NASA prepara el Telescopio Roman que hará en un 2027 lo que el Hubble tardaría 2,000 años
La NASA tiene previsto que el Telescopio Roman sea puesto en ótbita a principios del mes de septiembre, casi 8 meses antes de lo previsto
El Telescopio Roman permitirá a la NASA descubrir nuevos planetas a millones de años luz Crédito: Sydney Rohde | NASA
Pocas veces en la historia de la exploración espacial un instrumento llega con tantas promesas respaldadas por datos concretos. El Telescopio Espacial Nancy Grace Roman tiene fecha de lanzamiento confirmada: principios de septiembre de 2026, ocho meses antes de lo previsto originalmente. Y si pensabas que el James Webb ya era el punto máximo de la astronomía moderna, lo que Roman promete hacer en cinco años va a dejarte con la mandíbula en el suelo.
Cuando el administrador de la NASA, Jared Isaacman, anunció la fecha adelantada, resumió el proyecto con una frase que lo dice todo: “Lo que le tomaría al Hubble 2,000 años procesar, Roman puede hacerlo en un año”. No es hipérbole. Es la realidad de un telescopio que fue diseñado desde cero para operar a una escala completamente diferente.
La mujer detrás del nombre que está cambiando la ciencia
Antes de hablar de tecnología, vale la pena conocer a quién honra este telescopio. Nancy Grace Roman fue la primera astrónoma jefe de la NASA y una de las figuras más influyentes en la historia de la agencia espacial estadounidense. A ella se le atribuye haber hecho posible conceptualmente el Telescopio Hubble, convenciendo a la comunidad científica y al Congreso de que un observatorio en el espacio valía la inversión. Décadas después, el telescopio que lleva su nombre está a punto de hacer que incluso su propio legado parezca pequeño.
Roman falleció en 2018, pero su visión de explorar el universo a gran escala vive en cada componente de este instrumento. La científica principal del proyecto, Julie McEnery, lo describió así: “En los primeros cinco años de la misión, se espera que revele más de 100,000 mundos distantes, cientos de millones de estrellas y miles de millones de galaxias”.
¿Qué puede hacer el Telescopio Roman que ni el Hubble ni el James Webb pueden?
Esta es probablemente la pregunta más importante. Y la respuesta está en una sola palabra: escala. El James Webb es insuperable en profundidad — puede mirar objetos extremadamente lejanos y tenues con una precisión increíble. El Hubble revolucionó la astronomía visible durante tres décadas. Pero ambos tienen un problema en común: solo pueden observar una pequeña porción del cielo a la vez, como intentar entender un mural gigante mirándolo a través de un popote.
Roman resuelve exactamente eso. Su instrumento principal, el Wide Field Instrument (WFI), es una cámara de 288 megapíxeles con un campo de visión entre 100 y 200 veces mayor que el del Hubble. En una sola toma, Roman captura lo que Hubble necesitaría cientos de exposiciones para cubrir — sin perder resolución ni sensibilidad infrarroja.
El resultado de esa diferencia en escala es brutal: en sus cinco años de misión, Roman fotografiará más del 50 veces la cantidad de cielo que Hubble capturó en sus primeros 30 años, y generará 20 petabytes de datos —20,000 terabytes— disponibles para investigadores de todo el mundo a perpetuidad. En la práctica, los descubrimientos derivados de esa información podrían seguir llegando durante décadas.
Los misterios del universo que Roman viene a resolver de una vez por todas
El telescopio tiene tres grandes misiones científicas que ocuparán alrededor del 75% de su tiempo en órbita, y cada una de ellas apunta a preguntas que la humanidad lleva siglos intentando responder.
El primero y más ambicioso es descifrar la energía oscura. Imagina que estás inflando un globo y, en lugar de desinflarse solo con el tiempo, el globo empieza a expandirse cada vez más rápido sin que nadie lo esté inflando. Eso es básicamente lo que le está pasando al universo desde hace miles de millones de años, y los físicos no tienen una explicación satisfactoria. La energía oscura es el nombre que le damos a esa fuerza desconocida que está acelerando esa expansión — y Roman fue construido específicamente para estudiarla. Como explicó Nicky Fox, administradora asociada de la NASA: “Hay algo fundamental sobre el espacio y el tiempo que aún no entendemos, y Roman fue construido para descubrir qué es”.
El segundo objetivo: la materia oscura. Esta es otra entidad que los científicos saben que existe porque puede verse su efecto gravitacional sobre las galaxias, pero que nadie ha podido detectar directamente. Representa aproximadamente el 27% de toda la materia y energía del universo, y Roman rastreará cómo su presencia distorsiona visualmente la luz que viaja desde galaxias lejanas hasta nosotros.
El tercer frente: la búsqueda de nuevos mundos. Aquí es donde las cifras se vuelven casi difíciles de creer. Usando una técnica llamada microlente gravitacional —un proceso en el que el campo gravitacional de un planeta amplifica visualmente el brillo de una estrella de fondo mientras pasa frente a ella— Roman podrá detectar planetas pequeños y a grandes distancias de sus estrellas, algo que otros telescopios no pueden hacer con tanta eficiencia. El telescopio monitoreará 100 millones de estrellas durante cientos de días, se espera que encuentre alrededor de 2,500 nuevos planetas, y podría llevar el total de exoplanetas conocidos por la humanidad de los aproximadamente 4,400 actuales a más de 200,000.
Cuándo y cómo llega Roman al espacio
El lanzamiento está fijado para principios de septiembre de 2026 a bordo de un Falcon Heavy de SpaceX. Una vez en órbita, el telescopio viajará hasta el punto de Lagrange L2, la misma posición estratégica donde opera el James Webb, a 1.5 millones de kilómetros de la Tierra — un punto donde la gravedad del Sol y la Tierra se equilibran perfectamente, permitiendo que el telescopio se mantenga estable con mínimo consumo de combustible.
El telescopio fue presentado completamente ensamblado en abril de 2026 en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Maryland, y según el científico Jeremy S. Perkins, “la mayor parte de lo que queda son las comprobaciones finales y los últimos ajustes”. El equipo lleva más de una década trabajando en este proyecto, y todo indica que septiembre de 2026 será una fecha que los libros de astronomía van a recordar por mucho tiempo.
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