En busca del votante

La falta de participación de los votantes es síntoma de algo que no está bien.

La falta de participación de los votantes es síntoma de algo que no está bien. Crédito: Archivo / AP

Burbujas

Las estadísticas de los fenómenos sociales solo son útiles si se usa para entender, normar criterios, y tomar acciones correctivas. Eso, claro está, si no son tergiversadas por los intereses políticos, como sucede en muchas ocasiones.

El Annette Strauss Institute de la Universidad de Texas en Austin, y la Conferencia Nacional de Ciudadanía publicaron unos datos verdaderamente alarmantes sobre los porcentajes de votantes en el país.

El orgullo tejano no sale bien librado. Resulta que según los análisis de esas estadísticas, ocupa el último lugar, el 51 (50 estados y D.C.), en porcentaje de votantes registrados que decidieron no votar en las elecciones del 2010.

Según la catedrática en periodismo Regina Lawrence, de la misma Universidad de Texas en Austin, del 61.6% de la población que está registrada y aprobada para votar en Texas, solo lo hizo el 34.6%. Esto, en buen romance, quiere decir que sus políticos electos, aunque hayan ganado limpiamente, en realidad no representan a la población de Texas.

Y como el fenómeno se presenta también en otros estados, si bien no tan patético como el caso de Texas, no puedo menos que pensar que algo no anda bien en nuestra democracia, enferma de indiferencia, uno de los males más serios que puede padecer.

Por donde se le vea, la no participación de los votantes es síntoma de algo que no está bien. Me parece que el no votar es un voto negativo directo para los dos grandes partidos de este país. Podemos decir, generalizando un poco, que la gente prefiere no votar que dar su voto a los políticos que aparecen en las boletas, ya que son opciones muy limitadas que no les significan nada como para apoyarles.

Para este artículo he entrevistado a un gran número de latinos en Houston, de todos los niveles y ocupaciones, y, como veremos más adelante, cada grupo tiene sus razones particulares para no votar.

Todos estuvieron de acuerdo en que tanto republicanos como demócratas están interesados en el voto latino, pero no en sus problemas.

Los latinos no forman un grupo compacto de ciudadanos. Yo los divido, un tanto arbitrariamente, en un 70% de relativamente pobres, un 20% de clase media, y un 10% que han resuelto su problema económico.

Los del primer grupo, están dentro o muy cerca del límite de ingresos con el que en este país se califica la pobreza. Carecen de muchas cosas, entre ellas, una educación adecuada para sus hijos, que en altos porcentajes desertan de las escuelas para ayudar a sus padres trabajando y obtener ingresos que apoyen a la subsistencia de la familia. En este grupo hay muchos niños trabajando que deberían estar estudiando.

Sin querer dramatizar, si no cambia la situación, ese grupo de crecimiento rápido va a seguir en las mismas condiciones lamentables en las que vive actualmente.

¿Qué partido les ofrece una solución a su pobreza? Ellos votarían de seguro por alguien que se preocupara porque hubiera más empleos, mejor pagados y educación para sus hijos. No votar es parte de su protesta por la poca atención que reciben sus problemas.

Un país como los Estados Unidos, no se puede dar el lujo de tener una población tan importante en los límites de la pobreza.

Si analizamos a los integrantes del segundo grupo, del que han salido los grandes líderes de este país, la principal preocupación es tener recursos para enviar a sus hijos a las universidades, cuyas colegiaturas son absurdamente altas como si en lugar de servicio social fueran un negocio.

Todo alumno con altas calificaciones en la preparatoria debería tener acceso inmediato a las universidades, libre, fácil, y si sin costo.

Es a este grupo al que los partidos políticos le han dedicado más tiempo sin resolverles el problema arriba descrito, pero también aquí se presenta la falta de opciones. Además, esta población con mayor capacidad intelectual no cree en todas las promesas de campaña y detesta la violencia y el fanatismo con que se tratan los asuntos políticos entre los partidos.

El tercer grupo, quienes tienen suficientes recursos, están formando una especie de fraternidad de latinos ricos, pero, digan lo que digan, la discriminación persiste, y solo ha cambiado de cara porque son muy poco aceptados en los altos círculos de la sociedad estadounidense.

Este grupo participa votando por la opción que atiende a sus intereses particulares, sin importar si son quienes promuevan la solución de los problemas de los otros grupos.

Para colmo de todo, estamos confundiendo la reforma migratoria para regularizar a miles de indocumentados con las necesidades de los que ya son ciudadanos. Estas necesidades no se discuten abiertamente porque parece que se cree que el único problema que tienen los latinos es la regularización de los indocumentados y se olvida que los ya ciudadanos no se benefician en nada con dicha regularización, aunque el aspecto humano de la misma, sea de mucho interés para ellos.

En esto se ha llegado al grado de que las necesidades de los ciudadanos latinos ni siquiera se discuten en el Congreso, lo que entre otras cosas es una invitación para que ellos no voten. Pudiera ser que algunos latinos pensarán, si para los políticos no existo, ¿por qué les voy a dar mi voto para que ellos subsistan?

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