Protejamos el más grande de los valores que se nos ha entregado, la libertad

Espero que Donald Trump solo se quede en un aviso

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Protejamos el más grande de los valores que se nos ha entregado, la libertad
Los candidatos Hillary Clinton y Donald Trump se midieron en Hofstra University.
Foto: Spencer Platt / Getty Images

Aunque parezca natural a los que hemos nacido y vivido en éstas, la democracia es un delicado tablado que se sostiene gracias a la responsabilidad de los líderes políticos, a la independencia de poderes, a la participación popular y a la prensa. Son todos estos factores sumados los que consiguen que unos a otros protejamos el más grande de los valores que nos ha entregado este sistema: la libertad.

La condición humana, aunque nos parezca extraño, repito, a los que hemos nacido y vivido en democracias, sucumbe en demasiadas ocasiones al deseo de un poder sin límites, en el que se sea dueño y amo del otro. Esto abarca desde el dictador que gobierna según su capricho, hasta pueblos que someten a otros pueblos, o razas que someten a otras razas, o sexos que someten a otros sexos. Así mismo, la condición humana también sucumbe a la necesidad de culpar a otro, o al otro, cuando las cosas no nos van como deseamos.

Con esto, un líder democrático, debe ser, ante todo, una persona madura, que se encuentre un escalón más arriba que la mayoría, en cuanto a sus ansiedades humanas. No obstante, se supone que, si por alguna razón se cuela un vanidoso o un déspota en las esferas del poder, para eso están los miembros de las otras instituciones, que lo ponen en su lugar.

Y, sin embargo, ya vemos como democracias hasta cierto punto estables, de repente se ven disminuidas por cismas en los que el dictador, consigue, apelando a todas las debilidades imaginables, o a la fuerza si no lo logra, ir poco a poco adueñándose de las instituciones, hasta que las pocas voces que quedan terminan presas, exiliadas o viviendo una persecución asquerosa.

Hasta hace poco yo, como me imagino que ustedes, veía pocas posibilidades de que un escenario así se presente en los Estados Unidos. Pero es que hasta hace unos poquísimos meses, también veíamos mínimas posibilidades de que un tipo con el carácter y las (si así se les puede llamar) ideas de Donald Trump, fuese el candidato del Partido Republicano.

Y allí está, ungido en su Convención, la persona más irresponsable que alguna vez haya sido candidato para el cargo más alto de esta república. Y no es que esté ni que sea. Es que millones de personas, entre esos todavía muchos líderes de su partido, hoy todavía lo siguen y lo aplauden, incluso, cuando dice que solo aceptará los resultados de la elección, si gana. Si no, es culpa del otro, que se la robó.

Donald Trump enmarca todo lo que un líder de una democracia no debe ser. Hasta en su acusación de amaño, hay un componente racista, en el que, otra vez esgrimiendo la carta del otro, desvaría diciendo que se pretende que millones de personas que no son ciudadanas, voten.

Estamos ante alguien que no solo exalta el odio, sino que exacerba el resentimiento hacia el país. Ante una persona incapaz de aceptar la responsabilidad de sus actos.

Si para mí es difícil, que nací y crecí en otra nación cuya democracia no se asemeja al ejemplo mundial de ésta, imagino lo que será para los que siempre han vivido entre estas fronteras, entender que exista la posibilidad de que todo esto se pierda.

Espero que Donald Trump solo se quede en un aviso. Pero pase lo que pase, para que una persona así haya llegado donde hoy está, toda una cadena de hechos, omisiones y condiciones, tuvieron que darse durante mucho tiempo.

A ver de qué madera estamos constituidos, todos nosotros, que nos ha tocado la responsabilidad histórica de corregir esto.

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