Homeboy Industries activa el ‘Callejón de la Esperanza’ en apoyo a los vendedores ambulantes
Brindan una mano amiga a las personas que tienen miedo de salir a las calles a vender sus productos por miedo a La Migra
Decenas de personas acudieron a Homeboy Industries para apoyar a vendedores ambulantes de Los Angeles, en el llamado "Callejón de la Esperanza". Crédito: Fotos: Jorge Luis Macías | Impremedia
Cada tercer viernes de mes, la pequeña calle Bruno de Los Ángeles se convierte en el “Callejón de la Esperanza”, donde la compasión y solidaridad de expandilleros y excarcelados se manifiesta con vendedores ambulantes indocumentados y sus familias.
El “Callejón de la Esperanza”, un proyecto que se desarrolló en colaboración con el Padre Greg Boyle, fundador de Homeboy Industries, es un espacio creado e inspirado para ofrecer apoyo a vendedores inmigrantes afectados por las redadas del ICE, mediante la promoción de la venta de comida y objetos para recaudar fondos.
La iniciativa implica invitar a los vendedores a trabajar en puestos rodantes donde la totalidad de ganancias son para ellos.
“La palabra más importante de estos esfuerzos es esperanza. Queremos ofrecer esperanza a los vendedores inmigrantes que están quedando en las casas por miedo de ICE”, declaró el padre Gregory Boyle. “Nosotros queremos hacer nuestra parte de ofrecer esperanza a ellos”.
El sacerdote jesuita analiza que tratar a otros seres humanos con tanta crueldad como si fueran animales, “no viene de ninguna persona que está saludable en sus cinco sentidos”.

“Nadie que esté en su sano juicio puede estar de acuerdo con este esfuerzo del presidente Trump”, añadió. “Están malitos, pobrecitos, porque no quieren ver a los demás como seres humanos con dignidad y que merecen su respeto”.
“Tenemos que salir a trabajar”
José M. López, un hombre casado con María Cortés y padre de cinco hijos ha estado varias veces en el “Callejón de la Esperanza”. Es propietario del puesto “Birria Los Amigos”.
“Ahora se me hace más difícil el trabajo, dijo Diaz, quien recibió ayuda de los “Homies”, María Santos y Romell Thomas en la entrega de las órdenes de tacos.
López, de 53 años, contó que desde su llegada a Estados Unidos ha trabajado en la cocina, en restaurantes y, con el paso del tiempo se le presentó la oportunidad de abrir su propio negocio, aunque las ventas se desplomaron desde 2025, como consecuencia de las redadas migratorias.
“Aunque muchos no tengamos papeles no tenemos que pensar en el miedo porque tenemos que salir a trabajar”, dijo el hombre nacido en Guadalajara, Jalisco.
Tres de sus clientes: Dave Vázquez, Cynthia Huizar y Anthony López valoraron la importancia de apoyar a los vendedores ambulantes de Ángeles y enfatizaron en la solidaridad comunitaria ante los ataques del gobierno federal en contra de las personas en situación irregular de estadía en este país.
“Vine a apoyar a la raza por todo lo que está pasando”, dijo Dave. “Me encanta apoyar a mi gente. Necesitamos ayudar a nuestra comunidad; necesitamos ayudarnos unos a otros porque el gobierno no lo va a hacer”.
El joven de 29 años agregó que el maltrato que reciben sus hermanos latinos no debería suceder, “porque todos vivimos en tierra robada [a los nativos americanos] y todos deberíamos ser tratados con igualdad”, dijo. “Todos merecemos la oportunidad de vivir en tierra robada”.
El privilegio de ser solidarios
Cynthia Huizar destacó que se sentía “privilegiada” de ayudar a sus “hermanos”.
“Son nuestra gente y hacen mucho por nosotros”, afirmó. “Todo lo que comemos a diario es preparada por ellos y todos tenemos la oportunidad de ayudar a los inmigrantes. Eso hicieron y nos enseñaron nuestros padres y abuelos de Guatemala”.
Huizar criticó el dictamen de septiembre de 2025 cuando la Suprema Corte de Estados Unidos emitió una decisión que allanó el camino para la discriminación racial durante las redadas y operativos migratorios, en base a la apariencia física, el idioma y acento de las personas.
“No está bien, porque no deben juzgarnos por nuestra apariencia o como nos presentamos”, dijo. “¿Sabes? Yo vengo de un entorno donde toda mi familia era pandillera. Mi abuelo era pandillero. Mi abuela vivía en el barrio. Pero ¿sabes?, quienes hoy somos ahora no justifica quienes éramos entonces”.
En una votación de 6 a 3 en el caso conocido como Vásquez Perdomo contra Noem, la Corte Suprema concedió una solicitud de emergencia de la administración Trump y suspendió temporalmente la orden de un juez de Los Ángeles que prohibía a las “patrullas itinerantes” capturar a personas en las calles de California e interrogarlas por su apariencia, idioma, trabajo o incluso su ubicación. Tanto un tribunal federal de Los Ángeles como el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito habían dictaminado que estas acciones constituían un perfil racial ilegal.
Anthony López también dijo sentirse privilegiado de cooperar para la causa de ayudar a los vendedores ambulantes.
“Gracias por la oportunidad. Es la primera vez que hago esto, estoy abierto a ello y espero tener más oportunidades de ayudar próximamente”, subrayó.
Rescatar la dignidad y el respeto humano
Shirley Torres, directora de programa de Homeboy Industries expresó que la movilización de recursos humanos en dicha organización sin fines de lucro en respaldo a la comunidad de vendedores ambulantes surgió de los propios “homies” [amigos] que quieren ayudar a sus hermanos que se están quedando en casa y viven con miedo.

