Santuario a la limpieza

Cepillos, escobas y aspiradoras son las estrellas en un museo de Idaho dedicado a la pulcritud
Santuario a la limpieza
Exterior del Museo de la Limpieza, que consta de seis pisos.
Foto: museumofclean.com

POCATELLO, Idaho.- Don Aslett lleva más de medio siglo luchando contra la mugre y el polvo, pero cuando sale a la calle no puede caminar sin detenerse a recoger basura del pavimento.

Cuando era niño recuerda que le molestaban los lugares con café molido regado y en la secundaria se le hacía raro que a los otros chicos no les gustara limpiar sus habitaciones, incluso ahora, a los 76 años, su batalla contra el cochambre tiene mucho por ganar.

Los que no entiendan su devoción quizá nunca sintieron la satisfacción de hacer que una taza del baño brille.

“La verdad es que la limpieza es difícil de vender”, dijo Aslett, quien ha escrito 37 libros sobre el tema y fundó un negocio dedicado a la limpieza que tiene sucursales en la mayoría de los estados en Canadá.

Las madres suelen amenazar a sus hijos con hacerlos limpiar sus cuartos, pero Aslett sabía que él era diferente desde muy pequeño.

“Amo limpiar”, dijo un poco apenado.

Ahora tiene un santuario de seis pisos dedicado a su arte, el Museo de la Limpieza, que se abrió recientemente al público en Idaho.

Entre los objetos de la colección destaca una aspiradora impulsada por caballos de 1902, una colección de aspiradoras que no usaban electricidad, una mesa de operaciones de la primera mitad del siglo XIX, un palillo de bronce de 1,600 años de antigüedad que servía para limpiar dientes y una pileta menonita antigua para lavar pies.

Si los visitantes se sienten cansados al ver los cerca de 6,000 objetos históricos de limpieza, pueden reposar en unas sillas hechas con botes de basura, una tina de baño con patas de forma animal y en una lavadora de 1945.

También hay una sala con capacidad para 88 espectadores y una galería de arte. Tampoco podía faltar la tienda de regalos del museo, con paquetes de limpieza para niños y juguetes en forma de gérmenes.

El museo deberá esperar para mostrar la pieza más valiosa de Aslett, una vasija de terracota de 2,000 años de antigüedad que usaban los romanos para bañarse.

La idea del proyecto surgió hace varios años, cuando Aslett vio una aspiradora que no usaba electricidad en un museo de Detroit.

“Pensé: hay museos acerca de caballos, museos sobre vacas, museos sobre trenes, y sobre aviones. ¿Por qué no un museo sobre la limpieza?”.

El museo, que requirió seis años para conformar su exhibición y tuvo un costo de seis millones de dólares, tuvo su gran inauguración el mes pasado.

Aslett comenzó su colección con una aspiradora vieja que compró por 250 dólares y encontró más objetos en tiendas de antigüedades, otros fueron donados. Pronto tenía suficientes cosas que mostrar en su oficina en el centro de Pocatello.

“Descubrí algo interesante, a la gente le apasiona los autos, la comida y el deporte”, dijo Aslett. “La limpieza es una de las cosas en el fondo de la lista, pero si conviertes algo aburrido como limpiar en algo gracioso entonces la limpieza se va al tope”.

Aslett comenzó a hablar en público y a escribir libros sobre la limpieza con títulos como: Is there Life after Housework? (¿Existe la vida más allá de los quehaceres en casa?) y Clutter’s Last Stand (La última batalla del chiquero).

Ha aparecido en la revista People, con Oprah Winfrey, y en algún momento usaba una taza de baño de fibra de vidrio como portafolios porque le parecía que era el símbolo de su negocio y también porque disfrutaba ver las caras de otros viajeros preguntándose de quién era esa maleta.

A medida que crecía su empresa lo hacía su colección. Las cosas fueron más en serio cuando encontró una serie de objetos que costaban 300,000 dólares.

“Después de que adquirí esa colección me di cuenta de que necesitaba mucho espacio”, dijo Aslett. “Pensé,voy a hacerlo, voy a dejar un legado verdadero”.

Curiosamente, Pocatello, sede del museo y desde donde opera Aslett, fue nombrada una de las ciudades más sucias en Estados Unidos por su bajo consumo de productos de limpieza. Él está totalmente en desacuerdo.

“Eso es como decir que Pocatello tiene las mujeres más feas en el mundo porque compramos la menor cantidad de maquillaje”, dijo.

Dentro del museo la historia de la limpieza comienza con un modelo del Arca de Noé haciendo referencia la limpieza mundial retratada en la Biblia. También incluye exposiciones interactivas para enseñar a los niños a hacer su cama, a limpiar su habitación, a barrer y a reciclar.

Durante un recorrido reciente Aslett se detuvo a limpiar una vitrina dentro de la zona de juegos de los niños. Su limpiavidrios se deslizó sobre la superficie en una serie de arrastres rápidos, como un artista pintando sobre un lienzo.

“Así es como lo hacen los profesionales”, dijo Aslett alejándose un poco para admirar su trabajo.

Aslett comenzó su trabajo como limpiador profesional a los 19 años, cuando asistía a la Universidad Estatal de Idaho en la década de 1950. Cobraba 1.25 dólares por hora y recuerda que su primer trabajo limpiando un horno requirió 56 minutos. Le pagaron 1.18 dólares, una cantidad de dinero que mantiene enmarcada en la pared de su oficina.

“Pensé: todo será cuesta arriba después de esto”, dijo Aslett.

Para cuando se graduó de la universidad Aslett había lanzado una empresa de construcción y servicios de limpieza que tenía cerca de 500 empleados y se expandía por tres estados del país. Varsity Contractors reporta ahora ventas anuales por 100 millones de dólares.

Su sentido de la limpieza le viene de pequeño, cuando su madre, a pesar de que eran una familia humilde, le enseñó que la ser limpio era algo deseable.

“Me dijo: ‘La razón por la que me casé con tu padre fue porque siempre estaba limpio, siempre se lavaba las manos y siempre llevaba la ropa limpia’”‘, dijo Aslett.

Aunque es un millonario lleva la vida nítida que promueve: tiene dos pares de zapatos, tres trajes y la última vez que se compró un par de jeans le costaron 3.25 dólares.

“Cuando eres un limpiador ves las cosas un poco diferente”, dijo Aslett. “Te das cuenta de las cosas que tienes que limpiar, botellas innecesarias, toallas innecesarias y basura …”, dijo con una voz que se arrastraba cada vez más mientras crecía la lista.