Republicanos del Congreso sirven la mesa de los primeros 100 días de Trump

Algunos de los planes del presidente electo están en contravía del ideario republicano

Donald Trump y el presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan están de acuerdo en eliminar Obamacare.

Donald Trump y el presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan están de acuerdo en eliminar Obamacare.  Crédito: Zach Gibson/ | Getty Images

WASHINGTON.- Aunque algunos republicanos han dejado entrever que el Congreso no será el reino del “Trumpismo”, el presidente electo, Donald Trump, consiguió este jueves una pequeña victoria después de que sus aliados legislativos decidieran postergar hasta 2017 la mayoría de las medidas que implican gastos.

Trump presentó antes de los comicios un listado de prioridades para sus primeros 100 días de gobierno, que incluye una billonaria inversión en proyectos de infraestructura y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, en inglés), y que necesitarán la venia del Congreso.

Por ahora, y quizá porque los republicanos no hablan desde un mismo libreto sobre el futuro rumbo de su agenda, éstos dijeron que la prioridad inmediata será aprobar fondos provisionales para mantener las operaciones del gobierno hasta marzo próximo, y dejar para más tarde las prioridades de gastos de la entrante Administración Trump.

“Creo que al entrante gobierno le gustaría aportar (ideas) sobre cómo se gastará el dinero en el 2017.  Tenemos muchas prioridades de gastos que nos gustaría cambiar respecto a las de (el presidente Barack) Obama, y es así de simple”, explicó en rueda de prensa el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, tras su reunión con el vicepresidente electo, Mike Pence.

Tomando en cuenta las reglas parlamentarias, la aprobación de fondos provisionales además le permite a los republicanos “ganar tiempo” para eventualmente anular, en la nueva sesión del Congreso, decenas de regulaciones adoptadas este mismo año por la Administración Obama.

Pero la decisión de la bancada republicana –anunciada después de que Pence se reuniera con el grupo– también es una enorme concesión a Trump, porque su equipo entonces tendrá protagonismo en las negociaciones para la distribución de gastos fiscales.

Así las grandes decisiones sobre los gastos y demás prioridades legislativas quedarán para el primer trimestre de 2017, cuando  habrá rostros nuevos y ningún rastro de los que perdieron la reelección.

Ayer, durante una conferencia de prensa, líderes conservadores del “Freedom Caucus” reiteraron su oposición a un megaproyecto de ley de gastos antes de fin de año, en el debilitado período poselectoral conocido como “sesión lameduck”, porque aún incorpora a los legisladores que se jubilan o perdieron la reelección.

Queda claro que en esta sesión abreviada hasta fin de año, las votaciones sobre el acuerdo comercial para la Alianza Transpacífico (TPP), y la confirmación de Merrick Garland como juez vitalicio del Tribunal Supremo –dos ideas rechazadas por Trump- quedarán sepultadas.

Los primeros 100 días de Trump

Así las cosas, el equipo de Trump podrá influir en las medidas fiscales, aunque eso le reste tiempo para negociar las prioridades legislativas que delineó a finales de octubre pasado en el “Proyecto Primer Día”, un plan de acción para también anular algunas órdenes ejecutivas de Obama.

Ese paquete de medidas incluye: la eliminación de “Obamacare”; la anulación “de toda acción ejecutiva anticonstitucional” de Obama; comenzar la expulsión de más de dos millones de criminales indocumentados; la cancelación de fondos federales a “ciudades santuario”; el nombramiento de un nuevo juez vitalicio en el Tribunal Supremo; la renegociación del NAFTA y la salida de EEUU del TPP; sanciones comerciales contra China; suspender el programa para aceptar a 10,000 refugiados sirios, y la imposición de un límite en los términos legislativos.

También apoya la congelación de contratación de empleados federales; una medida que prohíba que funcionarios de alto nivel de la Casa Blanca puedan trabajar de cabilderos durante cinco años, y prohibir que cabilderos extranjeros puedan recabar fondos para campañas electorales en EEUU.

Además figuran la promoción del oleoducto Keystone XL; revertir la prohibición de armas a personas con antecedentes penales; frenar la inmigración de personas de países con vínculos terroristas, y  sacar a EEUU del Acuerdo de París para la reducción de gases tóxicos.

Trump llevó a cabo una campaña presidencial poco ortodoxa y, en ocasiones, contraria a las ideas que defienden los conservadores, como la liberalización del comercio, la protección de organizaciones multilaterales, o la privatización del Seguro Social y Medicare.

El 2017 será la segunda vez que los republicanos controlarán simultáneamente las tres ramas del gobierno –Congreso, Casa Blanca y sistema judicial- desde 1929, pero los más conservadores en asuntos fiscales han dicho en los últimos días que estarán pendientes de cualquier posible exceso de la nueva Administración.

Trump ascenderá al poder gracias a su postura “anti-establishment” y sus promesas de “vaciar el pantano” y combatir la corrupción.

Pero la semana pasada, durante un encuentro en Washington, representantes de una vasta coalición de líderes conservadores, dejaron en claro que apoyaron a Trump y ahora esperan de él una agenda “transformadora”  que refleje sus valores.

De hecho, algunos grupos de base argumentaron que la elección de Trump fue un rechazo del “establishment” republicano y un “llamado a la acción” para moldear una nueva cultura política en Washington.

Aparte del escepticismo de algunos conservadores, Trump también afrontará otra realidad en sus negociaciones con el Congreso en 2017: los republicanos controlan ambas cámaras pero en el Senado, solo suman 52 escaños, del total de 100, es decir, menos del umbral de 60 que se requiere para impedir el bloqueo de la oposición.

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