Rumbo a México la brigada de Calle 13

Rumbo a México la brigada de Calle 13
René Pérez integrante de Calle 13
Foto: AP

Quito – El principal vocalista de la banda puertorriqueña Calle 13, René Pérez, mejor conocido como “Residente”, expresó hoy en Quito su preocupación por el terremoto que afectó a México y señaló que próximamente visitará ese país.

Recordó que apenas se enteró del suceso, puso varios mensajes en su cuenta de Twitter, aunque reconoció que “con eso no resuelvo nada más que expresar mi preocupación”.

Vea aquí el video de Calle 13 en Quito

“Tengo grandes amigos allá, les pregunté a cada uno y me dijeron que todo estaba bien, que habían pasado un gran susto, pero que todo estaba bien”, añadió y pidió a los mexicanos que “mantengan la paciencia, de verdad”.

René Pérez, que anoche ofreció un concierto en Quito junto a su banda y al francoespañol Manu Chao, indicó a Efe que “después de aquí (la capital ecuatoriana) vamos a México y ahí vamos a ver”.

También Eduardo Cabra, el “Visitante”, dijo a Efe que con las palabras no se puede ayudar lo suficiente. “Con unas palabras no se puede resolver mucho, se puede demostrar solidaridad, pero nada más”, remarcó.

Encienden Quito y critican la “minería contaminante”

Las bandas del francoespañol Manu Chao y la puertorriqueña Calle 13 encendieron anoche la capital ecuatoriana con un concierto explosivo y que sirvió de plataforma para que ambos criticaran la “minería contaminante” en América Latina.

Los dos grupos pusieron de cabeza a las más de 25,000 personas que acudieron al estadio “Atahualpa” y que tuvieron que soportar una pertinaz lluvia en el inicio del espectáculo, que abrió la banda ecuatoriana Papá Changó.

Manuel Tomás Chao, más conocido como Manu Chao, apareció luego con su pegadizo ritmo, que fusiona el reggae, el ska y el rock, ente otros.

La concurrencia no dejó de saltar y corear las canciones de Manu Chao, que a sus 50 años sigue con una vitalidad contagiosa que transmitió al público, agradecido por el derroche de entrega.

“El señor matanza”, las sagas de “Radio Bemba”, “Próxima estación” y “Clandestino” agrandaron al músico francés de origen español, que se vio obligado a regresar en varias ocasiones al escenario a petición del público.

“Bienvenida Tijuana”, “Me gustas tú” y “Wellcome to Tijuana” fueron acompañadas a todo pulmón por la gente que también cantó en francés, por pedido de Chao, que tampoco parecía querer irse y que frecuentemente golpeaba su corazón para devolver el cariño recibido desde la cancha y las gradas del “Atahualpa”.

Ya casi al final de su participación, Manu Chao recomendó a los jóvenes tomar conciencia sobre la realidad ambiental que vive el planeta y aseguró que bajo ninguna circunstancia la minería a gran escala es una solución para la humanidad.

“No a la minería”, añadió y rechazó a los “políticos mentirosos” que engañan a la gente con promesas de progreso que nunca se cumplen.

Ya con el público al borde de la locura, el francoespañol dio paso a sus “panas” (amigo en la jerga ecuatoriana) de Calle 13.

En el fondo del escenario una animación gráfica explicaba la elaboración de un explosivo de alegría con el que Calle 13 saltó al escenario.

“Visitante” (Eduardo Cabra) puso el tiempo musical para que aparezcan “Residente” (René Pérez) y “PG-13” (Ileana Cabra) con todo el ánimo para poner a bailar, saltar y gritar a los asistentes.

“Baile de los pobres”, “Se vale todo”, “Atrévete-te”, “Calma pueblo” y “Vamos a portarnos mal” calentaron aún más el ambiente que llegó casi al paroxismo con “Latinoamérica”.

“Residente”, el alma de la banda”, no descansó de enviar mensajes a la juventud congregada, sobre todo aquellos contra la “mega-minería” que, según dijo, ha destruido zonas completas y no ha dejado casi nada para los habitantes de ellas.

También convocó a pensar, a criticar pero con fundamentos y a la par, también a bailar y a disfrutar del espectáculo que a esos momentos ya padecía de calentura colectiva.

La lluvia pasó, el frío se fue y sólo los músicos y el público completaron una armonía de sonido y color que terminó cerca de la fría medianoche quiteña.