¿De quién es la culpa?

Me impresiona mucho que la gente repita que el hecho que haya salido a la superficie la ignorancia profunda de Enrique Peña Nieto se debe al descuido de sus asesores que debieron haberlo preparado para ir a una feria del libro, ellos debieron haber previsto que alguien le preguntaría sobre libros. En parte es cierto que los asesores deben pensar en todo tipo de escenarios y situaciones que sus asesorados enfrentarán, pero como bien dice el dicho, lo que natura non da, Salamanca non presta. Si un político está mal preparado, si no puede recordar de que murió la esposa –y sobre el tema hay acusaciones muy serias-, si no puede mencionar ni siquiera un libro que lo haya impactado, si no sabe cuánto cuestan los productos básicos, no hay asesor que haga posible hacerlo ver de otra manera.

Mejor corrijo. Conocí a una persona que me buscaba por un libro que escribí, su trabajo era ir a las librerías, buscar novedades, leerlas y entregarle una reseña al presidente de la república, quién con solo leer un par de cuartillas bien escritas, podía mostrar que estaba al tanto de lo que se escribía y hasta parecer medianamente culto. ¿Es lo que necesitan los políticos? Sin duda. Por lo menos para estar algo enterados de la producción académica e intelectual en el país y el mundo. Ojalá que nadie le pregunte a Peña quién es el último premio Nobel en literatura, porque dirá que la oposición quiere aprovecharse de sus dislates, y mal haría la oposición en no aprovecharse de su ignorancia, como ha hecho con todo oportunismo Cordero, al jugar con el dislate de la hija de Peña, lo que no disculpa los dislates de Cordero.

Por desgracia no se trata solamente de la ignorancia de los políticos, a veces también de su descuido. El gobernador de Guerrero estaba –según ciertas columnas de chisme político- ocupado en un brindis, cuándo sus policías fueron a atender una protesta de estudiantes, llegaron armados con armas largas, las dispararon, mataron a dos estudiantes y obligaron a uno de ellos a disparar para culparlo por los disparos. Me imagino que trataban de mostrar que los estudiantes habían provocado a los policías y a éstos no les “quedo más remedio” que responder al fuego, porque su vida corría peligro.

El gobernador despidió al secretario de seguridad pública, al procurador y culpó a los policías por no seguir el protocolo que indica que no se llevan armas largas a una protesta, aunque no queda claro, en qué circunstancias las policías municipal y estatal deben cargar armas largas, y en qué circunstancias pueden disparar. Porque uno va por las calles en Guerrero y ve vehículos cargados de soldados o policías de todos los niveles con armas largas.

Al parecer la guerra de Calderón ha contaminado la conducta de los policías quienes ven a cualquiera como enemigo y se apresuran a liquidarlo con presteza. En la guerra los derechos se reducen, la capacidad de protestar y quejarse se limita y las policías empiezan a pensar como soldados, los que primero disparan y luego preguntan.

El gobierno se ha apresurado a criticar a los estudiantes, a remarcar que esa escuela normal está politizada y bajo la influencia (horror) de un grupo de izquierda. Aceptemos que en efecto la lucha estudiantil se basa en demandas incorrectas e indebidas, que los métodos del grupo político dominante son inadecuadas, y preguntemos, por qué razón el gobierno no ha sido capaz de manejar políticamente esas posturas, y por qué llegamos al punto en que los estudiantes deciden bloquear una carretera y el gobierno reacciona como si se tratara de delincuentes muy peligrosos causando dos muertes.

En este México turbulento pocos esperan que se haga justicia, o aunque sea que se aplique la ley, pero por lo pronto los gobiernos se avientan la bolita. El gobierno estatal ordenó que 10 policías se pongan a disposición de la Procuraduría General de la República y están investigando a 14 federales, lo que ciertas plumas alquiladas critican, porque criticarán todo lo que haga la oposición. Siempre hay la posibilidad que el investigar a policías sea una cortina de humo para ocultar la verdad. En Chihuahua apareció la pistola que mató a Maricela Escobedo pero no sabemos ni dónde ni cómo, a la mejor hasta ahí llegue la investigación sobre ese crimen.

Mientras hay que ver a la realidad del país con atención. Cada día hay más protestas, más muertos, más violación a los derechos humanos, más intranquilidad, mientras Calderón envía a su equipo a ganar posiciones legislativas y protección política y le reclama a la sociedad su responsabilidad para tranquilizar al gallinero que alborotó.

Pero paciencia, ya le falta menos de un año a la pesadilla. ¿Empezará la nueva?