La dura recomendación de inmigrantes varados en México a caravana rumbo a EEUU

El grupo de migrantes ya logro superar la primera barrera fronteriza y está ahora en territorio guatemalteco

"Mejor no vengan", les dicen los inmigrantes que esperan en Matamoros, Tamaulipas.

Migrantes. Crédito: Esteban Biba | EFE

La primera caravana de migrantes de 2020 que busca llegar a Estados Unidos, un grupo de unos 2,000 integrantes, logró cruzar a territorio guatemalteco desde Honduras este jueves sin gran dificultad, una situación muy diferente a la de la víspera cuando unos 1,000 migrantes fueron rociados con gases lacrimógenos al cruzar a ese país por el Paso de Corinto.

Los hondureños ingresaron a primeras horas de este jueves a Guatemala por Agua Caliente y ya se encuentran en ruta hacia la frontera con México, y aunque el gobierno de ese país ha advertido en repetidas ocasiones que no le permitirá la entrada, sus integrantes aseguran que merece la pena intentarlo.

“Queremos llegar a donde nos hemos prometido. Anhelando llegar a Estados Unidos”, dijo una migrante hondureña a la reportera de Noticias Telemundo Jenny Corado sobre su periplo a territorio estadounidense, que ha endurecido las leyes migratorias para evitar que extranjeros indocumentados logren el ‘sueño americano’.

“Dijimos que nos íbamos y hoy nos vamos, somos hondureños que queremos trabajo y vivir en paz”, indicó a la agencia Efe uno de los migrantes que salió por el punto fronterizo de Agua Caliente.

“Mejor no vengan”

Mientras tanto, cientos de migrantes que se albergan en un campamento en Matamoros, ciudad fronteriza mexicana en el norteño estado de Tamaulipas, les han dicho que no lo intenten.

Con lágrimas en los ojos, una migrante que llegó embarazada a Matamoros y que espera como muchos la oportunidad de solicitar asilo en Estados Unidos, dijo en entrevista con Noticias Telemundo que mejor no vengan. “Yo entré allí embarazada y me dijeron que me iban a ayudar a tener mi niño y que diera mi niño en adopción porque el gobierno [estadounidense] lo quería”.

Jeny Mairena, una migrante centroamericana que vive una situación similar con un hijo cuenta lo difícil que ha sido para su bebé: “Para ellos es peor, porque se la pasan enfermitos”.

A Jesús lo extorsionaron a punta de pistola con su hija en brazos. “Familiares tuvieron que depositar un dinero… fueron como 1,500 dólares”.

Los que vienen en camino

El nutrido grupo que entró este jueves a Guatemala fue recibido de manera amable por un oficial de migración de la vecina nación.

“Ustedes tienen que cumplir las leyes de mi país, yo necesito hacer un registro de ustedes. Para qué les va a servir este registro, para que ustedes puedan transitar por mi país, sin problemas”, enfatizó el funcionario guatemalteco, sin identificarse.

Además, les hizo un llamamiento, “a la cordura, más que todo a las personas que traen niños”, a quienes les insistió que colaboren “para que no tengan ningún problema”.

Muchos de los inmigrantes, entre ellos mujeres con niños, algunos de pocos meses, no hicieron el registro migratorio en Agua Caliente, convencidos de que les dieran o no el pase para cruzar a Guatemala, “de nada nos sirve” porque “la cosa es diferente al llegar a México”, indicaron a Efe algunos miembros de la caravana, la quinta desde la primera, del 13 de octubre de 2018, y la primera de 2020.

Esta última caravana comenzó su trayecto en la madrugada del miércoles desde la central de autobuses de San Pedro Sula, en el norte de Honduras, con al menos 200 personas que decidieron irse por el punto aduanero de Corinto, en el caribeño departamento de Cortés, también fronterizo con Guatemala, donde se toparon con la fuerza de las autoridades que usaron gases lacrimógenos para disuadirlos en su empeño de entrar de forma ilegal a ese país y fueron obligados a retornar a la frontera para regularizar su situación, por orden de policías guatemaltecos y del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (ICE, en inglés).

La Policía Nacional Civil de Guatemala y los funcionarios estadounidenses revisaron a decenas de hondureños que en su mayoría habían ingresado el miércoles sin registro a Guatemala.

Las autoridades retuvieron a los inmigrantes a la altura de la aldea Entre Ríos, del departamento de Izabal, y los devolvieron en microbuses hacia la frontera de Corinto.

Los hondureños que pretenden llegar hasta Estados Unidos no ignoran el riesgo de no poder pasar de México, cuyo Gobierno avisó el miércoles que no entregará salvoconductos para que los miembros de la nueva caravana puedan atravesar el país con destino a Estados Unidos.

“Simplemente no es México un país de tránsito solamente, no es un país que dé un salvoconducto, es un país que abre las puertas para incluir a las personas que quieran entrar y migrar a nuestro país pero de ninguna manera tenemos visas de tránsito o salvoconductos”, dijo a periodistas la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez.

A raíz de la crisis que se generó en 2018 cuando miles de centroamericanos llegaron a la frontera estadounidense, Washington amenazó a ese país con aranceles si no tomaba medidas para evitar la entrada de migrantes a su territorio.

Resultado de esas amenazas se puso en funcionamiento el conocido Programa para la Protección de Migrantes (PMM), por el que más de 56,000 personas han sido devueltas a territorio mexicano a que se resuelvan sus peticiones de asilo en cortes estadounidenses.

En la carretera del punto fronterizo de Agua Caliente, a un costado del edificio de control migratorio, Cindy Murillo, de 32 años, una vendedora de ropa usada, procedente de El Taladro, departamento central de Comayagua, ocultaba sus problemas jugando al fútbol, con hombres, con una pelota de plástico que lleva en su ligero equipaje.

Cindy es una más de las muchas mujeres hondureñas que son madre soltera. En su caso, con cinco hijos en edades de trece, once, ocho, cinco y un años. Del padre de sus hijos, dijo que vive en México.

Según relató a EFE, a sus hijos los dejó con su madre, y la razón por la que se va del país es “buscando un mejor futuro para nuestros hijos, porque en este país ya no podemos vivir”.

“Si trabajamos, pagamos renta, luz, agua, no nos alcanza para la comida, no creo que para lo demás. También tenemos que sustentar a nuestros hijos y es muy poco el salario que ganamos, a veces vendemos a veces no, entonces qué podemos hacer”, añadió Cindy, quien además dijo que desde hace dos años práctica el fútbol.

Este grupo de migrantes hondureños espera reunirse el viernes con el resto de la caravana en Guatemala desde donde  intentará cruzar hacia territorio mexicano.

Editado por Olga Luna con información de Jenny Corado y EFE

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