La importancia de la vitamina D en la salud intestinal y enfermedades crónicas
Influye en la composición de la microbiota intestinal y en la producción de péptidos antimicrobianos para controlar el crecimiento bacteriano

Además del sol, la vitamina D se encuentra en pescados grasos, lácteos fortificados, champiñones y huevos. Crédito: Evan Lorne | Shutterstock
La vitamina D ha emergido como uno de los nutrientes más estudiados en las últimas décadas, trascendiendo su papel tradicional en el metabolismo del calcio y la salud ósea para revelar conexiones profundas con sistemas corporales que anteriormente se consideraban independientes. Entre estas conexiones, la relación entre la vitamina D, la salud intestinal y las enfermedades crónicas representa un área de investigación particularmente fascinante y clínicamente relevante.
Históricamente conocida como la “vitamina del sol” por su síntesis cutánea mediante la exposición a radiación ultravioleta B, la vitamina D funciona más como una hormona que como una vitamina tradicional.
Su forma activa, el calcitriol, ejerce efectos pleiotrópicos a través de receptores de vitamina D (VDR) presentes en prácticamente todos los tejidos del cuerpo humano, incluyendo el tracto gastrointestinal.
Papel en la salud intestinal
La vitamina D es fundamental para la salud intestinal y la prevención de enfermedades crónicas por varios mecanismos clave. Participa activamente en el mantenimiento de la integridad y la función de la barrera intestinal a través de la estimulación de la producción de moco, la inhibición de la inflamación y la regulación de proteínas que mantienen la unión estrecha entre las células epiteliales intestinales. Esto evita el paso de sustancias y microorganismos nocivos, contribuyendo a una barrera intestinal saludable y funcional.
Además, la vitamina D influye en la composición de la microbiota intestinal y en la producción de péptidos antimicrobianos que ayudan a controlar el crecimiento bacteriano, favoreciendo un equilibrio microbiológico óptimo.
En cuanto a la regulación inmunológica intestinal, la vitamina D tiene un papel inmunomodulador crucial, promoviendo un balance entre tolerancia y respuesta inmune activa para evitar infecciones y procesos inflamatorios crónicos. A la vez, se ha observado que la deficiencia de vitamina D se asocia con alteraciones en la microbiota intestinal y puede favorecer la aparición de enfermedades inflamatorias intestinales y otras patologías crónicas.
La vitamina D está también relacionada con la prevención y el manejo de diversas condiciones debido a su función en la regulación del sistema inmune y la inflamación. Su insuficiencia se asocia con un mayor riesgo de enfermedades inflamatorias, autoinmunes, cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cáncer, debido a la pérdida de su efecto modulador de la respuesta inmunológica y del mantenimiento de la barrera intestinal, lo que puede aumentar la permeabilidad intestinal y la inflamación sistémica.
Puntualizaciones:
El papel de la vitamina D es relevante para la salud intestinal y juega una función protectora enfermedades crónicas a través de la regulación de la barrera intestinal, el equilibrio microbiológico y la modulación del sistema inmunológico.
- Mantiene la integridad de la barrera intestinal, estimula moco, regula uniones celulares, modula microbiota.
- Actúa sobre células inmunes del intestino, modula inflamación y respuesta inmune.
- Reduce riesgo de enfermedades inflamatorias, autoinmunes, cardiovasculares y metabólicas
Fuentes y deficiencia de vitamina D
Es conocido que la fuente primordial de la vitamina D a través de la exposición al sol. La misma se sintetiza en el cuerpo a partir del 7-dehidrocolesterol después de la exposición a la luz solar, pero este proceso también depende de la hora del día, la estación, la ubicación, el tono de la piel y la aplicación de protector solar.
Además, ciertos alimentos, como pescados grasos (salmón, atún, sardinas), lácteos fortificados, champiñones y huevos, así como algunos suplementos dietéticos, también la proveen.
Las personas con poca exposición solar, que viven en climas fríos, o que tienen ciertas enfermedades (malabsorción, enfermedad renal crónica, obesidad) tienen un mayor riesgo de deficiencia.
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