Cárteles siembran marihuana en bosques de California

Utilizan las reservas forestales para plantar la hierba y luego distribuirla.
Cárteles siembran marihuana en bosques de California
Un agente del MET da la señal a un helicóptero de la unidad para que levante vuelo con varias de las plantas incautadas en el parque estatal Topanga.
Foto: Aurelia Ventura / La Opinión

Primera de una serie de dos partes

“Cabageros Templarios (sic)”, se lee en uno de tantos árboles del parque estatal Topanga, declarándose propietarios de las más de 2,000 plantas de marihuana que por tres meses crecieron ahí.

El grabado, que hace referencia al cártel mexicano Caballeros Templarios, que surgió en 2011 tras la desarticulación de La Familia Michoacana, se localizó en un campamento clandestino que las autoridades detectaron hace unos días a sólo un cuarto de milla del bulevar Topanga Canyon, una vialidad que conecta a la adinerada ciudad de Malibú con el Valle de San Fernando.

Tan grande es la osadía de los narcotraficantes mexicanos que ahora están sembrando la droga más consumida en Estados Unidos en las narices de las corporaciones policiacas y a unos pasos de las zonas residenciales.

“Lo hacen a la par de las propiedades, a veces en áreas donde vive gente de dinero y ellos ni se enteran de lo que pasa”, comenta un agente forestal que patrulla la región de Topanga y quien pide no publicar su nombre.

“Es más fácil cultivarla y venderla aquí (que traer la hierba desde México)”, dice.

Éste es el primer año que se descubren sembradíos de marihuana en las montañas del parque estatal Topanga, de 14,000 acres de extensión, pero se piensa que los cárteles han sacado provecho de su clima templado (por la cercanía del mar), su tierra fértil y sus múltiples riachuelos desde mucho antes.

El último de tres plantíos se detectó esta semana a unas cinco millas de la Villa Getty de Malibu. El pasado jueves La Opinión acompañó al Equipo de Erradicación de Marihuana (MET) del Sheriff de Los Ángeles y a guardabosques estatales y federales, en el operativo para desmantelarlo.

Armados con rifles automáticos y vistiendo uniformes de camuflaje, quince agentes se enfilaron por un improvisado camino cuesta arriba, donde una unidad especial ubicó el plantío. Se trató de uno de los sembradíos descubiertos a menor distancia de una vialidad, pero se tomaron todas las precauciones.

Llevó más de dos horas recorrer un cuarto de milla de esa montaña, no sólo por el avance sigiloso y las tácticas militares empleadas en la operación, sino por las difíciles condiciones del terreno.

Hubo que escalar por raíces y rocas, arrastrarse bajo ramas de árboles y caminar por frágiles sendas, todo tratando de confundirse entre los ruidos de la naturaleza y sus paisajes.

En el nivel más bajo del sembradío, los narcotraficantes colocaron cuerdas de pescar conectadas a botes de aluminio para ser alertados de la presencia de intrusos; también apilaron piedras en dos puntos para usarlas como fortaleza en caso de un tiroteo. Tenían dos escopetas de perdigones.

“Es la razón por la cual son peligrosos”, indicó el sargento Robert Mc Mahon, líder de la unidad MET. “Esto no ha pasado aquí en muchos años [tiroteos], pero en otras partes del estado han participado en balaceras que han terminado con la muerte de sembradores, por eso estamos muy preocupados”, agregó.

Más arriba del cerro, los agentes descubrieron un campamento donde aparentemente vivieron tres personas. Ahí dejaron una caja de balas calibre 9 milímetros, bolsas de dormir, alimentos, ropa, un radio, una estufa portátil, baterías de auto, unas esposas, una botella de licor, entre otros artículos.

“Este es un sembradío de los cárteles”, precisó un agente del equipo MET del Sheriff de Los Ángeles. “La mayoría de esta hierba se consume localmente y una menor cantidad va a otros estados”, añadió.

El presencia de los plantíos clandestinos en Los Ángeles es un fenómeno relativamente nuevo, que no ha permitido a las fuerzas del orden aprender siquiera qué carteles son los responsables. Ningún agente en el operativo de erradicación supo de los Caballeros Templarios, que abastece de droga a células en 27 ciudades de este país, según el Centro Nacional de Inteligencia Antinarcóticos.

En los condados de San Bernardino, Tulare y Ventura, donde también se detectan plantaciones, sucede lo mismo. Lo que sí distinguen es la violencia con la que defienden su negocio multimillonario.

“Usamos operaciones tácticas para acercarnos a estas personas que están vigilando los plantíos. En años recientes les hemos encontrado rifles de asalto”, mencionó Don Aguilar, de la Unidad Antinarcóticos del Sheriff del condado de Ventura. “Pueden disparar y ser agresivos desde cientos de yardas”, dijo.

En esa jurisdicción, los delincuentes realizan sus operaciones en el Bosque Nacional Los Padres, de 1.9 millones de acres. Allí, como sucede en otras reservas [el Bosque Nacional Ángeles, al norte del área metropolitana de Los Ángeles, tiene una extensión de 655,000 acres], tratar de localizar plantas de marihuana equivale a buscar una aguja en un pajar.

Un día antes de la operación en Topanga, se detectaron casi 20,000 plantas maduras de marihuana en el Bosque Nacional San Bernardino. Bajo una carpa había balas para armas de bajo y grueso calibre.

Jodi Miller, vocera del Sheriff de San Bernardino, informó que a esa región han llegado otras mafias, además de las mexicanas. “Hemos liderado operaciones donde los arrestados eran de Camboya [África] y persona de origen asiático; no todos son hispanos”, aclaró.

Por el momento, sólo se ha incautado cannabis en los bosques de California, donde se siembra el 60% de los plantíos descubiertos por el Servicio Nacional Forestal. Desde 2007, el Sheriff de Los Ángeles ha confiscado 1.4 millones de plantas de marihuana.

Esto ocurre mientras sube el consumo de la hierba en los estadounidenses de 12 a 25 años.

“Si la legalización de la marihuana es aprobada en cualquiera de los tres estados donde ahora está en la boleta electora (Oregon, Colorado y Washington) el resultado sería un golpe a los precios en el mercado negro, lo que limita la posibilidad de que cárteles mexicanos se beneficien económicamente”, dijo Mark Kleiman, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).