisión si las explicaciones actuales encajan con los datos o si hace falta ajustar los modelos que describen la evolución del cosmos. Reuters señaló que la misión fue concebida para estudiar energía oscura y materia oscura, además de probar la gravedad a escalas enormes.
También será una máquina de descubrir exoplanetas. La NASA espera que Roman contribuya a detectar una enorme población de planetas situados fuera de nuestro Sistema Solar, en especial mediante microlentes gravitacionales. Esta técnica permite identificar mundos que pasan frente a estrellas lejanas o cuya presencia altera temporalmente la luz que recibimos de ellas. La misión podría descubrir alrededor de 100,000 exoplanetas durante su programa científico, ampliando de forma brutal el catálogo de mundos conocidos.
Además, Roman lleva un coronógrafo como demostración tecnológica. Este instrumento busca bloquear la luz intensa de una estrella para intentar observar directamente los débiles objetos que orbitan a su alrededor. Aunque no es el eje principal de la misión, su desempeño puede abrir camino a futuras herramientas capaces de analizar planetas similares a la Tierra con mucha más precisión.
Una misión de $4,300 millones de dólares
El telescopio Nancy Grace Roman representa una inversión total estimada en $4,300 millones de dólares, una cifra que contempla el desarrollo, el lanzamiento y las operaciones de la misión. Su lanzamiento se realizó a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX y el observatorio inició un viaje de cerca de tres meses hacia el punto de Lagrange L2, una región situada aproximadamente a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.
Desde allí contará con un entorno térmico y gravitacional favorable para realizar observaciones prolongadas en infrarrojo. L2 se ha consolidado como uno de los grandes puntos de observación para la astronomía espacial moderna, ya que también es la región donde opera el telescopio James Webb. Roman aprovechará esa posición para realizar levantamientos profundos y extensos del cielo con una estabilidad esencial para sus instrumentos.
El coste puede parecer gigantesco, aunque conviene ponerlo en perspectiva. Roman no es una misión pensada para producir una única gran fotografía. Su valor está en crear una base de datos cósmica masiva que podrá alimentar investigaciones durante años, desde estudios sobre la estructura de nuestra galaxia hasta proyectos dedicados a entender cómo nacen los planetas y cómo evoluciona el universo.
La NASA prevé una misión primaria de cinco años, aunque el telescopio fue preparado para operar durante al menos una década, dependiendo del combustible disponible y del estado de sus sistemas. Si cumple sus objetivos, Roman puede transformar la astronomía de grandes mapas del mismo modo que Hubble transformó la observación detallada del espacio profundo.
La imagen difundida por la NASA llega, por tanto, como un pequeño adelanto de una misión enorme. Roman tiene el potencial de convertir zonas aparentemente vacías del cielo en archivos repletos de galaxias, estrellas y planetas. Y, con un poco de suerte, también puede acercarnos a respuestas sobre aquello que todavía domina el universo sin dejarse ver.
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