Es el contrabando de armas

Investigación de Rápido y Furioso no quita la vigilancia a venta la de armas
Es el contrabando de armas

La operación Rápido y Furioso fue una mala idea, con una implementación peor, que costó la vida a ciudadanos estadounidense y mexicanos. Las actuales investigaciones tienen el fin de determinar responsabilidades, pero estas no deben hacer perder de vista el gran problema de fondo: el envío a México de armas estadounidenses de alto calibre.

Ayer el secretario de Justicia, Eric Holder, compareció nuevamente ante el Comité de Supervisión Gubernamental que lleva mucho tiempo tratando de encontrar algún alto funcionario, si es posible en la Casa Blanca, para relacionar en este escándalo. Esa es la prerrogativa política del presidente del panel, el congresista Darrel Issa (R-CA).

Lo inaceptable es que la Cámara Baja al mismo tiempo elimine el poder de la Agencia para el Control de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) que intenta controlar el tráfico de armas. La Cámara aprobó recientemente una cláusula en el presupuesto para el Departamento de Justicia que impide al ATF exigir a los vendedores de armas, de cuatro estados fronterizos con México, que reporten la venta de múltiples rifles semiautomáticos y de alto calibre.

Issa tiene razón para estar preocupado por las armas perdidas en Rápido y Furioso que luego fueron usadas contra estadounidenses. Pero a la Cámara también le debería preocupar que cerca del 70% de las armas usadas por los narcotraficantes para inundar de drogas nuestro país provienen de Estados Unidos, y más que el punto de origen de muchos de ellas son esas 3,000 armerías cuya vigilancia prohibe.

La realidad es que a estos legisladores poco les interesa la muerte de los estadounidenses por armas de alto calibre -a menos que haya sido una ligada a Rápido y Furioso- ni por las drogas que el armamento protege. En este caso es fiel a línea de la Asociación Nacional del Rifle en su respaldo a las armas de fuego sin regulación.

Es una tragedia que no haya en el Congreso la misma voluntad política para detener el ingreso de drogas a Estados Unidos -vigilando el contrabando de armas a México- como la hay para hacer audiencias que tienen el único fin de dañar a la Casa Blanca.