Impunidad, corrupción, hartazgo e incultura política: lo que hay detrás de los saqueos en México

Expertas en el tema analizan las razones de por qué las protestas sociales en México terminanan en saqueos.

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Impunidad, corrupción, hartazgo e incultura política: lo que hay detrás de los saqueos en México
Los recientes casos de saqueo en México son producto de vivir en un país donde no pasa nada.
Foto: EFE

MÉXICO.- En la Ciudad de México, la zona conurbada y todo el país hay millones de tiendas: de autoservicio, joyerías, automotrices, ropa, calzado y librerías; sin embargo, los manifestantes pasaron a la mayoría de largo y centraron su objetivo en las pantallas planas de televisión y otros electrónicos.

Hombres y mujeres sudorosos corrieron envueltos en chamarras para evitar que las cámaras registraran su rostro y quedar en el anonimato, en la masa sin nombre que roba con el pretexto de que funcionarios corruptos robaron años atrás el dinero público que debió destinarse a la creación de refinerías que hubieran evitado hoy la importación de gasolina y el alza de los precios.

“Lo que pasó con los últimas horas es el resultado de una perversión, tanto del gobierno como de la sociedad (unos se llevan el dinero, el petróleo; otros, los electrónicos, según sus conveniencias)”, advierte Sandra Soria, socióloga de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM). “Y detrás de todo, está la ley que no se cumple y que es la esencia de los problemas de México: la impunidad”.

Porque si ayer acusan a un exgobernador como Javier Duarte (y muchos otros) de desviar millones de dólares y este huye sin ser detenido, es el mejor ejemplo de que se puede atracar, de que se puede dar mordidas o vender el voto y no pasa nada: cinismo puro, observa Eugenia Legorreta, antropóloga y analista social de la Universidad Iberoamericana.

“Constantemente, vemos noticias de funcionarios que viajan en aviones privados, que compran casas en Estados Unidos mientras son acusados de corrupción y luego vienen a decirnos que no hay dinero y que el costo de la gasolina debe subir el 20% por eso: es la por manera de hacer las cosas”.

Tanto Soria como Legorreta coinciden en que lo más preocupante es la falta de una cultura inteligente de la protesta: por todo le echan la culpa de todo al presidente Enrique Peña Nieto y eso diluye la responsabilidad que tienen ciertas personas o grupos políticos de manera directa y evita el esfuerzo de investigar a fondo los problemas.

“A todos les conviene que haya un gran culpable moral porque las cosas no pasan de ahí”, destaca la analista de la Ibero. “Lo que observamos es que no hay una consigna política articulada sino gente oportunista que saquea, aprovechando el caos y la inconformidad, sin hilvanar agravios, sin brújula ni organización”, concluyó Soria, de la UNAM.

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