Entre México y la migración

Hoy domingo son las elecciones presidenciales en México y como me parece que los resultados son inciertos no me atrevo a hacer un pronóstico. De todos modos nunca he sido acertado en eso.

A reserva de comentar los resultados, “a toro pasado”, como dirían en la tauromaquia, por ahora solo deseo que el proceso democrático se lleve en paz y ya hablaremos de los resultados y consecuencias.

Los tres principales candidatos, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota, no están muy separados en las encuestas, que en México no han sido acertadas casi nunca. La veracidad de los datos dependen del lugar en que se tomen y de quienes participan; hay una enorme diferencia entre los estratos sociales, económicos y de educación, especialmente entre la clase media mexicana y los millones de pobres, que las opiniones de un solo sector no son concluyentes.

Pero así y todo las cifras de las encuestas son muy parecidas o arregladas para que lo sean.

Hasta aquí México…

Caeré, para variar, en nuestro desorganizado debate de migración en que participamos todos, más con el corazón y el hígado que con razonamientos.

Sé que es difícil dejar las emociones a un lado y ver fríamente un problema del país y de millones de seres humanos, pero tenemos que hacerlo, tanto para entenderlo mejor, como para ayudar a encontrar soluciones viables.

La migración se ha vuelto una “papa caliente” en la actual campaña presidencial. Y todo porque en el Congreso duerme un proyecto de ley migratoria a la que diputados y senadores, por razón o sin ella, le han hecho el asco.

Tiene años ahí…

Quien piense que esa iniciativa es para favorecer a los indocumentados está equivocado; es para reglamentar una situación que se está volviendo insostenible y de paso para establecer reglas de permanencia para los inmigrantes y penas especiales para los que crucen la frontera ilegalmente.

Creo que pudiera ser un paso, solo eso, en la dirección correcta en un largo camino por recorrer.

Los inmigrantes indocumentados no son solo un problema de las personas, sino uno, muy serio para el país.

Y sabemos que por necesidad o necedad de los políticos migración se politiza, como lo fue con Pete Wilson aquí en California, allá por 1992 con su “iniciativa” 187, renovada en 1994 con el combativo lema “Salvemos nuestro estado” es repetido ahora en Arizona, con decires parecidos.

Sin entrar en un análisis pragmático de la ley 1070 de Arizona, yo la rechazo por racista y más aun la un tanto altanera actitud del sheriff de Maricopa, Joe Arpaio, quien afirma que pese a lo que pudiera decir la Suprema Corte y “Homeland Security” el seguirá haciendo lo mismo (¿?) y la rubia gobernadora Jan Brewer que primero cantó victoria en la televisión y luego en una entrevista en “Fox” se quejó que Obama quería destruir Arizona, al cancelar los acuerdos celebrados entre el gobierno federal y el del estado de Arizona para permitir que la policía local auxiliara a los agentes de migración. Al quedar cancelados esos acuerdos, los policías locales carecen de facultades para hacer lo que Arpaio dice continuará haciendo.

Los racistas son seres difíciles de entender por aquellos a quienes el racismo nos parece desdeñable.

El problema grave de los indocumentados que ya están aquí es que en tanto sigan entrando más no se va a poder regularizar la situación de los que ya están aquí.

Es por ello que el primer paso es buscar la forma para que ya no vengan más o vengan contratados, con programas específicos y tiempo definido.

Y no nos hagamos tontos, no hay país en el mundo que pueda soportar por años un flujo imparable de inmigrantes que lleguen sin control y se queden en forma ilegal.

Por supuesto que hay ilegales de todas las nacionalidades, pero por razón de proximidad, son más los de México y Centroamérica -que cruzan la larga frontera con México- ayudados por la corrupción de esos que viven del contrabando de personas combinado, de seguro con la de quienes están coludidos con ellos.

Las leyes de Arizona, Alabama, y otros estados no resuelven el problema; pretenden estar dirigidas solo contra los indocumentados pero complican la vida de muchos que están aquí legalmente, especialmente los que, por tener el mismo origen, son parecidos y, de seguro, si no cancelan la aplicación de la ley SB1070 en Arizona, podrían ser detenidos por “la sola sospecha de que pudieran ser indocumentados”.

Y dado a que estamos en campaña electoral presidencial el problema migratorio se ha politizado.

Los republicanos culpan a Obama, los demócratas a los republicanos y ninguno trae una propuesta adecuada para solucionar el serio problema migratorio del país de tener millones de inmigrantes desconocidos en un mundo de disposiciones legales obsoletas.

La verdad es que ninguno de los dos grandes partidos quiere meterse con el problema migratorio, campo en que nadie sale ganando, porque no lo pueden solucionar con discursos y no es el momento para gastar capital político en un problema que solo puede traerles complicaciones.

Pero el país y ambos candidatos tienen un serio problema al que, tarde o temprano, tendrán que enfrentarse y proponer soluciones viables, que yo no veo cuales pudieran ser.