La depresión industrial se enquista en Ohio

El territorio del medio oeste de EEUU es clave en las elecciones de noviembre.
La depresión industrial se enquista en Ohio
El duelo entre los aspirantes presidenciales republicanos Mitt Romney y Rick Santorum se repetirá en las primarias del supermartes
Foto: EFE

Cincinnati (EE.UU.), 5 de Marzo (EFE).- El estado de Ohio, clave en las primarias del supermartes, todavía persiste en la grave depresión industrial que ha afectado al medio oeste de EE.UU. y que, en los últimos meses, ha mitigado sus efectos gracias a las ayudas públicas.

“El empleo en la industria de nuestro estado se redujo durante la recesión un 20 %, una terrible pérdida para el segundo estado más industrializado del país, pero la recuperación también pasa por incentivar este sector”, relata Jason Seligman, experto en economía de la Universidad de Ohio.

Cuando uno aterriza en el aeropuerto internacional de Cincinnati, el área más poblada del estado de Ohio y uno de sus motores económicos, se encuentra con una infraestructura moderna, de 32.000 metros cuadrados y grandes pasillos, pero con puertas de embarque, bares y tiendas vacías.

Es la huella de lo que fue, de ese centro de conexiones que la poderosa aerolínea Delta situó en Cincinnati y ha ido reduciendo en el último lustro hasta reducir a más de la mitad las operaciones y suprimir unos 6.000 empleos directos, apuntan fuentes locales.

“Fue extraordinariamente rentable y funcionó de maravilla durante diez años”, declararon entonces los directivos de la compañía, “pero el retroceso empezó en 2001”.

La debilitada economía de la región fue uno de los detonantes del repliegue y es anterior a la crisis económica mundial, pues se remonta a 2001.

Desde Columbus, capital del estado, el profesor Seligman subraya que “Ohio no ha crecido significativamente en la última década” y apunta al desempleo como mayor problema, por ejemplo, entre 2007 y 2011 creció del 7 % al 11 %, superior a la media del país.

Las más afectadas fueron las zonas con más industria pesada y automovilística, como Toledo y Cleveland, ciudades del norte del estado, y también las localidades bañadas por el río Ohio, la frontera meridional del estado.

La esperanza de la recuperación se halla, de momento, en el sector educativo y sanitario, pero especialmente en uno de los detonantes de la caída económica, la industria, que inyectó dinero a este territorio interior en los sesenta y pobló de furgonetas ligeras las avenidas de sus ciudades.

En el área de Toledo, donde la industria del motor es clave, se crearon en 2011 unos 1,800 empleos y durante este año se esperan unos mil más, según las autoridades locales, especialmente gracias a los compromisos de General Motors, Honda y Chrysler, impulsados por millonarias inyecciones de dinero federal.

Las ayudas públicas explican la mejora de los últimos meses; pero mientras los demócratas insisten en el rescate de la administración Obama de la industria del automóvil, los republicanos destacan los programas del estado, desde 2011 con gobernador republicano.

La falta de mano de obra calificada se ha convertido en un problema estructural para el medio oeste estadounidense- en vez de los trabajadores despedidos, ahora necesita técnicos para fábricas automatizadas, ingenieros y soldadores con formación.

“Tenemos subvenciones de hasta 8.000 dólares por empresario, lo que cubre los costes de formar nuevos empleados”, detalla Benjamin Johnson, subdirector del Departamento de Trabajo y Familia del Ohio, que subraya las 38.000 contrataciones en el estado en 2011.

Trabajo y Familia comparten Departamento, algo que defienden las entidades sociales de las zonas más deprimidas- “Tenemos una epidemia de adicción al opio y está relacionado con la situación económica”, se lamenta Edgar Hughes, que dirige un centro de atención social en el condado de Scioto, fronterizo con Kentucky y donde la mejora del motor no ha dejado ninguna buena noticia.

Explica que las enfermedades y la drogodependencia en la zona son superiores a la media nacional y que, aunque muchos jóvenes ven en las Fuerzas Armadas su único futuro, la mayoría no entra porque les detectan su adición a la marihuana en las pruebas de acceso.

“Debemos solucionar el abandono escolar y la drogodependencia. Si los problemas en la mano de obra persisten, nadie vendrá a construir una fábrica aquí”, lamenta este ohionés de 59 años, poco esperanzado con las promesas anunciadas para las elecciones primarias.

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