Muerte de migrantes cambia recolección de basura en LA

Transportistas de residuos tendrán que obtener nuevos permisos

Una delgada mascarilla cubría la boca y nariz de Armando Ramírez, de apenas 16 años, cuando entró a limpiar un túnel de drenaje en un vertedero de basura cerca de Bakersfield, a dos horas al norte de Los Ángeles. No pasó mucho tiempo para que empezara a respirar la muerte.

Sin la debida protección, Armando inhaló los gases tóxicos que emanaban del drenaje y se desmayó. Cuando su hermano, Eladio, de 22 años, se dio cuenta de lo que pasaba no dudó en bajar al túnel para tratar de rescatarlo, pero también perdió el conocimiento. Ambos fallecieron en un hospital.

La muerte de los hermanos Ramírez, cuyos cuerpos descansan en un cementerio de su natal Oaxaca, ha sido considerada por el Ayuntamiento de Los Ángeles para reformar el sistema privado de recolección de desechos, que cada año envía a distintos vertederos cuatro toneladas de desperdicios de comercios, escuelas, hospitales, industrias y complejos de apartamentos.

¿Por qué el municipio tomó este caso como propio? Porque el tiradero de Lamont, donde laboraban Armando y Eladio, recibe gran parte de la basura que produce Los Ángeles.

“Es triste haber perdido a dos empleados que aunque no trabajaban directamente para el municipio siento que eran parte de la familia de Los Ángeles, particularmente el joven de 16 años que sólo estaba protegido con una mascara de cirujano cuando entró al túnel con gases tóxicos”, expresó el concejal Richard Alarcón, concejal del Valle de San Fernando.

Hace unos días, el Concejo Municipal acordó notificar a los transportistas de basura que en cinco años cambiará el sistema de recolección de residuos en el sector privado. Esto significa que las 145 empresas que actualmente negocian directamente con sus clientes tendrán que enviar sus propuestas de contrato al Ayuntamiento para recibir el visto bueno.

En otras palabras, el gobierno angelino decidirá quién entra y sale del negocio. La idea es exigir a las compañías que utilicen camiones ecológicos, imponer normas sanitarias y de seguridad más estrictas, mejorar el esquema de reciclaje y establecer cuotas de franquicia que generen ingresos públicos.

“Esta es una oportunidad de revisar todo el sistema”, enfatizó Alarcón, quien indicó que también les permitirá elevar los niveles de reciclaje y no depender de los “mínimos” estándares estatales.

Además, la ciudad podrá coordinar las rutas de los camiones recolectores (se ha detectado que en una zona operan varias empresas) y creará más empleos conectados a la industria del reciclaje, porque les pedirán que dejen de colectar la basura con un solo contenedor.

“Es un secreto ‘sucio’ que la mayor parte del tiempo los negocios pequeños quieren reciclar pero no pueden”, dijo Leslie Campbell, consultante de la campaña Zero Waste.

Pero no todos han aplaudido la ordenanza. Según la Asociación Central City, que representa a negocios del centro de Los Ángeles, esta medida dejará fuera a las pequeñas empresas recolectoras. “Reducirá la competitividad; es una mala idea”, afirmó Ann Williams, representante del grupo.

Para María Elena Durazo, secretaria-tesorera de la Federación de Sindicatos del condado de Los Ángeles, el triunfo más importante de dicha iniciativa será que las compañías recolectoras cuiden más a sus trabajadores.

La muerte de los hermanos Ramírez, señaló la dirigente sindical, fue innecesaria y no debe ser olvidada. “Los empleados de esta industria necesitan protección”, recalcó.