La traición de Fox

Vicente Fox dice que no le preocupa el PRI en la elección de México

Si alguien ponía aún en tela de juicio que la presidencia de Vicente Fox representó sólo un cambio de siglas del partido en el poder, pero no la ansiada alternancia política en México, el propio panista se ha encargado ya de disipar cualquier duda. Él nos acaba de confirmar que jamás trabajó a favor de una verdadera democracia porque simplemente no entiende el significado de esa palabra.

De otra manera no es posible entender cómo el expresidente de las botas, el ranchero alto y fortachón que hace 12 años arengaba a los mexicanos a que nos uniéramos a su causa para sacar al PRI de Los Pinos, ahora nos diga que no hay problema, que debemos “cerrar filas” y apoyar al candidato puntero. No importa que este sea Enrique Peña Nieto, uno de los priistas a los que Fox comparaba cuando buscaba la presidencia con “tepocatas, víboras prietas y toda clase de alimañas”.

En el mundo sin escrúpulos y sin principios en el que habita Fox, todo eso ha quedado en el olvido. Ahora hay que ser pragmáticos y, si el que va arriba de las encuestas es Peña Nieto, pues simplemente hay que ir con la corriente y apoyarlo, al margen de las consecuencias que ello pueda tener para el país.

Desde su perspectiva, no hay posibilidad alguna de que el triunfo de Peña Nieto represente el regreso a la presidencia imperial que por 71 años caracterizó a los gobiernos emanados del tricolor. La democracia en México, según Fox, está consolidada y vacunada a prueba de priistas.

Con estas declaraciones, el exmandatario no sólo ha traicionado a su partido y a la candidata Vázquez Mota, sino a los millones que creyeron en él y que en el 2000 votaron a su favor porque pensaron que encarnaba el cambio político que tanto necesitaba México después de 71 años de autoritarismo.

Las declaraciones de Fox, por otra parte, no son obra de la casualidad. Se producen en un momento crucial para la carrera por la presidencia, cuando las encuestas muestran una dramática caída de Peña Nieto y un repunte significativo de López Obrador, el eterno rival del exmandatario panista.

Así como hay amores que jamás se olvidan ni se dejan, hay rencores y odios que son para toda la vida. Y la animadversión que siente Fox hacia AMLO es de esa naturaleza. De la misma manera que hace seis años hizo todo lo posible y hasta lo imposible para ponerle piedritas en el camino al perredista, hoy recurre al poco poder que aún tiene para apoyar a Peña Nieto y evitar que crezca la candidatura de López Obrador.

En este afán, a Fox poco le importa lo que digan de él sus correligionarios o quienes algún día creyeron que su llegada a la presidencia sería un parteaguas en la historia de México. Más importante que su legado es cerrarle el paso a uno de sus mayores enemigos y, de paso, cubrirse las espaldas ante cualquier posibilidad de un juicio político en su contra.