Un asunto de política racial

En semanas recientes, bastante gente me ha preguntado por qué los hispanos no estamos saltando en defensa de uno de los nuestros.

Se trata de George Zimmerman, el hombre de 28 años que fue acusado recientemente de asesinato en segundo grado, en la trágica muerte en Sanford, Florida, de Trayvon Martin, un muchacho de 17 años, que iba desarmado.

Para los que creen que Zimmerman actuó en defensa propia y que la decisión de procesarlo fue una cuestión de política racial, existe la acuciante pregunta de por qué Zimmerman -cuya madre es peruana- no parece estar teniendo demasiado apoyo de la comunidad hispana.

Es una pregunta justa. Y estoy de acuerdo con la observación de que los hispanos se han cuidado bastante en sus comentarios sobre Zimmerman y sobre el caso.

Como otros estadounidenses, muchos hispanos tienen opiniones firmes sobre el caso. Sin embargo, hasta ahora, parecen estar guardándoselas.

Hay, por lo menos, tres explicaciones posibles:

1.- Quizás muchos hispanos hayan decidido que el ruido y los comentarios son tan altos en este momento que no se les oiría, aunque trataran de intervenir en la conversación. Éste no es un simple caso en blanco-y-negro, pero esos son los colores que dominan ahora la discusión y que dan forma a las perspectivas de la gente. Somos un país dividido por la raza -una vez más. Los afroamericanos miran a Zimmerman y ven a un peligroso vigilante, que escogió a Martin por el color de su piel; mientras muchos estadounidenses blancos ven a alguien que intentó defenderse contra un atacante. Los latinos no encajan bien en ningún bando, y no es de sorprender que se queden callados.

2.- Muchos hispanos no están seguros de cuán “hispano” realmente es Zimmerman. El sospechoso es multicultural, pero no está claro si se identifica más con su madre peruana o su padre judío. Todos hemos conocido a gente cuya sangre podría ser hispana, pero no su corazón. En este caso, fue Robert Zimmerman, el padre del joven, el que insistió en que su hijo no podía ser racista porque es hispano. Además de ser ilógico -después de todo, los hispanos son capaces de ser tan racistas como cualquier otro- el comentario fue también un poco demasiado conveniente. Pareció como si Robert Zimmerman estuviera un poco demasiado ansioso por identificar a su hijo como hispano, en un débil intento por vacunarlo contra las críticas. Eso hace sospechar a muchos hispanos de todos los involucrados, como si se echara a todos bajo el ómnibus cuando ni siquiera sabemos si el sospechoso es auténticamente hispano.

3.- A muchos hispanos -que han experimentado en sus propias vidas lo que es ser objeto de un escrutinio mayor por parte de la policía local y de los agentes de inmigración federales sobre la base del color de su piel o de su apariencia física- les inquieta la posibilidad de que esta historia sea realmente un caso de práctica de perfiles raciales. Si este capitán de la vigilancia del barrio se centró en Martin porque era un adolescente negro con una capucha en lugar de un adolescente blanco con una capucha, entonces -ocurriera lo que ocurriera después- eso está mal y es indefendible. En ese escenario, para muchos hispanos, Zimmerman sería menos la víctima y más el villano. Y por tanto, hasta que las cosas se aclaren y sepamos exactamente qué llevó a Zimmerman a sospechar que Martin no tenía buenas intenciones, los hispanos se sentirían reacios a defenderlo. No es que los hispanos no sientan comprensión o que no les importe que se haga justicia. Para eso tenemos juicios penales, en los que los fiscales traen pruebas intentando mostrar la culpabilidad del acusado más allá de una duda razonable. Ese estándar de prueba no existe cuando juzgamos a alguien en los medios, como ha ocurrido ahora con Zimmerman. Es lo que a menudo ocurre en casos como éste, pero no debe alentárselo. Los hispanos tienen exactamente la perspectiva correcta en este caso, y no deben cambiarla por nadie. Es deprimente y alarmante la velocidad con que tanto los blancos como los afroamericanos han saltado a conclusiones que encajan en su manera de ver el mundo, a pesar del hecho de que no saben realmente lo que ocurrió esa noche. En lugar de preguntar por qué los hispanos no se apresuran a apoyar a George Zimmerman, lo que deberíamos estar preguntando es por qué tantos estadounidenses se están apresurando a condenarlo o exonerarlo.