La decisión de CSU

La crisis fiscal de California está teniendo un impacto devastador en todos los niveles de la educación pública. Cada vez se están recortando más las oportunidades de los jóvenes para estudiar. Las consecuencias del presente deficitario se extenderán a un futuro menos promisorio para nuestro estado.

Un ejemplo de ello es la nueva política anunciada por la Universidad Estatal de California (CSU) por la cual, salvo excepciones, no aceptará nuevos estudiantes en el semestre de la primavera del 2013. Esto significa que cerca de 16,000 estudiantes, que normalmente esperan la transición del colegio comunitario, no tendrán a alguno de los 23 campos del sistema CSU.

¿Cuál será el destino de estos estudiantes, usualmente de minorías y de bajos recursos?

Quién sabe. Lo cierto es que es inadmisible que se corte, o en el mejor de los casos se retrase, la educación de estos estudiantes. Y si los votantes no aceptan este noviembre la propuesta de una iniciativa electoral de aumentar impuestos, las autoridades universitarias advierten que entre 20,000 y 25,000 alumnos se verían perjudicados en el año académico 2013-14.

Esta posibilidad es terrible, pero no es menos mala que la reducción de días de clases, y en la cantidad de asignaturas disponibles para estudiar, en el sistema de K-12 en el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles.

La educación no es la única área afectada por la crisis. El sistema de servicios humanos esta siendo diezmado incluso sin recibir la atención que se otorga a la enseñanza.

La crisis estatal de presupuesto ha colocado sobre el tapete las prioridades en California y, por lo que se ve, no es nada agradable.