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Un año para el olvido

El 2011 fue un año muy complicado para los californianos que en el 2010 apostaron a que el regreso de Jerry Brown a la gobernación era la solución a los males del estado. Sin embargo, el estado actual de ingobernabilidad de California es tal que ni siquiera la larga experiencia del gobernador hizo mella.

Las dificultades económicas de California no cesaron en el 2011. El desempleo permanece en un nivel demasiado alto y los embargos de hogares siguen dejando gente en la calle. Es improbable que la economía se recupere mientras persistan estos dos factores.

Es cierto que las expectativas sobre Brown eran altas, y en un sentido poco realistas, al pensar que la figura y la habilidad de maniobra del nuevo gobernador podrían romper el estancamiento que tiene paralizado a Sacramento mientras que el estado se hunde en los números rojos.

Brown no dudó en realizar serios recortes en el presupuesto y hasta último momento buscó en vano el respaldo de al menos un puñado de republicanos para poder colocar en la boleta electoral una consulta que permitiera elevar impuestos para cubrir el déficit con una combinación de ingresos y recortes. Pero tanto las exigencias como la inflexibilidad republicana para lidiar con el presupuesto sin demandar reformas variadas condujo las negociaciones al fracaso. Ahora Brown tiene su propia iniciativa para noviembre del 2013.

Al mismo tiempo, un sector que vio cumplido este año sus deseos fueron los votantes latinos, que respaldaron a Brown en las urnas. El gobernador firmó el DREAM Act para que un grupo de estudiantes indocumentados puedan seguir una carrera universitaria, medida que había sido vetado en varias oportunidades por el ex gobernador Schwarzenegger.

Para los californianos el 2011 fue un año duro y para el olvido. El panorama no cambiará el año que viene por arte de magia, pero sí habrá posibilidades de decidir e implementar nuevas estrategias para revertir el rumbo.

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