Humor político: Perry regresa al sur
Rick Perry. Crédito: EFE
El frío del noreste no le había hecho bien al gobernador. La botas texanas sufrieron un tremendo desgaste en los campos de Iowa y un poco menos en los bosques de New Hampshire. Pero Rick Perry mantenía la fe, miró al espejo, vio al Cowboy Malboro, sonrió y marchó con determinación a la tierra del Dixie.
La derrota en Iowa había sido muy dolorosa. El estilo conservador y agrícola de los votantes debía ser tierra fértil para su candidatura, el quinto puesto fue un resultado amargo. En New Hampshire tampoco le había ido mucho mejor, aunque ya anticipaba que allí le sería difícil. Al menos esa primaria le dio a Perry un instante de felicidad. Por un momento creyó en los milagros cuando vio que iba primero. Así de grande también fue la desilusión cuando descubrió que ese numero uno era del 1% de votantes que lo respaldaron en la urna.
El gobernador sabía que Carolina del Sur, escenario de la próxima primaria, iba a ser diferente. Ese es su segundo hogar. Precisamente allí fue donde anunció formalmente su candidatura en agosto pasado cuando las encuestas lo ponían entre los favoritos, aun sin haber declarado oficialmente su ambición presidencial. Se hizo desear y funcionó.
Las características del estado son perfectas para un candidato de su perfil ideológico. La mayoría de los votantes republicanos son cristianos fundamentalistas y simpatizantes del Tea Party que odian al gobierno. Igual que la base política de Texas que lo llevó a la gobernación. El estado también tiene la historia de haber electo en las primarias republicanas a todos los candidatos que posteriormente ganaron la nominación presidencial.
En septiembre superó en un momento en los sondeos de opinión a nivel nacional al candidato del establishment partidario, Mitt Romney, y Gallup mostró que Perry era el aspirante presidencial que tenía la mejor imagen entre los votantes y simpatizantes republicanos.
“La estrategia era infalible”, el candidato reflexionó durante el vuelo nocturno que lo llevaba de New Hampshire a Carolina del Sur, para luego caer en la misma pregunta: “¿Que pasó? ¿Qué paso?”
Hasta Carolina del Sur parece darle hoy la espalda. Las encuestas estatales lo ubican en el quinto puesto y ahora CNN le tuvo que dar una cortesía para permitirle participar en el debate que organiza, porque sus cifras de popularidad nacional eran insuficientes.
“¡Pero esa es Carolina del Sur, carajo!¡ Ese es mi estado!”, se dijo a si mismo. “¡Carolina del Sur ya me dio una vez los mejores momentos de la campaña presidencial, porque no los puede dar otra vez!”
Perry sintiendose inspirado, y carismático, se levantó de su asiento, hizo prender las luces de la cabina del avión privado y comenzó a dar su mensaje motivador al somnoliento grupo de asesores de su campaña que lo acompañaban.
El gobernador habló entusiasmado del significado de Carolina del Sur para la campaña, de la estrategia original, de la demografía ideal, de la causa justa contra el aborto, los indocumentados y del diablo de Washington. Describió en detalle como esos valores son compartidos por los votantes del estado sureño y como su popularidad en ese estado no era asunto del pasado.
” Lo hicimos una vez, lo vamos ser otra vez. Nada ha cambiado demasiado”, dijo arengando a sus tropas. “En un momento el pasado fue nuestro en esa tierra y ahora el futuro también lo será.”
El grupo de los asesores más íntimos fue despertándose ante los gritos de Perry , pero su reacción no era el entusiasmo gratificante que esperaba el texano. Había una cierta frialdad antes sus palabras
” Sr. gobernador, con todo respeto, no se puede repetir porque usted ya abrió la boca”, respondió uno de los que goza mayor confianza.”La caja de Pandora se abrió y ya no se puede cerrar.”
“¿Cómo? ¿Qué caja?”, preguntó desconcertado Perry
” Al comienzo de la campaña nos iba bien hasta que comenzaron los debates. La gente empezó a escuchar lo que Ud. decía, a oír sus palabras …y eso,” respondió.” Por eso se decidió en la campaña enviarlo varias veces a Letterman y Leno, porque allí por lo menos se sabe que no hay que tomarlo en serio.”
Intrigado ante la critica, Romney pensó que esa era una exageración, que no era para tanto. Sí él había cometido errores como acusar de traición al presidente de la Reserva Federal, se olvidó en el debate la agencia que quería abolir, tuvo claros momentos de confusión y otras desconexiones más que explotaron los periodistas. Al igual recordó la incomprensión general ante su alocución más entretenida, dada en noviembre en New Hampshire, que muchos llamaron “el discurso borracho”.
Pero también Perry sabía que la historia republicana demostraba que no era necesario ser una luz para ser el candidato presidencial. Meter la pata era minucia.
“Pero W. Bush con todos sus errores llegó a presidente y fue reelecto”, se defendió Perry.
“Sr. gobernador, no lo tome a mal, pero Bush es un intelectual a lado suyo”, respondió el asesor.
En ese momento Perry comprendió el por qué de la cara de pánico que puso su equipo cuando les comunicó que lo dejaban participar en el debate de CNN y que estaba más preparado que nunca para ese momento.
“Esta es nuestra oportunidad”, les había dicho entusiasmado al mismo tiempo que miraba cómo las lágrimas caían por las mejillas de su gente. Estaba convencido que eran de alegría.
No importa, se dijo Perry. Él estaba confiado que en el último debate había abierto un frente nuevo en la contienda presidencial al sugerir que las tropas estadounidenses regresaran a Irak. Eso lo propuso Bush y le fue bien en las elecciones. Debo seguir esa fórmula exitosa se dijo.
“Voy a proponer en el próximo debate que mandemos tropas a Afganistán”, dijo con entusiasmo para elevar el espíritu de su equipo.
Los asesores en miraron entre ellos durante un silencio interminable en la cabina del avión.
“Buena idea señor gobernador. Porque no conversamos sobre los detalles mañana en Carolina del Sur y ahora dormimos un poco,” sugirió alguien con voz paciente.
Perry asintió, regresó a su asiento y pudo cerrar los ojos. Otra vez tenía su estrategia ganadora para Carolina del Sur y, como antes, sabía que con ella saldría victorioso.