En San Fernando no están ‘tranquilos’

Tamaulipas registra de las más grandes masacres en México

SAN FERNADO, México (EFE).- Los habitantes del pueblo mexicano de San Fernando se están acostumbrando a ver soldados por todos los rincones del lugar pero, pese a ello, dicen no sentirse “tranquilos”, ya que creen que los narcos solo se han replegado y temen que regresen cuando se reduzca la presencia militar.

En San Fernando, municipio ubicado en el estado de Tamaulipas (en el noreste de México), a unos 130 kilómetros de la frontera de Estados Unidos, se han registrado las peores masacres en la espiral de violencia que actualmente registra México y que ha causado la muerte a cerca de 50 mil personas.

Durante el 2010, esta localidad sufrió una “narco guerra” protagonizada por Los Zetas y el Cartel del Golfo, cuya huellas aún se pueden ver por todo este pueblo, donde viven cerca de 30 mil personas.

En este año se produjo la masacre de 72 inmigrantes centroamericanos y el descubrimiento de una fosa con más de 230 cadáveres; además, decenas de pobladores siguen desaparecidos.

“La situación ahora ya está más tranquila”, dijo a Efe un agricultor que todos los días recorre en su camioneta un estrecho camino sin pavimentar para llegar a la carretera Méndez-San Fernando.

En los alrededores se encuentran abandonadas varias camionetas quemadas, algunas con disparos de arma de fuego, muestra de las batallas que protagonizaron las dos organizaciones criminales.

En la entrada al pueblo también se puede ver un concesionario de automóviles incendiado, con disparos de armas de grueso calibre y marcas en el suelo por estallidos de granadas.

Los Zetas y el Cartel del Golfo se disputaban el pueblo ya que, a pesar de ser pequeño, es estratégico para el trasiego de la droga que llega desde Centroamérica.

“San Fernando es un nudo de carreteras”, señaló el general Miguel Ángel González, comandante de la Octava Zona Militar del estado de Tamaulipas.

Al pueblo llega una de las rutas de droga más importantes que viene desde el sur, para desde aquí diversificarse a varios puntos de la frontera con Estados Unidos a través de decenas de carreteras y caminos vecinales.

Una mujer que solicitó el anonimato contó que durante el periodo de la “narco guerra” las bandas rivales estuvieron secuestrando “entre 7 u 8 personas por semana”, ya que existía un gran número de jóvenes involucrados con los cárteles.

“Si no estuviera el ejército, el crimen organizado regresaría”, agregó la mujer que precisó que los narcotraficantes se han replegado a los pueblos aledaños.

Desde que se produjo la masacre de inmigrantes en agosto de 2010, fueron enviados más de 1.500 efectivos del ejército; 100 de ellos ahora hacen la función de policía y agentes de tráfico, porque los policías locales fueron detenidos por colaborar con Los Zetas.

A pesar de que se pueden ver patrullas militares por todos los rincones del pueblo, sus habitantes dicen “no sentirse cien por cien seguros”.

“No podemos estar tranquilos porque aún existen mujeres que reportan a los narcos todo lo que ven y escuchan”, aseguró un estudiante universitario.

Los entrevistados contaron que después de que los Zetas se quedaran con el pueblo, Martín Omar Estrada, alias “El Kilo”, controlaba a la policía, compraba autoridades y amenazaba a otras para quedarse como “dueño absoluto”.

El Kilo fue el responsable directo del asesinato de los 72 inmigrantes así como del secuestro y muerte de 236 personas que viajaban en autobuses que pasaban por San Fernando.

Grupos de sicarios aguardaban a los autobuses de pasajeros provenientes de estados del sur y los revisaban para vigilar que no ingresaran asesinos de grupos rivales, contó a la policía Federal Edgar Huerta, antiguo lugarteniente de la zona.

“‘El Lazca’, jefe máximo de los Zetas, ordenó que los investigáramos y si tenían algo que ver, que los asesináramos”, agregó Montiel en su interrogatorio con la policía quien explicó que se investigaba a la gente por el lugar de donde venían y por los mensajes en sus teléfonos para saber si estaban involucrados.

“A los que no, El Kilo los soltaba y a los otros los mataba”, indicó Montiel.

Los detenidos eran trasladados a una bodega abandonada a 17 kilómetros de San Fernando y allí, acostados boca abajo, se les disparaba ráfagas de fusiles de asalto.

Ahora, aseguran los habitantes de San Fernando, aún faltan por localizar los cuerpos de las decenas de personas que fueron desaparecidas durante los meses que duró la “narco guerra” por la plaza.