León espera con ansia al Santo Padre

El México conservador se viste con sus mejores galas para la llegada del Papa
León espera con ansia al Santo Padre
Los leoneses, que celebrarán el arribo del Papa a fin de mes, ya colocaron carteles de bienvenida por toda la ciudad.
Foto: Gardenia Mendoza / La Opinión

LEÓN,Guanajuato.- En el rincón de la casa donde Susana Dueñas celebra el quinto cumpleaños de su hija, hay cinco cuadros con imágenes católicas: las vírgenes de Dolores, de Guadalupe y de Juquila; un Niño Dios y un Cristo clavado en la cruz que reafirman la fe de la familia cuestionada cuando la madre abortó a su primogénito.

¡Nunca dejé de creer en Dios!, sostiene Dueñas en la intimidad de su hogar donde no logra controlar las lágrimas durante 35 largos minutos de recuerdos de los hechos que la encarcelaron durante seis años tras un juicio de Estado por homicidio en razón de parentesco en Guanajuato, el estado más conservador del país.

Con 5.1 millones de católicos de un total de 5.4 millones de habitantes, la entidad representa con el 93% de devotos la región de México con mayor número de seguidores de esta Iglesia; 10 puntos por arriba de la estadística nacional que es del 83.9%, según el censo 2010 del Instituto Nacional de Geografía.

Son católicos practicantes asiduos a las misas, los rosarios, las catequesis y peregrinaciones guiados por una creciente presencia de congregaciones franciscanas, jesuitas, legionarios de cristo y lasallistas defensores abiertos de los principios morales que han permeado la sociedad.

Eran los propios agentes del ministerio público quienes gritaban a Susana Dueñas

“maldita, asesina” mientras le acercaban un crucifijo en la cara cuando ella convalecía en el hospital tras un aborto espontáneo, según su testimonio.

La madre, quien trabajaba como limpiadora en oficinas de gobierno ni siquiera sabía la edad del feto, “nunca me hice una prueba”. Sólo notó que no tenía menstruación, que al enterarse, su novio le levantó el vestido, le miró las piernas, dijo “no es mío” y se fue.

Meses después se desangró en el baño y fue a dar al hospital. “La trabajadora social que me atendió llamó a los policías en cuanto supo lo que pasó”, repite la mujer que salió libre tras una intensa campaña de organizaciones civiles para frenar su pena de 25 años de prisión porque en el estado de Guanajuato es ilegal abortar.

Desde hace años, la entidad es centro de escándalos por instrumentar políticas radicales.

En el año 2000 el congreso eliminó la violación como causal para el aborto en una medida radical “a favor de la vida” y en contrapropuesta surgió la organización no gubernamental Las Libres, encabezada por un grupo de siete mujeres que echaron por tierra la reforma que duró un mes.

En otras áreas del gobierno también se han impuesto multas por besarse en la boca de manera pública y se eliminó de los libros de texto, imágenes de los órganos sexuales, una medida que avaló la asociación local de padres de familia.

“El gobierno y la iglesia católica son uno mismo en este estado y no es sólo la derecha que está gobernando con el PAN (Partido Acción Nacional) en realidad los gobernantes actúan igual, con la misma moral religiosa”, acusa Verónica Cruz, directora de Las Libres. “El Papa sabe muy bien a dónde viene”.

Cuna de la Guerra Cristera el último movimiento religioso en México que se oponía a la separación de la Iglesia del Estado. Guanajuato pretendía una visita del “representante de Dios en la Tierra” desde el pontificado de Juan Pablo II y mucho más atrás.

“Aquí lo hemos esperado desde siempre”, dice una monja de hábito color beige que vende galletas y rompope en una esquina del centro de León como en los mejores tiempos del siglo XVI, cuando se colonizó la región que posteriormente sería símbolo de la minería en México.

La presencia de novicias en las calles de esta ciudad es todavía tan común como ver decenas de tiendas con artículos con imágenes de santos, cruces, biblias, rosarios y estatuillas de vírgenes o encontrar grafittis que rememoran la Tierra Santa en lugar de las letras ilegibles que tanto irritan a las autoridades de otras urbes.

Blanca Rodríguez, una farmacéutica de 42 años, define a sus conciudadanos como “mochos” (religiosos y tradicionalistas) y explica:

Hasta hace dos años, Juan Frausto Pallares, el sacerdote responsable de la iglesia de Los Milagros, impedía a las mujeres leer el evangelio si éstas vestían pantalón o escote; sin embargo, actualmente, ocupa el segundo puesto más alto en la jerarquía católica local como obispo auxiliar en la arquidiócesis al mando de Martín Rábago.

Bajo este contexto social, los grupos liberarles locales visualizan acaso un futuro más bien a la defensiva.

“Por lo menos que no criminalicen a las mujeres” aspira la activista Cruz, de Las Libres, organización que de 2003 a la fecha sacó de prisión a 23 mujeres que purgaban penas de hasta 28 años por aborto, algunas de ellas traumatizadas de por vida.

Rosario Gómez, de 22 años, quien carga antecedentes penales desde hace un lustro, reconoce que dio a luz en su segundo embarazo para reparar la carga emocional de haberse inducido el legrado en el primero, cuando tenía 18 años y el novio 16.

En ambos casos, la pareja no aceptó la paternidad, pero en la última experiencia fue para adelante.

“Si Dios me manda otra vez un hijo por algo será”, dice mientras acaricia la cabeza de su niña de dos años y lamenta que en la valla humana que va a recibir al Papa no participen tatuados, con arete en la nariz o el cabello pintado.