Nueva crisis alimentaria

Se requiere de medidas de control y de eficaces disposiciones para establecer condicionantes en pro de la seguridad alimentaria

Los titulares de la gran prensa internacional y regional de los países lo están anunciando desde hace cerca de un mes, prácticamente desde el inicio de este verano de 2012. La producción de granos básicos en el mundo está dando muestras de entrar en una fase de disminución en el volumen de las cosechas. Se trata de un fenómeno recurrente que ya había dejado sentir su influencia en 2008 y con un poco menos de intensidad, se habían asomado sus amenazas tan sólo hace dos años.

La voz de alarma más contundente ha venido de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) quien ha confirmado que el índice global de precios de alimentos aumentó un 6% tan sólo en julio pasado; se trata de la mayor alza del indicador desde noviembre de 2011.

Se reporta que en los mercados mundiales, los precios del maíz han subido nada menos que un 47% desde mayo pasado, mientras que las alzas en precio de la soya han llegado a 26% en el mismo período.

La verdad es que en un sentido práctico, aplicativo, para al menos paliar o aminorar este impacto, no se hace casi nada desde 2008. En ese año, la elevación significativa de los precios de los alimentos golpearon fuertemente en especial a las naciones más pobres, muchas de ellas en el Sur de Asia, en el África al Sur del Sahara y en Latinoamérica. Los efectos de la reducción de oferta alimenticia de ese año hicieron que un total de 1,200 millones de personas se fueran a dormir cada noche agobiados permanentemente por el peso del hambre.

La FAO viene advirtiendo desde inicios de este siglo, hace casi diez años, que las causas se han ido agravando y que existen factores para los cuales las decisiones de manejo económico y social son claves. Es decir que existen factores que sí dependen de la voluntad humana, más allá de otros fenómenos que escapan a dicho control.

En efecto, inciden en la actual situación de crisis alimentaria los fenómenos de calentamiento anormal o de muchas lluvias, relacionados -respectivamente- con los impactos de “El Niño” y “La Niña”. En Estados Unidos por ejemplo, las grandes planicies centrales están experimentando fuertes sequías, cuyos impactos severos se están sintiendo también en el “Cinturón del Maíz”. Con ello la caída en la producción de granos -maíz y soja- puede rondar el 40 por ciento.

No obstante, otros aspectos directamente asociados a la actividad humana son los nuevos destinos que tienen cosechas y tierras. Muchos recursos que antes se dedicaban a la producción de granos, se orientan a la generación de biocombustibles. Este es un tema que los candidatos a la presidencia de Estados Unidos no van a tocar en sus campañas dado que es un tema muy espinoso y es mantener relativamente estables los precios de diesel y gasolina.

Otro de los factores que sobresale por su importancia, es la mayor demanda de productos cárnicos. Es bien sabido que se requieren entre 30 y 33 kilos de material vegetal para producir un kilo de carne y entre 17 y 23 unidades de agua para dichos productos animales en comparación con productos vegetales. Las dietas vegetarianas favorecen el contar con escenarios sustentables de producción alimenticia en el planeta.

Pero existe un problema adicional: también en el caso de las crisis alimentarias está influyendo el tema de la economía de “casino” del sector financianciero de las bolsas. Los mercados a futuro de granos están teniendo importantes alzas desde junio pasado, tal y como recientemente lo ha reportado The Wall Street Journal. Se trata de un fenómeno totalmente controlable.

De allí un notable contraste: los especuladores con cosechas de granos se hacen de significativas ganancias, mientras los precios de alimentos se elevan en particular para las naciones más pobres. A ello se agrega que cerca de un 31% de la comida que se produce va a terminar en la basura, según datos de países más desarrollados.

Se requiere de medidas de control y de eficaces disposiciones para establecer condicionantes en pro de la seguridad alimentaria. De esa cuenta, como mínimo, los factores de incidencia humana podrían aliviar el peso de una situación trágica para al menos un 25% de la población del mundo.