El narco en el 2012

El traspié de Enrique Peña Nieto, conocido como el “Gelboy”, acaparó en los últimos días la atención pública dejando a un lado temas de mayor trascendencia para México.

En primer lugar la nota publicada el sábado pasado por el diario The New York Times en donde revela que agentes encubiertos de la DEA lavaron e introdujeron millones de dólares procedentes del narcotráfico a México como parte de su lucha contra los cárteles de la droga.

Dichos agentes cruzaron en ambos sentidos de la frontera grandes cargamentos de dinero sucio con el fin de identificar los movimientos de efectivo de las organizaciones criminales, sus inversiones, activos y principalmente quiénes y dónde se encuentran sus líderes.

Si a muchos sorprendió el ingreso de armas a México que realizó el gobierno norteamericano a través de la Operación Rápido y Furiosos, pues ahora quedamos boquiabiertos al conocer esta estrategia policíaca que evidencia la ineficiencia azteca para combatir el lavado de dinero.

Pero además deja en entredicho la soberanía de México toda vez que en 1998 se prohibieron estas operaciones cuando fueron descubiertos varios agentes de la DEA trabajando sin autorización. Operativos similares se realizan en muchos países del mundo, pero no en México hasta los años recientes cuando el presidente mexicano Felipe Calderón inició la guerra contra los zares de la droga y el crimen organizado.

En la publicación no quedan del todo claro los pormenores ni los resultados de tales actividades. En el caso de México se transporta dinero confiscado al narcotráfico para introducirlo de distintas maneras a las redes de negocios y operaciones de las mafias. El movimiento de dólares se realiza en ambas direcciones de la frontera y se ‘inyecta” con la ayuda de los agentes infiltrados en los negocios de los narcotraficantes.

Pero no hay datos concretos sobre el éxito o fracaso de estos operativos que esperamos no terminen como la Operación Rápido y Furioso. Sería el colmo que parte de la fortuna de alguno de los grandes capos mexicanos provenga de dinero lavado por la DEA.

La información del New York Times levantó mayor revuelo en Estados Unidos que en México, en donde la fracción republicana del Congreso inició una investigación para conocer los alcances del operativo y verificar que no se hayan violado las leyes internacionales.

A estas alturas del partido no resulta fácil pedir cuentas al gobierno norteamericano sobre sus intromisiones en México y no creemos que el presidente Felipe Calderón se atreva a hacerlo en el último año de su gobierno.

Pero sí puede poner reglas claras en estas acciones y sancionar a quienes no cumplan los acuerdos como evidentemente ocurrió cuando se traficaron más de dos mil armas a México.

El segundo tema trascendente fue precisamente el llamado insistente de Calderón para vigilar que el crimen organizado no meta sus narices en el proceso electoral del 2012.

El mandatario denunció, en tono molesto, las infiltraciones del narco en las recientes elecciones de Michoacán en donde hubo amenazas abiertas contras votantes para que no favorecieran al PAN.

Pudiera parecer que Calderón exagera y que respira por la herida ante la derrota electoral de su hermana en dicha entidad, pero dicho por un presidente en funciones con tal vehemencia y convicción, el tema merecería al menos ser considerado y analizado con mayor profundidad.

Para nadie es un secreto que el poder del narcotráfico ha avanzado en México a pesar de los embates y las 48 mil muertes de este sexenio, por ello nada extraño ni remoto sería que intente a toda costa colocar a un incondicional en Los Pinos como ya ocurrió en otros países de América Latina en los últimos años.

Ya veremos si el llamado de Calderón prospera o queda inmerso en este enredado clima electoral.