Por una salida pacífica

Los indignados de Occupy LA llevan 56 días acampando en el parque frente a la alcaldía y el concejo municipal. En ese período los manifestantes alzaron su voz y fueron escuchados por las autoridades locales, en donde una gran cantidad simpatizó con la causa global de la injusticia del sistema económico. ¿Y ahora qué?

Es hora de buscar otras vías para mantener vivo el mensaje. Y ese camino no pasa por un final violento para lo que ha sido un ejemplo de tranquilidad durante los casi dos meses de protesta pacífica.

La ciudad dio el plazo hasta la medianoche del domingo para la evacuación del parque. Desde ya es necesario que tanto la policía actúe con un extremo autocontrol, como que los manifestantes no entren en acciones agresivas para provocar la represión policial y seguir de ese modo una narrativa radicalizada que solo sirva para aislar aún más al movimiento de la clase media.

Desde un inicio nos identificamos con la frustración que impulsó el movimiento de protesta en su crítica a las políticas económicas e impositivas, las que condujeron a una gigantesca brecha de riqueza como nunca se ha visto en Estados Unidos. Creemos que la senda del cambio es “ocupar las urnas” en las elecciones, apoyando a candidatos honestos con propuestas importantes.

Sin embargo, todavía está por verse cuáles serán las repercusiones políticas y el futuro de un movimiento unido por la protesta, pero dividido en sus prioridades. La lista de 10 exigencias presentadas a la ciudad por los manifestantes como condición para abandonar el predio municipal refleja una agenda idealista, pero poco atada a la realidad del gobierno municipal.

Esperamos que la protesta de Los Ángeles siga siendo un buen ejemplo de colaboración entre autoridades y manifestantes, en vez de desembocar en las escenas violentas vividas en Oakland y otras ciudades de la nación.

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