Medicina al día: Detectar el autismo

Un electroencefalograma (EEG), una prueba que muestra la actividad eléctrica del cerebro, podría usarse para detectar el autismo en los niños, según un estudio reciente realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard en el que los investigadores observaron la sincronización de la actividad cerebral.

En el estudio, los investigadores usaron sensores para registrar la actividad eléctrica del cerebro en varias regiones distintas del cuero cabelludo. Luego observaron hasta qué grado la actividad cerebral estaba sincronizada entre una región y otra (un fenómeno conocido como coherencia del EEG).

La sincronización entre distintas regiones del cerebro indica que esas regiones funcionan de forma coordinada y no de forma independiente.

Al comparar medidas del EEG de casi mil niños con y sin autismo, encontraron que los dos grupos tenían grandes diferencias en cuanto a la conectividad cerebral.

Los niños con autismo tenían una conectividad a pequeñas distancias reducida, lo que indica un funcionamiento deficiente de las redes locales del cerebro (particularmente en las regiones del hemisferio izquierdo encargadas del lenguaje).

Los niños autistas también tenían más conectividad entre regiones del cerebro a mayor distancia, lo que podría ser un mecanismo para compensar la reducción en la conectividad a pequeñas distancias.

El uso de los EEG podría ayudar en un futuro próximo a diagnosticar el autismo en los niños y también a mejorar también la detección temprana en los bebés, mejorando también la efectividad y el éxito del tratamiento de esta enfermedad cuya tasa se ha duplicado en los Estados Unidos.

Las mujeres de la tercera edad que no obtienen suficiente vitamina D podrían pesar más que las que si la obtienen de acuerdo a un estudio publicado en línea en el Journal of Women’s Health.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores de Kaiser-Permanente evaluaron a 4,600 mujeres de 65 años o mayores por cuatro años y medio.

Encontraron que las que tenían niveles de vitamina D bajos en la sangre subieron alrededor de dos libras más que las que tenían niveles normales de esta vitamina.