Guerra a las armas

La iniciativa del presidente es modesta si se compara con lo que es ley en la mayoría de los países civilizados

Después de la masacre en Connecticut las ventas de armas se dispararon por todo EEUU.

Después de la masacre en Connecticut las ventas de armas se dispararon por todo EEUU. Crédito: Archivo / La Opinión

Sociedad

El presidente Barack Obama intensificó su campaña a favor del control de armas de fuego y presiona al Congreso para que apruebe una legislación más restrictiva.

Entre los principales puntos que Obama quiere lograr en esta materia figuran la prohibición de las llamadas armas de asalto (los rifles automáticos y semiautomáticos que utilizan los soldados en el campo de batalla), la limitación a 10 balas de los cargadores a la venta ? que actualmente son de 30 o más?, y, quizá lo más importante, la certificación de identidad y de antecedentes de todos los compradores de armas, sin excepción.

Esta última medida puede ser la más eficaz y es a la que con más contundencia se opone la Asociación Nacional del Rifle (NRA) porque es la que más amenaza su negocio.

Pero no va a ser fácil que el Congreso lo apruebe, ni eso, ni las otras dos prohibiciones mencionadas.

La NRA, agrupación inmensamente poderosa, que se opone férreamente a controles sobre armas, prometió librar “la lucha del siglo” al oponerse a las propuestas del presidente.

La NRA cuenta en la actualidad con más de cuatro millones de miembros. Su influencia en el Capitolio es significativa, debido a la contribución económica a las campañas electorales de muchos de sus socios. Según un estudio citado por el diario The Washington Post, de los 435 miembros de la nueva Cámara de Representantes, 205 (el 47%), recibieron apoyo financiero de la NRA en la pasada legislatura. De los 100 senadores que se sientan actualmente en la Cámara Alta, 42 aceptaron contribuciones de esa organización en el mismo periodo. En total, el 88% de los Republicanos y el 11% de los Demócratas que forman parte del 113 Congreso han obtenido en algún momento de su carrera política donaciones de la NRA.

¿Qué futuro tiene el gran plan de Obama para el control de armas?

El futuro que le espera en el Capitolio es incierto.

El problema es que no solo hay oposición por parte de la NRA, el rechazo a los controles entre legisladores viene tanto de los Republicanos como de los Demócratas.

Obama pretende poner el máximo de presión sobre los legisladores, pero en lugar de apelar directamente a los congresistas, el presidente ha llamado a los ciudadanos a que sean ellos quienes les presionen y cuestionen sus posturas en torno al control de armas.

Se calcula que hay por lo menos 283 millones de armas de fuego en manos civiles. Cada año se fabrican entre cuatro y siete millones de armas para su venta en Estados Unidos, según estadísticas oficiales.

“Desde que el Presidente Barack Obama asumió el cargo han tenido lugar por lo menos 16 masacres colectivas, tras las cuales ha ofrecido lúgubres palabras de pésame e instado a la nación a sanar. Sin embargo, lo que realmente hace falta es establecer un control sobre la tenencia de armas, un control verdadero, como el que fue implementado en Australia rápidamente después de una matanza sin sentido perpetrada por otro hombre armado”, reclama Amy Goodman, directora de Democracy Now!

En referencia a que el 28 de abril de 1996, Martin Bryant, un hombre de 28 años, se armó con un rifle Colt Ar-15 semiautomático y se dirigió a la cercana zona turística de Port Arthur. Para el momento en que lo detuvieron había matado a 35 personas y herido a 23. El suceso generó una reacción profunda en Australia y la masacre dio paso inmediatamente a un debate nacional sobre el control de las armas de fuego.

Rápidamente se adoptaron leyes estrictas mediante las cuales no solo se prohibieron la venta de rifles y escopetas semiautomáticas y de armas de asalto, sino que se prohibieron las importaciones y la tenencia de estas armas, por lo cual la persona que poseyera armas a partir de ese momento incurría en un delito.

Fue una prohibición bastante extensiva, además, no era posible repararlas, ni tampoco revenderlas. El gobierno llevó a cabo una compra masiva de esas armas a un precio que era igual al precio de venta al público más un 10 por ciento, aproximadamente. Con este programa, el gobierno compró y destruyó cerca de 650,000 armas de este tipo.

“Se trató del programa de recompra y destrucción de armas de mayor amplitud que se haya llevado a cabo en cualquier parte del mundo. Y desde entonces no se ha registrado ninguna masacre de este tipo en Australia”, afirmó Goodman

¿Qué puede hacerse aquí en Estados Unidos?

La iniciativa del presidente es ambiciosa respecto a la historia y la tradición estadounidenses, pero muy modesta si se compara con lo que ya es ley y norma en la mayoría de los países civilizados del mundo.

Sólo están considerando algunas de las automáticas, algunas semiautomáticas y algunos tipos de municiones.

Hasta el momento no se han escuchado comentarios sobre las compras de armas de forma ilegal o un cuestionamiento firme a la industria armamentista, que promueve su consumo de manera indiscriminada.

¿Será que no hay forma de ir más allá de la política cuando se trata de armas de fuego?

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