La fuerza latina se hace sentir en sector laboral de Malibu

La mayoría de los trabajadores latinos que laboran en Malibu no viven en esa ciudad, viajan de Oxnard, Los Ángeles o del Valle de San Fernando

Neri castro trabaja en Lily´s Café and Pastries en Malibu, donde sólo el 6 por ciento de los habitantes son latinos.

Neri castro trabaja en Lily´s Café and Pastries en Malibu, donde sólo el 6 por ciento de los habitantes son latinos. Crédito: J. Emilio Flores / La Opinión

MALIBU, California.— A lo largo de estas 27 millas de costa y montañas se esconden las mansiones de muchas celebridades, casonas que reemplazaron las cuevas que habitaron los nativos Chumash, quienes bautizaron este lugar con el nombre de Humaliwo: “el oleaje suena fuerte”.

En esta cordillera que yace sobre el litoral del Océano Pacífico también hay otro oleaje que se escucha con mucha intensidad: es el dinamismo del trabajador latino.

Es la energía que produce el jardinero, el albañil, la doméstica, la cocinera, el lavaplatos, la niñera, el mesero y muchos tantos empleados más que son pilar de la economía de una de las ciudades más ricas de California.

Son trabajadores que en su mayoría no viven en esta ciudad de aproximadamente 13 mil habitantes, sino que llegan a laborar procedentes de Oxnard, Los Ángeles o del Valle de San Fernando.

Pedro De la Cruz es uno de ellos, quien todos los días toma el camión de la ruta 534 de Los Ángeles a Malibu para trabajar como pintor y albañil en las lujosas residencias de la exclusiva zona de Malibu Colony.

“Yo pinto casas a domicilio”, dice este guatemalteco de 49 años de edad. “Me va bien, no me puedo quejar, trabajo cinco o seis días a la semana”.

Los $100 dólares que gana a diario le alcanzan para sostener a su esposa y dos hijos que hace nueve años dejó en Guatemala, a quienes ilusiona con las fotografías que les envía de esas mansiones en las que trabaja.

“Dicen que son de famosos, pero ni cuenta me doy quienes son, porque ni los conozco, yo vengo a trabajar”, comenta mientras espera el camión de regreso a Los Ángeles.

Las tres horas de viaje de ida y vuelta que hace a diario para trabajar no le importan tanto, porque dice que Malibu es un lugar muy relajado. “Aquí no tienes que andar cuidándote de la migra”, agrega.

La Universidad de Pepperdine, que aquí se ubica, tiene un personal académico de 636 docentes, pero la empresa que más empleados tiene en Malibu es HRL Laboratories, el brazo investigador de la compañía aérea de Howard Hughes, que cuenta con una planta de 340 trabajadores.

Sin embargo, a decir de Mark Persson, director de la Cámara de Comercio de Malibu, los principales sectores de la economía de esta ciudad son las ventas al menudeo por las aproximadamente 400 tiendas que hay en la localidad, además del ramo de servicios y los trabajos en casa.

Es ahí donde los latinos acaparan las posiciones, ya que es común que las cocinas de los restaurantes estén llenas de trabajadores hispanos, como lo manifiesta Martín Martínez, empleado de Mermelada Café.

“Tengo diez años trabajando en varios restaurantes de Malibu y te puedo decir que en las cocinas nunca he visto a un güero trabajar, uno que otro chef, pero la mayoría, sino es que todos, somos latinos”, dice este inmigrante oaxaqueño de 35 años de edad.

“Es que nosotros hacemos el trabajo más pesado, lo que otros no quieren hacer, desde limpiar los baños o sacar la basura”, comenta Jesús Hernández, de 26, otro de los que a diario llegan de Los Ángeles para trabajar.

Jesús es empleado en el centro comercial Malibu Lumber Yard, uno de los lugares preferidos por los residentes para ir de compras y a cenar.

“Aquí me ha tocado ver a varios artistas, pero lo que más veo son latinos, que son los trabajadores”, dice Jesús al evidenciar su afición por los automóviles cuando le toma una fotografía al Lamborghini estacionado frente a la exclusiva tienda Maxfield.

“Somos los primeros en el plano laboral”, dice por su parte Juvenal Cruz, quien ha sido jardinero en Malibu desde hace 18 años.

“Yo prefiero trabajar aquí que en Los Ángeles, porque se gana mejor, hasta $25 dólares la hora, pero seguro que se pondría mejor si hubiera una reforma migratoria”, agrega este oaxaqueño que al arreglar los jardines de esas lujosas residencias se pone a soñar: “¿Cuándo va a llegar el día que yo tenga mi propia casa… quién sabe?, pero pues a eso venimos, a trabajar”

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