China arrasa, pero…

Los asiáticos se apoderan del medallero, pero generan suspicacias
China arrasa, pero…
Los gimnastas chinos observan a su compañero en su actuación en el potro durante la final de ayer de la prueba en la que conquistaron el oro.
Foto: AP

LONDRES (AP/EFE).- Otra vez imperial en la gimnasia y clavados, el poderío de China en estos Juegos Olímpicos se acentuó ayer al ampliar su ventaja al frente del cuadro de medallas.

Al mismo tiempo, el eco de la suspicacia sobre los resultados del gigante asiático fue difícil de obviar.

China vino a Londres 2012 con la consigna de demostrar que su cosecha de 51 medallas de oro hace cuatro años, cuando quedó primera como anfitriona en Beijing, no fue obra de la casualidad o la localía.

Cumplidas tres jornadas, los asiáticos ya acumulan nueve preseas doradas, por delante de las cinco de Estados Unidos, la potencia que ahora persigue su estela.

Se habló mucho del duelo entre Ryan Lochte y Michael Phelps, pero es un francés el que se ha transformado en la figura de la natación: Yannick Agnel.

Veinticuatro horas después de un fabuloso remate en el último tramo del relevo 4×100, Agnel arrasó en los 200 libres, imponiéndose por unas siderales 79 centésimas al chino Sun Yang y al sudcoreano Park Taehwan.

“Tenía una idea de la carrera que quería hacer, pero esto supera mis expectativas e ilusiones”, dijo Agnel.

Aún faltan cinco días de competencias en el Centro Acuático, pero Francia ya acumula tres medallas de oro (la otra fue de Camille Muffat en los 400 libre femeninos) y es el equipo que escolta a Estados Unidos dentro de la natación, que ayer vio a Missy Franklin y Matthew Grevers subir a lo más alto del podio (ambos en 100 espalda).

En natación, La sonrisa de una quinceañera lituana, Ruta Meilutyte, campeona de los 100 braza, tuvo ayer la otra cara de la moneda en los Juegos de Londres con el amargo llanto de una esgrimista sudcoreana, Shin Lam, desolada por perder la semifinal de espada.

Meilutyte, que ya había marcado el mejor registro en semifinales, asombró al ganar con autoridad los 100 braza.

La última vez que una nadadora de esta edad ganó un oro fue en 1972 y su precocidad en la piscina se une a la gesta el sábado de la china Shiwen Ye, que con 16 años pulverizó el récord mundial de los 400 estilos.

La sudcoreana Shin Lam, en cambio, se quedó sentada durante una hora llorando desconsoladamente tras ser declarada perdedora en la semifinal de espada contra la alemana Britta Heidemann.

La tiradora asiática pensó que su combate ante la defensora del título había terminado en un empate (5-5) que le daba la victoria porque tenía la iniciativa.

En cambio, los jueces situaron un segundo en el electrónico y la germana logró el punto definitivo.

El Twitter se ha convertido en una herramienta de doble filo para los competidores.

Ayer, el futbolista suizo Michel Morganella se convirtió en el segundo en quedar marginado por enviar un mensaje racista mediante esa red social y se perderá el partido contra México de mañana.

Después de sufrir una derrota ante Corea del Sur, Morganella hizo comentarios en los que “discriminó, insultó y se burló de la dignidad del equipo de Corea del Sur y del pueblo sudcoreano”, declaró el jefe de la delegación suiza, Gian Gilli.

Morganella siguió los pasos de la atleta griega Voula Papachristou, quien hizo mofa de los inmigrantes africanos y fue separada del equipo de su país aún antes de viajar a Londres..

Pero el desempeño de los atletas chinos se ha convertido en el centro de la atención, con un gama de títulos que abarca cinco disciplinas: clavados, tiro, gimnasia, levantamiento de pesas y natación.

Ayer sus gimnastas revalidaron el cetro por equipos y Li Xueying conquistó el oro en los 58 kilos de pesas.

La fase de clasificación por equipos masculina de gimnasia el sábado había sido un espejismo.

Estados Unidos logró la mejor puntuación y China ocupó la sexta plaza, pero ayer, en la competición final, el gigante asiático revalidó el título con clara supremacía.

El equipo formado por Chen Yibing, Zou Kai -que ya estaban en el grupo campeón en Pekín 2008-, Feng Zhe, Zhang Chenglong y Guo Weiyang sumó 275,997 puntos.

Es el tercer título olímpico de la gimnasia masculina china por equipos, después de los de 2000 y 2008.

Aceptada su reclamación, Japón pasó de la cuarta a la segunda plaza (271,952) y la condición de local le inspiró a Gran Bretaña (271,711) para hacerse con el bronce.

La brecha en el medallero a favor de China es ya casi un desfiladero. El gigante asiático se ha colgado 9 oros, para un total de 17. Estados Unidos totaliza también 17 metales, pero sólo cinco preseas doradas.

En el día inaugural de los Juegos, los triunfos de Sun y Ye Shiwen en natación causaron gran impacto.

El de Sun en la prueba de los 400 libre fue el primero de un nadador chino en una Olimpiada, mientras que Shiwen batió el récord mundial de los 400 combinados.

China empieza a sacar crédito de invertir sin reparos en la natación, contratando técnicos extranjeros. Sun y Yen, por ejemplo, han trabajado con Denis Cotterell, un reconocido entrenador australiano.

La precoz Ye, de 16 años, hizo que muchos se restregasen los ojos cuando nadó los últimos 50 metros más rápido que Lochte, el ganador de los 400 estilos masculinos.

Stephanie Rice, la australiana que poseía la previa plusmarca, reaccionó asombrada al comentar: “Fue un tiempo de locos”.

La conferencia de prensa de ayer de Arne Ljungqvist, el jefe de la comisión médica del Comité Olímpico Internacional, se concentró en Shiwen.

“Es muy triste que una actuación inesperada sea considerada como sospechosa”, señaló Ljungqvist.

“La sospecha es el punto medio de una acusación de que hay algo malo. Eso no me gusta. Prefiero los hechos”, agregó.