La cultura cura en el barrio de la Misión

El Centro Cultural de la Misión para las Artes Latinas alberga desde los años setenta gestores culturales que mantienen un movimiento artístico en el vecindario hispano de San Francisco

La cultura cura en el barrio de la Misión
Fachada del Centro Cultural de la Misión en vecindario latino de San Francisco.
Foto: Fernando Andrés Torres / El Mensajero

SAN FRANCISCO.— A treinta y seis años de su fundación, el Centro Cultural de la Misión para las Artes Latinas [MCCLA, sus siglas en inglés] continúa siendo un ejemplo vivo de los grandes triunfos que se pueden lograr cuando la comunidad se une para lograr un fin común.

Desde aquel grupo de jóvenes estudiantes que en 1977 le pidieron a la ciudad obtener aquel deteriorado edificio, hoy el centro es uno de los baluartes más robustos e importantes de la cultura latina en el norte de California.

No hay un rincón en el edificio de la calle Mission que no tenga la firma artística, la visión estética y la proyección futurística de una cultura que está siempre en movimiento. Si los latinos tenemos un himno, su lírica estaría plasmada con el legado de este magnífico y trascendental centro de las artes y las esperanzas.

El Centro Cultural es dinámico y “me siento como en casa porque es un trabajo directamente conectado con la comunidad. Es como una familia que le ofrece a la comunidad, a todos los seres humanos, la oportunidad para un balance interior, espiritual”, dijo Leticia Páez, encargada del programa de educación artística y extensión comunitaria.

Hoy en día el trabajo cultural tiene prominencia porque en la sociedad se “pone mucho énfasis a la parte analítica, pero la vida no es sólo eso, también está la parte artística, la parte espiritual. Todo esto está muy asociado a la salud, porque si existe un balance interior, los seres humanos consiguen un bienestar; somos más saludables, más felices”, expresó Páez.

El calendario del Centro revela un amplio número de actividades: clases, reuniones comunitarias, talleres. Las clases más populares son las de los jóvenes; bailes folclóricos, percusión, capoeira, arte gráfico, serigrafía, tango, guitarra y los bailes de carnaval [entre otras]. Las clases de zumba, para las señoras, son por las mañanas.

Para el encargado de eventos y publicidad, Pedro Reyes, trabajar en el Centro Cultural de la Misión también conlleva un calorcito de familia. “Como padre he visto a mi hijo crecer en el Centro. Él mismo decidió ser voluntario unos veranos. La importancia del Centro es que la juventud puede tener la experiencia de ver artísticamente nuestras raíces de origen. Así, ellos mismos hacen que nuestras culturas continúen vivas en el barrio de la Misión, porque el enfoque de los eventos es traer cultura, la cultura cura, y el arte abre la mente”.

Reyes destacó el papel del anterior encargado de eventos, Jason Wallach, por toda su contribución al Centro. “Voy a seguir desarrollando su visión de otorgar un espacio a artistas de la comunidad, para que sean reconocidos”.

También tendrán invitados del extranjero, como el concierto del 19 de abril, con la música latinoamericana del grupo venezolano A Contratiempo. “Esto será combinado con el grupo de cuerdas String Quake, de San Francisco. El enfoque es de música tradicional, que incluye el arpa”, dijo Reyes.

Jorge Argueta, fecundo poeta y autor de numerosos libros infantiles, comentó sobe el MCCLA: “Es un centro maravilloso. Un escenario de eventos trascendentales que han marcado a San Francisco y a nuestra comunidad latina de una manera hermosa y profundamente positiva”.

Argueta dijo que a su llegada de El Salvador en los años ochenta, “fue en el Centro donde conocí a muchos artistas y escritores. Tuve la oportunidad de tener una residencia con un grupo de trabajadores culturales y organizamos lecturas de poesía y música. Desde aquí, desde el corazón de la Misión es donde quiero compartir con mi comunidad”, dijo Argueta.

Por cierto, el 2 de abril, Argueta conducirá el taller “Poemas para Cocinar”, basado en sus poemas-recetas de cocina (Groundbooks, Canada) y dirigido a escritores bilingües que desean escribir libros para niños. “Voy a compartir herramientas y técnicas para escribir. Los participantes tendrán la oportunidad de escribir experiencias que les permita hablar de recuerdos familiares. Esto implica un viaje poético, no sólo por nuestra cocina latina, sino también por nuestra cultura”.