Trabajadores temporales sufren abusos en Canadá

Denuncian abusos en programa de trabajo temporal considerado como modelo migratorio

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Trabajadores temporales sufren abusos en Canadá
Pedro García emigró a Ontario, donde sufrió parálisis temporal sin atención médica.
Foto: La Opinión - Gardenia Mendoza

SANCTORUM, México.— Con sólo poner un pie fuera de su casa, Pedro García, de 35 años, entiende porqué a los habitantes de este poblado de 5,000 habitantes les convino por años ser la masa que engrosó el Programa de Trabajadores Temporales en Canadá (PTAT).

Aunque hoy están en la incertidumbre, inconformes y frustrados por los abusos.

Cimentado en la punta del cerro, Sanctorum es un observatorio del valle de Tlaxcala donde la colonia española dejó decenas de iglesias sobre calles empedradas y casas pintadas de llamativos colores expuestas al sol.

“Cualquier cosa se soporta si sabes que puedes regresar a este lugar”, dice García con un dejo de pena por los miles de camaradas que ve partir y que por ocho meses —el tiempo máximo de contratación anual— perderán el primor de esta campiña para convertirse en víctimas.

Maltratos, racismo, incumplimiento de contrato, hacinamiento, falta de atención médica y de prestaciones sociales son el pan de cada día en algunas de las 10 provincias canadienses que acogen a los trabajadores del campo mexicanos desde 1974, cuando arrancó el acuerdo bilateral regulado por ambos gobiernos.

La organización Justice for Migrant Worker (JMW) documentó en los últimos años estas y otras muestras de alarma y advierte a México y Canadá que el PTAT, considerado “modelo de cooperación migratoria” en América del Norte, está en crisis y arrastra a los 18 mil mexicanos que en promedio participan.

En la última jugada contra los jornaleros temporales, el ministerio canadiense de Recursos Humanos y Desarrollo de Aptitudes de Canadá (HRSDC), anunció la eliminación del seguro de desempleo, los beneficios de paternidad, maternidad y ‘de compasión’.

“Es hora de hacer una revisión profunda”, alerta Adriana López, de JMW. “Las denuncias están a la luz desde hace tiempo”.

En 2006, García emigró temporalmente a Ontario para trabajar en una empresa de árboles navideños. Pocos días después de su llegada, tuvo una parálisis facial por la que no recibió apoyo médico; en cambio, lo obligaron a trabajar aún cuando al comer se resbalaba el alimento por las comisuras de los labios.

“La presión del trabajo era muy fuerte: el mayordomo fumaba marihuana, se enojaba fácilmente, supervisaba y nada le gustaba. Enfurecía, golpeaba los árboles y gritaba en inglés. Otros compañeros decían que nos amenazaba con regresarnos a México”.

García regresó al pueblo y se juró a sí mismo jamás volver a emigrar, a pesar de los sinsabores de buscar alternativas a los cinco dólares diarios que se paga en la región.

En Sanctorum sólo hay dos actividades económicas. La siembra de maíz (al capricho de la lluvia), y la manufactura de cohetes, una riesgosa industria.

Preso de esta realidad, Máximo Hernández ‘aguanta’ desaires y vuelve entusiasta a Quebec para cosechar pepinos y brócolis. Desde 1988 y hasta 2012, los contratos de Hernández fueron por el doble de tiempo. Siempre con la misma compañía dedicada al cultivo de tabaco; sin embargo, de buenas a primeras la empresa no le renovó el contrato.

La falta de transparencia es uno de los grandes problemas de PTAT. Los trabajadores nunca saben las causas por las cuales los patrones dejan de llamarlos, ya que las empresas reportan sus quejas directamente a la Secretaría del Trabajo en México y los funcionarios usan la información a discreción, incluso para vender las plazas a otros jornaleros.

Hernández también pudo ser desplazado por algún afiliado al programa Low Skill Pilot Project (LSPP) que arrancó en 2002 entre Canadá y varios países; entre ellos, Guatemala, competencia directa.

LSPP tiene reglas más convenientes para las firmas canadienses porque son los interesados quienes pagan su transportación al país, así como la renta de vivienda, dos gastos que en el programa PTAT cubre el patrón.