No es siempre fiesta

Las celebraciones llegan acompañadas de tristeza y depresión

Todos los años, a principios de noviembre, a Olga González la consume una tremenda tristeza.

El pasado dos de noviembre, cuando se celebró el Día de Muertos en México, la inmigrante mexicana tenía su agenda repleta de actividades. Quería mantenerse ocupada y evitar que le regresara ese sentimiento, del que hasta hace poco se percató, se debe en gran parte a la nostalgia que siente por estar lejos de sus seres queridos y de su país durante las fiestas de noviembre y diciembre.

Además, hace cerca de cinco años le diagnosticaron depresión, condición que, dice, se agravó hace dos años, poco antes de la Navidad. Su papá había fallecido meses antes y se lamentaba de no haber podido ir a México a su funeral. No tenía sus papeles migratorios en regla y no se quiso arriesgar. Fue a parar al hospital de emergencia de lo mal que se sentía.

“El pensamiento de que te vas a morir nunca se te va. Por ejemplo, si me dolía la cabeza sospechaba que tenía un tumor. Siempre me sentía muy enferma como que me iba a dar el soponcio”, recuerda González, madre de tres hijos y quien reside en Rodeo, California.

Aclara que aunque ya superó la depresión, es inevitable extrañar en estas fechas cómo celebraba con su familia las fiestas en su natal Nayarit.

El psicólogo Manuel Yániz de Gardner Family Health Network en San José, señala que es común que se presente una caída significativa en el estado de ánimo de los inmigrantes en esta época de fiestas, que para muchos empieza con el Día de Acción de Gracias. Sin embargo, aclara, eso no es necesariamente una señal de que sufren de depresión.

“Los inmigrantes pueden experimentar sentimientos de soledad, añoranza, abandono y pena, por haber perdido seres queridos”, añade el psicólogo. Enfatiza que hay que estar muy pendientes de quienes ya padecen de depresión porque, tal como le pasó a González, esta se puede agudizar durante estos meses.

Según Yániz, la depresión en esta época afecta particularmente a dos grupos de inmigrantes: a las personas de la tercera edad, que están solas y a los jóvenes solteros sin lazos familiares, que se encuentran aislados y no tienen amigos.

Para combatir los sentimientos de tristeza, Yániz tiene varios consejos.

“Cuando nos entren los pensamientos negativos es importante detenerse y sacudir esos moscardones y no dejarlos que zumben en la mente. Hay que quitarlos de inmediato, ocupándonos en otras cosas, como lavar las ventanas o ir a la tienda”, especificó el especialista.

Insiste en que es clave llevar a cabo las actividades del día a día y otras que resulten placenteras.

Y para luchar, específicamente contra la idea del abandono y la soledad, recomienda intensificar las relaciones humanas.

“Pueden hablar con el vecino, organizar actividades sociales, ir a la iglesia o jugar futbol”, explicó.

El psicólogo Ricardo Carillo, del programa Cultura y Bienestar de la Clínica de la Raza de Oakland, enfocado en la prevención de los problemas de salud mental entre los inmigrantes, está de acuerdo con Yániz. “Si estás solo estás en mala compañía”, dice.

Al igual que Yániz, exhortó a los inmigrantes a buscar compañía cuando se sientan tristes. Les recomienda que creen su propia “comunidad” si carecen de amigos o familiares cercanos. Eso lo pueden lograr dice, asistiendo a programas u organizaciones comunitarias que ofrecen diferentes servicios para los inmigrantes. Allí podrán encontrar apoyo y relacionarse con otras personas.

Entre otros consejos que compartieron los especialistas se incluyen: dormir bien, llevar una alimentación equilibrada y sana y mantenerse en contacto con los seres queridos que viven lejos.

Olga González, quien es voluntaria en una clínica de salud, afirma que el mantenerse ocupada y el cambiar de actitud han sido clave para que no la venza la tristeza. Aunque reconoce que la terapia la ayudó, dice que su fuerza de voluntad ha sido fundamental. “Si se me viene un pensamiento negativo me voy a caminar o me salgo a hacer alguna actividad. También como bien y me rodeo de amistades que tienen una actitud positiva”, comparte esta mujer de 43 años.

Pedir ayuda

Algunas señales de que una persona padece de depresión incluyen las siguientes, de acuerdo a Yáñiz: aislamiento, no comer bien, dificultad para dormir, perder el interés en actividades que antes solía hacer, empezar a beber alcohol (cuando nunca lo hacía o más de lo habitual), así como sentir que le falta sentido a la vida y tener pensamientos suicidas.

Y aunque es menos común, indica que también pueden presentarse algunos síntomas físicos como dolores de espalda o en diferentes partes de cuerpo.

Si todas esas señales duran más de dos semanas “ya es un momento de pedir ayuda”, indica el experto. Acepta que el estigma que existe en torno a la salud mental, puede ser una barrera para que los inmigrantes pidan ayuda. Sin embargo, enfatiza que “no es ninguna vergüenza pedir ayuda y sí la hay”.

Las diferencias culturales en torno a las fiestas decembrinas y del Día de Acción de Gracias, también pueden afectar el estado de ánimo de los inmigrantes en esta época, asegura el doctor Carillo. En Estados Unidos, la época de fiestas, opina, es “puro comercio” mientras que en los países de América Latina se enfocan más en la celebración y en pasarla en familia. “Si no tienes dinero para comprar regalos, claro que te vas a sentir mal”.

Debido a la difícil situación económica por la que atraviesa el país y que afecta enormemente a los inmigrantes, muchos pueden sentirse “fracasados” al no poder enviar dinero a sus familiares o comprar regalos para la Navidad, expresa Yániz. “Pero no se preocupen mucho por los regalos. El no tener recursos no es ninguna desgracia. Una capirotada o tamales vale tanto como comprarle al niño un carro de 35 dólares”, agrega al experto.

Menciona que una buena alternativa para comprar regalos seminuevos o nuevos pero más económicos, son las tiendas de segunda mano. O bien, pueden acudir a los eventos especiales u organizaciones que ofrecen regalos gratis durante la temporada navideña para las familias de bajos recursos.