Cerezos japoneses de D.C. cumplen 100 años

En 1912 Japón obsequió a Estados Unidos 3,020 árboles como muestra de la creciente amistad entre ambos países
Cerezos japoneses de D.C. cumplen 100 años
Los cerezos fueron plantados en torno a la ensenada de control de mareas frente al monumento de Thomas Jefferson y a lo largo del Parque Central hasta el monumento de Abraham Lincoln.
Foto: AP

Washington – Miles de cerezos, obsequiados hace un siglo por Japón a Estados Unidos tendrán su eclosión de blancos, lilas y rosados en la última semana de marzo, más temprano de lo previsto, según las predicciones del Servicio de Parques Nacionales.

Casi un millón de visitantes cada año participan en el Festival de los Cerezos junto al río Potomac.

Durante semanas los organizadores del Festival de los Cerezos se han preguntado en qué forma el invierno, inusitadamente templado, de este año afectaría la floración de los cerezos, plantados en torno a la ensenada de control de mareas frente al monumento de Thomas Jefferson y a lo largo del Parque Central hasta el monumento de Abraham Lincoln.

Ayer, el Servicio de Parques Nacionales indicó que los cerezos estarán en su mejor momento del 24 al 31 de marzo, es decir en las fechas del Festival. En promedio los cerezos han estado más cargados de flores alrededor del 4 de abril.

Sea cual sea la fecha, este año “honraremos el obsequio de los árboles con cinco semanas de acontecimientos y actividades”, proclaman los organizadores de la Celebración del Centenario en su sitio de internet.

“Diga lo que diga la madre naturaleza, el Festival tiene todo lo que necesita para un comienzo fantástico de la Primavera, con la participación de artistas célebres, espíritu comunitario, artes, cultura y mucho más”, afirmaron.

Washington no es la única ciudad estadounidense con un festival de los cerezos- los hay en Balboa Park de San Diego, en Van Nuys junto al lago Balboa en Los Ángeles, y en el parque Fairmount de Filadelfia, en Macon (Georgia).

Branch Brook Park en Nueva Jersey tiene ya una colección de 4,000 árboles, que supera el despliegue en Washington, y hay festivales en el jardín Botánico Brooklyn de Nueva York, y en Portsmouth (Nuevo Hampshire), sitio donde se firmó un tratado que motivó la gratitud de Japón y el regalo original a Washington.

En Japón la floración de los cerezos simboliza las nubes -y tal es lo que parece en su momento mejor- y es además una metáfora acerca de la naturaleza efímera de la vida, trazas de la influencia budista en la cultura japonesa.

A sabiendas o no de esa metáfora, miles de parejas de enamorados concurren cada año junto al Potomac para fotografiarse en un entorno de flores frágiles y delicadas. A veces antes, a veces después del Festival, tarde o temprano una tormenta derramará en el lodo las flores del amor.

En 1912 Japón obsequió a Estados Unidos 3,020 árboles de cerezo como muestra de la creciente amistad entre ambos países, y para reemplazar a los 2,000 árboles de un regalo anterior destruidos por una peste en 1910.

Aquellos árboles se plantaron en el parque Sakura, de Manhattan, y en una línea junto a la Ensenada de Mareas de Washington.

El Festival ha crecido con las décadas e incluye desfiles y ferias que antes estaban centradas en Japón, su arte, su música, sus comidas y vestimentas, pero ahora es un acontecimiento multicultural en el que se incluyen quioscos africanos y ventas de pupusas centroamericanas.

Entre las muchas actividades incluidas este año, el 20 de marzo los chefs José Andrés y Roy Yamaguchi serán anfitriones en un hotel de Washington de una fiesta de “corbata rosada” para recolección de fondos, que incluye un menú de comidas y bebidas inspirado en las florecillas.