Más lío para Hollande

Se cumplen 100 días desde que Hollande inició su mandato, recibe más críticas
Más lío para Hollande
El presidente francés Francois Hollande (c), da la bienvenida al primer ministro italiano Mario Monti, quien lo visita en París, Francia.
Foto: EFE

PARÍS, Francia (EFE).- Los problemas, y en primer lugar la crisis, se le hicieron presentes ayer al presidente francés Francois Hollande, que cumple la cifra simbólica de 100 días desde su elección sometido cada vez más a críticas que minan su popularidad.

La fecha del primer balance de la presidencia de Hollande quedó marcada desde primera hora por los disturbios que se desencadenaron durante la noche y parte de la madrugada en uno de los barrios identificados como de los más conflictivos del país, al norte de la ciudad de Amiens.

Un centenar de jóvenes protagonizaron allí una verdadera batalla campal con las fuerzas del orden -16 de cuyos agentes resultaron heridos- e incendiaron tres edificios públicos así como numerosos coches y abundante mobiliario urbano.

El jefe del Estado socialista, que tenía prevista una alocución pública en un homenaje a dos gendarmes asesinadas por un delincuente reincidente en junio durante una intervención, no tuvo más remedio que dedicar una parte de su discurso a los altercados de Amiens para anunciar que “el Estado movilizará todos sus medios para combatir esta violencia”.

“La seguridad es para los poderes públicos no sólo una prioridad, sino una obligación”, señaló antes de confirmar la que había sido una de sus promesas electorales: incrementar las partidas para la Policía y la Gendarmería pese a los ajustes presupuestarios, confrontada ahora a la realidad de barrios donde repetidamente se producen estallidos y fuertes confrontaciones con la delincuencia.

Pero el mayor reto para Hollande -y lo que más ha contribuido a erosionar su popularidad en los tres primeros meses de mandato- es la crisis económica que se hizo presente ayer al publicarse los datos del Producto Interno Bruto (PIB) correspondiente al periodo entre abril y junio, cuando la economía francesa siguió estancada por tercer trimestre consecutivo.

Esos primeros resultados del Instituto Nacional de Estadística (INSEE) para el segundo trimestre, no obstante, son menos negativos de lo que se esperaba después de que el Banco de Francia hubiera augurado la semana pasada que este país podría entrar técnicamente en recesión este verano al encadenar dos trimestres sucesivos con una caída del PIB del 0.1%.

El ministro de Finanzas, Pierre Moscovici, se esforzó en destacar que aunque las estadísticas del INSEE “no son excelentes (…), Francia no está en recesión, mientras lo están la mayor parte de sus socios: España, Italia, Bélgica y Reino Unido”, a la espera de las cifras de Alemania.

Moscovici mantuvo la previsión de que la actividad subirá 0.3 % en el conjunto de 2012 y 1.2 % en 2013. Asimismo señaló que para lograrlo hay que favorecer la actividad por todos los medios y que uno de ellos es “acelerar” el proceso iniciado con la cumbre europea de finales de junio, que pretendió poner coto a la crisis en la zona euro.

Así se presentó una alusión a otra de las grandes promesas electorales de Hollande: reorientar la construcción europea para introducir medidas en favor del crecimiento, junto a los ajustes para controlar el déficit y la deuda.

El titular de Finanzas avanzó que, de acuerdo con la voluntad del presidente y de su primer ministro, Jean-Marc Ayrault, a finales de este mes se tomarán iniciativas que armonicen con las conclusiones del Consejo Europeo.

En el plano interior adoptará medidas para impedir que siga la subida de los precios de los carburantes sin descartar un bloqueo de las tarifas en las gasolineras, lo que también figuraba en el programa electoral.

La gran prueba de fuego para la popularidad de Hollande -con cuya acción ya están descontentos un 51% de los franceses, según una encuesta de Ifop de la semana pasada- llegará desde septiembre con la elaboración de unos presupuestos que tendrán recortes en buena parte de sus partidas y que difícilmente evitarán esfuerzos para algunos de los colectivos que votaron mayoritariamente por él.

Ante de eso la oposición de derechas, empezando por su predecesor Nicolas Sarkozy y por el exprimer ministro Francois Fillon, han cargado contra su política ante el conflicto sirio y han criticado una falta de iniciativa que ambos han contrapuesto con el papel de ariete que París tuvo en 2011 en el derrocamiento del régimen de Muamar el Gadafi, en Libia.