window._taboola = window._taboola || []; var taboola_id = 'mycodeimpremedia-laopinion'; _taboola.push({article:'auto'}); !function (e, f, u, i) { if (!document.getElementById(i)){ e.async = 1; e.src = u; e.id = i; f.parentNode.insertBefore(e, f); } }(document.createElement('script'), document.getElementsByTagName('script')[0], '//cdn.taboola.com/libtrc/'+ taboola_id +'/loader.js', 'tb_loader_script'); if(window.performance && typeof window.performance.mark == 'function') {window.performance.mark('tbl_ic');}

Encuentro con la vida

Somos siete mil millones de habitantes, dato Naciones Unidas. Suelo preguntarles a algunos de mis prójimos cómo fue su primer contacto con la vida.

Uno vive cómodo en ese hotel de cinco estrellas llamado “hotel mamá” y de pronto, pum, descubre que está en la pasarela mundo.

Durante los primeros años vivimos en una especie de deliciosa patria boba infantil en la que no sabemos de donde somos vecinos. Pero el reloj biológico nos regala segundos que uno tras otro van haciendo la vida, hasta que, de pronto, nos damos cuenta de que hacemos parte del paisaje.

Les comparto algunos testimonios de personalidades que accedieron a compartir su primer frente a frente con la vida:

Humberto de la Calle Lombana, exvicepresidente de Colombia, exembajador, exministro: “Como vivíamos en una edificación inmensa, digamos que mi primer recuerdo se centra en la infinitud de los espacios, el misterio del laberinto y la pasión por las máquinas, porque mi hermano mayor andaba todo el día en un triciclo desvencijado”.

“Mi primer recuerdo en este mundo es un bombardeo que mis padres disimularon diciéndome que estaban clavando caramelos en las paredes. Yo no había cumplido cuatro años”. (Doña Ana María Busquets de Cano, viuda del asesinado director del diario El Espectador).

El hermano Andrés Hurtado, educador, cazador de arco iris, periodista, fotógrafo, empezó a tutearse con la vida “a los tres años y pico cuando me fui de casa buscando el nacimiento de un río. Me encontraron casi muerto de hambre y de frío. Y sin saber cómo nacen los ríos”.

Como laureado poeta, Juan Manuel Roca miente en prosa y en verso. Cuenta sobre ese primer deslumbramiento: “Estaba hibernando. Alguien interrumpió mi sueño. Lo que se volvió una pésima y reiterada costumbre a lo largo de mi vida”.

Francisco Maturana, odontólogo anónimo sin muchas cirugías dentales en su hoja de vida, filósofo del fútbol, técnico de varias selecciones, evocó el primer contacto con su entorno: “Mi mamá y su preocupación por darme todo”.

Darío Silva Silva, pastor de la Iglesia Casa sobre la Roca, liberal ayer, teólogo hoy, fue breve como un haikú: “Mi abuelo a caballo”. Y se fue a salvar almas.

“La falda de mi mamá ondeando a la altura de mis ojos, mientras caminábamos”. (Jorge Franco, escritor autor de novelas como Rosario Tijeras, llevada al cine)

Bernardino Hoyos, el periodista cultural por excelencia en Colombia, paisano de los poetas Barba Jacob y de Darío Jaramillo Agudelo, director de la Emisora de la Tadeo, se remite a su infancia en Santa Rosa de Osos, Antioquia: “Un temblor de tierra hacia las once de la noche. Todo el mundo salió de la casa. ¡Volvieron por mi cuando había pasado el temblor!”.

Pilar Bonnett, poetisa, novelista, maestra: “Buceo en mi conciencia, buscando mi recuerdo más antiguo y sé, a mis tres años, que he tenido un hermano, que hay una vitrola que suena, que mi madre dice ‘hace calor’, que me envía a tomar aire afuera, en brazos de la dentrodera”.

Pido permiso para ponerme al lado de tan ilustres constituyentes y contribuyentes primarios para echar mi cuento. Abro los ojos en la huerta de mi casa en una acuarela llamada Versalles, un pueblito de mi tierra colombiana, y me encuentro con un estupefacto espantapájaros, triste por el oficio que le impusieron.

En reciprocidad, desde hace años, un espantapájaros de paja, comprado en el mercado de las pulgas, me hace dulce compañía, en competencia con el ángel de la guarda que me tocó en reparto. ¡Pobre ángel!

Contenido Patrocinado