“Queremos darles dignidad y respeto a todos quienes quieren ganarse la vida”, dijo. “El sueño americano es para todos. Por eso creamos y convertimos una cuadra en el Callejón de la Esperanza…No nos vamos a dar por vencidos”.
Entre tanto, José Arellano, quien comenzó su carrera en Homeboy Industries en 2013 como aprendiz y ascendió a vicepresidente de operaciones, donde lidera iniciativas organizacionales, manifestó que, como todos, observaba la injusticia que sucedía en contra de la comunidad inmigrante.
“Siempre hemos sido una organización que apoya a los marginados y a los demonizados, y sabíamos que teníamos que hacer algo”, dijo. “Pensamos en los vendedores ambulantes indocumentados, y eso nos conecta con la fuerza laboral que tenemos aquí. Sabíamos que nuestros colegas querrían participar y apoyar. Así que queríamos crear algo seguro y saludable para ellos, para que pudieran resistir”.
Resistir es lo que está haciendo María Chávez, originaria de Zapotiltic, Jalisco, una vendedora de chocolates, peluches, manualidades y arreglos florales.
“He venido a comprar una flor de corazón para mi novia”, dijo Juan Laguna. “Esta flor nunca se marchita”.

Al puesto de Marlene Jiménez, una inmigrante de Valle de Chalco, Estado de Mexico, arribó Mabel Gastelum para comprar un flan de vainilla.
“Apenas he vendido dos flanes, pero espero que llegue más gente a comprar”, expresó Marlene. “Tengo esperanzas de que me vaya bien al final de las ventas”.
Las mismas expectativas tenía Federico Díaz, un vendedor mangonadas, un postre helado de origen mexicano que combina pulpa de mango, chamoy, jugo de limón y chile en polvo, además de frituras: “Hace frio y eso hace que las ventas sean más difíciles”.
Díaz, de 42 años y oriundo de puebla, México, manifestó que “vivir con miedo es complicado”, aunque en el Callejón de la Esperanza es un área privada, a donde nunca podrían ingresar agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
“Entre semana, vendo en una calle Koreatown, ya van dos o tres veces que han estado cerca [los agentes enmascarados de ICE]”, reveló. “Pero, en cuanto nos informan, yo dejo el carrito estacionado en la calle y regreso dos o tres horas después hasta que ya se ido”.