Arqueología maya llega a Washington

El objetivo es difundir la grandeza y el esplendor de esta civilización.

La muestra se encuentra integrada por 58 piezas arqueológicas.
La muestra se encuentra integrada por 58 piezas arqueológicas.
Foto: Notimex

México (Notimex).- Integrada por 58 piezas arqueológicas la muestra “Hina/Jina, el portal al inframundo”, que ofrece un panorama de la riqueza cultural de esta isla, ubicada en la costa norte de Campeche, en un asentamiento maya, se presenta en el Instituto Cultural de México en Washington, Estados Unidos .

La exposición además de explicar la función de esta zona arqueológica y el significado de las figurillas que formaban parte de las ofrendas funerarias, también refiere al entorno del sitio, en particular de los manglares, árboles que los antiguos mayas vinculaban con el inframundo, aseguró Marco Antonio Carvajal Correa.

De acuerdo con el coordinador de la curaduría de la muestra, ésta es presentada a petición de la Embajada de México en Estados Unidos y con el objetivo de difundir la grandeza y el esplendor de la civilización maya, informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El director de Museos del INAH en Campeche explicó que la exposición se divide en siete módulos y está compuesta por piezas en su mayoría nunca antes expuestas al público.

El recorrido comienza con “El enigma de Hina/Jaina”, que detalla su ubicación geográfica y las características de dicho asentamiento prehispánico, conformado hace mil 400 años.

Respecto al segundo apartado, titulado “Costumbres funerarias mayas”, comentó, aborda el sentido de los numerosos enterramientos humanos que se sucedieron al paso de los siglos, así como sus respectivas ofrendas, en las que destacan las figuras de arcilla con representaciones antropomorfas y zoomorfas.

“Mitos y cosmogonía de la creación a través del maíz” es el tercer núcleo temático en el que se explica la forma en que los campesinos mayas almacenaban el maíz.

“Las mazorcas eran depositadas en una especie de cama conformada por capas de mazorcas y de cal viva colocadas sucesivamente; este sistema les permitía conservar el grano hasta por tres años”, anotó.

La siguiente sección “Características constructivas de la isla Hina”, profundiza sobre cómo fue realizada esta obra de ingeniería y cuál era su función.

Los habitantes de Jaina, dijo, acarrearon gran cantidad de toneladas de sascab mediante canoas y cayucos que recorrieron canales abiertos entre los manglares para construir la isla y tener un lugar de enterramiento sagrado. Allí se han encontrado hasta cinco niveles de entierros en menos de dos metros de profundidad.

El quinto núcleo de la muestra, que podrá visitarse hasta el el 15 de septiembre, es “Costumbres funerarias en Hina”, que alude a los enterramientos y su relación con el inframundo, donde el manglar adquiere un significado metafórico.

Sobre la cosmovisión maya, comentó, todo lo que se sumerge tiene relación con el inframundo, por lo que el manglar, durante las temporadas en las que permanece bajo el agua, es parte de ese ámbito, aunque también se le confiere un sentido de renacimiento, pues todo lo que está enterrado volverá a florecer.

Artefactos recuperados en la isla y Nuevas hipótesis sobre la función de Jaina son las dos últimas secciones en que se divide la muestra y en las que se explica el origen del nombre de la isla.

“Al parecer fue producto de un error ortográfico, porque su nombre antiguo es Hina, palabra que hace referencia al lugar que los campesinos mayas construían en sus patios para almacenar el maíz”, aclaró.

El antropólogo comentó que “se ha escrito mucho sobre este asentamiento prehispánico, pero una gran parte es producto de estudios hechos décadas atrás”.

Actualmente, dijo, a partir de los nuevos estudios se empieza a dudar de las aseveraciones que se hacían, como el considerarla una ciudad de pescadores, cuando no hay vestigios de viviendas. Ahora lo que se plantea es que era un centro ceremonial.

De acuerdo con la fuente en la parte curatorial también colaboraron los investigadores Armando Anaya y Lorena William Beck, de la Universidad de Campeche, así como Stanislaw Iwaniszewski, profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Las piezas pertenecen a la Bodega de Bienes Culturales del Centro INAH-Campeche y a los museos de Arqueología Maya de Hecelchakán y Fuerte de San Miguel, de esa entidad.