Disputas cobran 11 vidas más en la sierra oaxaqueña

La única pista que hay sobre la masacre de este fin de semana es que uno de los cuerpos tenía un disparo en el entrecejo

MÉXICO, D.F.- Los cuerpos calcinados de 11 personas, entre ellos, tres mujeres y tres niños, son velados en el municipio indígena de Santiago Juxtlahuaca, Oaxaca (sur), ubicado en una de la zonas más conflictivas del estado que comparten indígenas triquis y mixtecos con altos índices de emigración.

Los encontraron el fin de semana dentro de una camioneta abandonada en un paraje aledaño a la cabecera municipal tras el incendio que consumió su vida en medio de un misterio que cuenta por ahora sólo con una pista: el asesinato múltiple fue premeditado ya que una de las víctimas tenía el tiro de gracia en el entrecejo.

Hace años que las disputas por el control político y religioso tiñen de sangre la región que ocupa el tercer lugar nacional por el número de asesinatos de activistas sociales (alrededor de 10 anuales, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos) sin una intervención eficaz del Estado.

En la región triqui, el municipio de San Juan Copala se declaró autónomo indígena desde 2008, una condición que pretendía mejorar las condiciones políticas; sin embargo, las muertes aún son el pan de cada día, principalmente por las riñas de tres organizaciones.

En 2010 la tensión alcanzó incluso a dos personas que ofrecían ayuda humanitaria. Jery Jakkola, de origen filandés, y la mexicana Beatriz Cariño murieron emboscados. En días pasados un comando secuestró en su oficina al líder del Centro de Orientación y Asesoría a Pueblos Indígenas Luciano Sixto López, de 43 años.

El activista apareció muerto a las pocas horas. Cinco balazos que indignaron por igual a la Oficina en México del alto comisionado de la ONU y a la organización pro derechos humanos Amnistía Internacional que condenaron los hechos sin eco en el gobierno.

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