Prohibiendo el pasado
El lado mexicoamericano de la historia de Arizona es ilegal en ese estado. El pasado es imborrable, pero sí puede prohibirse censurando su enseñanza, eliminando las páginas que son consideradas desagradables para una mayoría.
El fallo reciente de un juez administrativo confirmó la decisión del superintendente John Huppenthal, del Distrito Escolar Unificado de Tucson (TUSD), indicando que los estudios mexicoamericanos violan una nueva ley estatal. Tanto para el magistrado, como para Huppenthal, el actual programa que se enseña en Tucson “promueve el resentimiento racial”, está diseñado principalmente para un grupo étnico y “promueve la solidaridad étnica en vez de tratar a los alumnos como individuos”. Todo esto prohibido por la nueva legislación.
La ola nativista que en Arizona condujo a querer cambiar el presente, persiguiendo a los indocumentados -y los latinos que sean sospechosos de serlo-, ahora pretende renegar del pasado al establecer una historia oficial donde no existe ni punto de vista ni vivencias mexicoamericanas.
Ahora parece que la historia del 28% de la población de Arizona, que es mexicoamericana, estará contada para no ofender a los que un día discriminaron y maltrataron a las minorías.
Ahora el superintendente escolar tiene las manos libres para hacer cumplir la ley, mientras que la junta escolar -dividida precisamente por este tema, junto a otros- debe decidir el futuro de los estudios mexicoamericanos. El TUSD puede perder el 10% mensual de sus fondos estatales hasta no hacer que los cursos cumplan con la ley.
Es absurdo el argumento que culpa a la enseñanza de los estudios mexicoamericanos como la responsable de promover resentimiento o solidaridad étnica. Esto se logra con las políticas discriminatorias como las de la ley SB1070 y con el ejercicio abusivo del poder por las autoridades contra los latinos como en el caso del Sheriff Joe Arpaio.
Si Arizona resolviera su presente no le tendría tanto miedo al pasado.